Ser sal de la tierra y luz del mundo

YO ESTOY AQUÍ (5º Domingo A – Mateo 5,13-16 / Isaías 58,7-10 / 1Corintios 2,1-5)

En el evangelio de hoy Jesús nos presenta dos metáforas extraordinarias, estas dos imágenes de la sal y la luz que describen nuestro lugar y nuestra posición en este mundo. Así recibimos una importante instrucción sobre la misión de la comunidad. Ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5,13-16). La sal no existe para sí, sino para dar sabor a la comida. La luz no existe para sí, sino para iluminar el camino. La comunidad no existe para sí, sino para servir al pueblo.

En nuestra sociedad consumista, la sal es un ingrediente que carece prácticamente de valor porque nos hemos acostumbrado a tenerla. Y, además, es muy fácil conseguirla y cuesta poco. Pero si, por enfermedad o por algún otro motivo, nos vemos privados temporalmente de ella, nos damos cuenta de cuán necesaria es en la vida. En el tiempo de Jesús, la sal era usada también para conservar los alimentos, sobre todo, las carnes y el pescado y era un elemento indispensable para que no se descompusieran.

Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión y la razón de ser de una comunidad cristiana: ser sal. Jesús utiliza esta imagen para aclarar a los discípulos y discípulas la misión que deben realizar, cuando el Señor nos dice que los cristianos debemos ser sal de la tierra, nos está diciendo que tenemos que dar sabor y sazón al alimento; pero también que debemos servir como conservantes para que el mundo no se pudra en su pecado y en sus vicios. Necesitamos ser sal en nuestras casas, trabajos, comunidades y en nuestra sociedad. Sal que haga duradera la familia, la dignidad, la justicia, la paz.

La otra imagen que Jesús utiliza es ser luz del mundo. La luz es la fe, el amor y la vida de cara a la verdad. La comparación es obvia. Nadie enciende una lámpara para colocarla bajo una mesa. Una ciudad situada en una cima de un monte no consigue quedar escondida. La comunidad debe ser luz, debe iluminar. Pero no basta con que Jesús sea la luz del mundo. Él quiere que también nosotros, cada cristiano, sea también luz del mundo .Necesitamos ser luz que devuelva la alegría a los tristes, la salud a los enfermos, la compañía al que está sólo. Luz para erradicar la pobreza, la violencia y la maldad. Luz que abra caminos de autenticidad. Cada discípulo es luz en la medida en que sus acciones se convierten en signos de Dios para el mundo.

No pasemos por alto el propósito principal de nuestra vida. Estas son algunas de las preguntas más penetrantes que debemos contestar: ¿Cuál es mi lugar en este mundo? ¿Cuál es la razón de mi existencia? ¿Por qué estoy haciendo lo que hago hoy? La respuesta es, que primeramente debes ser la sal y la luz de este mundo.

Que nuestra sal se manifieste a través de gestos de servicio, cercanía y respeto, que ayuden a las personas a caminar sin miedo. Y que nuestra luz haga encender de nuevo el deseo de vivir a quien se esté cayendo.

Verónica Aban
Parroquia San Francisco Solano, Alto Comedero-Jujuy


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Recursos para acompañar la reflexión bíblica de la semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Koinonía) (lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
Salir a las periferias (José Antonio Pagola)
Déjate iluminar; preocúpate de ser una persona salada (Fray Marcos)
Un poco de sal buena es suficiente (Martín Weichs svd)
Luz en el candelero (Vicente Martínez)
La sal y la luz (José Luis Sicre)
¿Sal y luz? ¿Qué somos? (Marifé Ramos)
Tienes la llave (Video semanal – Quiero ver)
Luz y sal (Video musical – Salomé Arricibita)

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