Encontrar al extraño y al pobre buscando la “otra cara” de Dios

Por Antonio Pernia svd *

A partir de una lectura de la exhortación apostólica del Papa Francisco “Evangelii Gaudium” (EG), se puede decir que dos de los desafíos importantes para la Iglesia misionera hoy en día son, en primer lugar, la creciente multiculturalidad del mundo, en particular de nuestras ciudades, y en segundo lugar, la persistencia de la pobreza de millones de nuestros hermanos y hermanas. La EG dedica los números 71-75 a la primera situación y los números 186-216 a la segunda.

Multiculturalidad y pobreza

En cuanto a la primera, la EG dice que la creciente multiculturalidad de nuestras ciudades es “un lugar privilegiado para la nueva evangelización. Esto nos desafía a imaginar espacios innovadores y posibilidades de oración y comunión que sean más atractivos y significativos para los habitantes de la ciudad (EG 73). Lo que se requiere es una evangelización capaz de arrojar luz sobre estas nuevas formas de relacionarse con Dios, con los demás y con el mundo que nos rodea…” (EG 74). En cuanto a la segunda, la EG dice que “Nuestra fe en Cristo, que se hizo pobre y siempre estuvo cerca de los pobres y los marginados, es la base de nuestra preocupación por el desarrollo integral de los miembros más olvidados de la sociedad (186). Cada cristiano en particular y toda la comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y la promoción de los pobres, y para que éstos puedan ser plenamente parte de la sociedad” (EG 187).

Por lo tanto, puede decirse que la creciente multiculturalidad de nuestro mundo es el contexto de un nuevo lenguaje para la evangelización, mientras que la persistencia de la pobreza entre los “miembros” más desatentidos de nuestra sociedad es la fuente de una nueva perspectiva de evangelización. El desarrollo de un nuevo lenguaje en el contexto de la multiculturalidad y la adopción de una nueva perspectiva desde el punto de vista de los pobres – Este es, creo yo, el doble desafío a la Iglesia misionera hoy.

La otra cara de Dios

Sin embargo, el significado más profundo de estos dos desafíos es que constituyen una invitación a buscar la “otra cara” de Dios. Porque esta “otra cara” de Dios se revela cuando nos encontramos cara a cara con un extraño (multiculturalidad) y con los pobres (pobreza).

Como sabemos, es una antigua creencia bíblica (que el pueblo hebreo recordaba constantemente) que Dios no es como nosotros. Dios es siempre más que nuestro Dios, más de lo que hacemos de él. Una y otra vez los profetas le recordaban a la gente que Dios no era un ídolo, obra de nuestras manos y nuestra imaginación. Dios es siempre extraño y menos familiar de lo que pensamos. Dios es el totalmente Otro. En otras palabras, Dios siempre tiene “otra cara”. Y esta “otra cara” de Dios se nos revela cuando nos ponemos frente a los que son diferentes de nosotros, los que son distintos de nosotros: Los que son socioeconómicamente diferentes de nosotros, es decir, los POBRES y la gente SIN PODER, y los que son culturalemente diferentes de nosotros, es decir, el EXTRAÑO y el EXTRANJERO. Cuando nos ponemos “cara a cara” con el pobre y el extranjero tenemos una visión de la otra cara de Dios.

Y esta otra cara de Dios nos invita a la novedad. Como San Agustín escribió una vez: “Dios está más cerca de mí que yo de mí mismo, pero lo suficientemente diferente como para hacerme más que yo mismo”. Y esto, precisamente, es el desafío de la Iglesia Hoy: Buscar la “otra cara” de Dios y por lo tanto ser más que ella misma. El desafío es promover una actitud de reflexión sobre el misterio que nos lleva desde la cara familiar de Dios a la otra cara de Dios, que nos llama a ser más que nosotros mismos, el misterio que nos mueve desde nuestra experiencia tradicional de Dios a un encuentro con Dios que es lo suficientemente diferente como para llamarnos a una forma diferente de ser.

Esta capacidad de ver la otra cara de Dios es una necesidad particular en el mundo de hoy, donde la tendencia general es la de envolver lo que es diferente en lo que es familiar. La tentación es crear una imagen de Dios amistoso y familiar, un Dios que es como nosotros. Esto lo convierte en un Dios doméstico y manejable, alguien a quien se puede recurrir para todo tipo de consuelo personal y político. Ese tipo de Dios es completamente predecible y totalmente carente de sorpresas, un Dios al que se puede recurrir para protegernos de aquellos que no son como nosotros, para protegernos de los extraños y aislarnos de los pobres.

De hecho, vivimos en un mundo donde tenemos miedo a los extraños y es indiferente con los pobres. Los extraños y los pobres son una amenaza para nosotros. Los extraños son un peligro para nuestra seguridad y los pobres una vergüenza para nuestro estilo de vida cómodo. Así que les decimos a nuestros hijos “no hables con extraños” y les advertimos que “no se acerquen a los pobres”. Pero, si no permitimos al extranjero y al pobre acercarse a nosotros, nunca veremos la otra cara de Dios. Si no nos encontramos cara a cara con ellos, nunca experimentaremos el “giro” tan necesario para que podamos escuchar la llamada de Dios a una forma diferente de ser y su llamada a ser más que nosotros mismos.

El lenguaje del extraño

Nuestro encuentro con un extraño, con el que es culturalmente diferente de nosotros, nos revela la “otra cara” de Dios, el misterioso rostro desconocido de Dios. Lo que el mundo necesita hoy no es ver el rostro conocido y habitual de Dios, la imagen de Dios que a menudo creamos según nuestra propia imagen, sino la cara desconocida y misteriosa de Dios, la imagen de Dios que está más allá de nuestras ideas y de nuestra imaginación. No es el rostro de Dios complaciente y cómodo, sino el rostro de Dios que nos desafía y nos perturba.

Y así, lo que necesitamos hoy no es una evangelización que pueda explicar el misterio de Dios con un lenguaje discursivo y filosófico, sino que pueda llevar a la gente al misterio mismo de Dios a través de un lenguaje de signos y símbolos. En otras palabras, no es sólo necesario comprender el misterio de Dios, sino encontrarse con el Dios del misterio. Lo que se necesita en la evangelización hoy es un enfoque y un lenguaje “mistagógicos” (EG 166). De este modo, el Papa Francisco habla de la via pulchritudinis o la “vía de la belleza” (EG 167). La catequesis debería mostrar que creer en Jesús y seguirlo no es sólo algo correcto y verdadero (via rationis), sino algo hermoso y alegre, “capaz de llenar la vida con nuevo esplendor y alegría profunda” (via pulchritudinis).

La perspectiva de los pobres

Nuestra solidaridad con los pobres, con el que es socioeconómicamente diferente de nosotros, nos revela la “otra cara” de Dios, no la cara familiar de Dios vista “desde el lado” de la historia, es decir, desde el punto de vista de los vencedores y los poderosos, sino la cara desconocida de Dios como se ve desde el “reverso” de la historia, es decir, desde el punto de vista de las víctimas y los marginados.

La opción por los pobres no es sólo una estrategia política, sino un reconocimiento de la propia opción preferencial de Dios. En otras palabras, es la propia perspectiva de Dios, la forma de ver la realidad de Dios. Como tal, constituye una clave hermenéutica, es decir, una clave para la interpretación de la realidad. En su entrevista con la revista jesuita italiana, La Civiltà Cattolica, el Papa Francisco dijo: “Estoy convencido de una cosa: los grandes cambios en la historia se hicieron realidad cuando la realidad no fue vista desde el centro, sino desde la periferia. Es una cuestión hermenéutica: La realidad se entiende sólo si se mira desde la periferia, y no cuando nuestro punto de vista es equidistante de todo”.

Lo que se requiere en la actualidad en la nueva evangelización es la adopción de la hermenéutica de la periferia, la perspectiva de los márgenes, la óptica de los pobres, la vista desde la parte inferior de la historia. Porque sólo entonces podemos comunicar efectivamente lo que el Papa Francisco llama el núcleo del kerigma que proclamamos: La “infinita misericordia del Padre” (EG 164).

Una espiritualidad del encuentro

En la EG 78, el Papa Francisco lamenta el hecho de que en muchos religiosos la vida espiritual ha llegado a estar “identificada con unos ejercicios en los credos religiosos que pueden ofrecer una cierta comodidad, pero que no estimulan el encuentro con los demás, el compromiso con el mundo o una pasión por la evangelización”. El Papa, por lo tanto, fomenta una Espiritualidad del Encuentro, un encuentro especialmente con aquellos que son diferentes de nosotros: el pobre, el forastero, el extranjero, el refugiado, el migrante, las personas desplazadas, la madre soltera, el padre solo, los afectados por el VIH-SIDA, los buscadores de asilo, los no cristianos, los no creyentes. De hecho, si nos rodeamos sólo con personas como nosotros (gente religiosa de clase media, hombres de negocios ricos, cómodos profesionales) nunca veremos la “otra cara” de Dios y nunca escucharemos la llamada a ser más que nosotros mismos. Y sólo cuando llegamos a ser más que nosotros mismos, llegamos a la plenitud.

Como dice el Papa Francisco en EG 8: “Gracias exclusivamente a este encuentro, o encuentro renovado, con el amor de Dios, florece una amistad enriquecedora, nos liberamos de nuestra estrechez y nuestro ensimismamiento. Llegamos a ser plenamente humanos cuando llegamos a ser más que humanos, cuando dejamos que Dios nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar la mayor verdad de nuestro ser”.

* P. Antonio M. Pernia svd, Instituto Verbo Divino de Estudios Misioneros

(Fuente: Arnoldus Nota, enero-febrero 2017)

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