Jesús, nuestra esperanza

YO ESTOY AQUÍ (3º Adviento A – Mateo 11,2-11 / Isaías 35,1-6.10 / Santiago 5,7-10)

En el evangelio de este tercer domingo de adviento, subraya el aspecto de una gozosa espera, insiste en la buena noticia de la liberación y de la esperanza. Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento? Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. En vez de largas respuestas, Jesús muestra a los enviados los prodigios que estaba obrando cuando ellos llegaron, y les prueba de este modo que Él es el Mesías en quien se han cumplido las profecías. Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.

Luego, le han de decir lo que oyen de Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres. Las obras de Jesús no son actuaciones justicieras, sino acciones cargadas de ternura y de liberación. Lo que revela a Jesús como Mesías son las obras de sanar, rehabilitar, liberar, perdonar, llevado de su gran misericordia. Jesús es siempre “el Buen Samaritano”.

Jesús se acerca a la humanidad para ofrecer el verdadero camino hacia la felicidad. Y predica la Buena Noticia de que Dios nos ama. Jesús es el rostro visible y los gestos cercanos de la ternura del Padre misericordioso.

Si alguien nos pregunta si somos seguidores de Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿Qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús. Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en el sufrimiento de la gente. Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres, al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.

Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita un hogar. El adviento es un momento propicio para entender el estilo de Dios, tal como se manifestó en el Mesías, Jesús de Nazaret. Es un tiempo oportuno para entrar en la lógica del Reino, creyendo en el actuar poderoso y eficaz, pero escondido y humilde, de Dios y de su Mesías. Es el momento para superar el miedo y la incoherencia y preparar, como Juan Bautista, los caminos de aquel “que tiene que venir”.

Ivana Retamozo
Parroquia San Francisco Solano, Alto Comedero-Jujuy


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Recursos para acompañar la reflexión bíblica de esta semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Koinonía) (lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
Curar heridas (José Antonio Pagola)
Te sentirás defraudado si pones la esperanza donde no debías (Fray Marcos)
Yo soy más grande que Juan el Bautista (Martín Weichs svd)
Abiertos los ojos del corazón (Vicente Martínez)
El desconcierto de Juan Bautista (José Luis Sicre)
Uno. El número necesario para cambiar el mundo (Marta García)
Se alegrarán el páramo y la estepa (Xabier Pikaza)
Carrera de vida (Video semanal – Quiero ver)

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