Si me aman, cumplirán mis mandamientos

YO ESTOY AQUÍ (6º Pascua A – Juan 14,15-21 / Hechos 8,5-8.14-17 / 1Pedro 3,15-18)

En este texto del evangelio de Juan, vemos como Jesús continúa su despedida con sus apóstoles, ellos que convivieron con él durante varios meses. Deben dar ahora un paso para descubrir otra manera de convivir con Jesús resucitado y presente, pero invisible, dice Jesús en el versículo 15: “sí ustedes me aman guardarán mis mandamientos” y en el versículo 21: “el que conoce mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama”.

Para poder cumplir o poner en práctica sus mandamientos, necesitamos “un amor cristiano”, son muchas las maneras que conocemos de amar, pero para poder cumplir o poner en práctica los mandamientos que Jesús nos dejó, necesitamos otro tipo de amor, es decir, el amor “auténtico”. Y ese amor verdadero y real, es el que va a ayudarnos a cumplir o poner en práctica esos mandamientos. Es el amor que viene sólo de Dios, dice Jesús: “y yo rogaré al padre y les dará otro consolador, para que esté siempre con ustedes, es el Espíritu de la verdad que no puede recibir el mundo, porque ni lo ve ni lo conoce, ustedes en cambio lo conocen porque vive en ustedes”.

Mientras vamos profundizando el misterio del amor divino que se manifiesta en Jesús a sus discípulos, nuestro amor se va identificando con el mismo amor eterno de Dios, que al fin al cabo, deberá actuar sólo a través de nosotros a este mundo que Jesús hoy nos desafía a darlo a conocer. En el versículo 18, Jesús ve la desolación que sentían sus discípulos al saber que él morirá pronto y al ver esta angustia en ellos, Jesús les promete que les enviará su Espíritu, para que se quede con ellos, los guíe, y les enseñe.

Vivimos en un mundo donde muchas veces sentimos la misma desolación que sintieron los discípulos de Jesús, nos pasa a menudo en el trabajo, en la escuela, en nuestro propio barrio y hasta en nuestra comunidad, pero la presencia del Espíritu Santo fue un consuelo tan grande para los discípulos, que por eso se lo llama consolador. Este Espíritu, al ser Dios mismo, nos conoce bien y sabe todo lo que necesitamos, por eso, cuando sientas esa desolación que sintieron los discípulos de Jesús, deja que el Espíritu Santo de Dios sea el que dirija tu oración y tu vida.

Por último, nos dice Jesús: “cuando llegue aquel día, reconocerán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los pone en práctica, ese me ama de verdad y el que me ama será amado por mi Padre, también yo lo amaré y me manifestare a él”. Se hizo hombre precisamente para que en él lleguemos al padre. Jesús sigue su camino, tan desconcertante para sus discípulos como para nosotros, pero él lo hace para que al meditar sus actos, vayamos progresando hacia la verdad, aunque al comienzo no entendamos bien sus propósitos, con el tiempo descubrimos al Señor y comprendemos que su camino es nuestro. Sólo pasando por la cruz y la muerte, conquistaremos nuestra propia verdad y llegaremos a la vida; “yo estoy en el Padre, el Padre en mí y ustedes en mí”. Ábrete a la presencia del Espíritu y déjate iluminar y guiar por él. No pierdas nunca la paz interior, porque el Espíritu de Dios, Espíritu de Jesús, te acompaña siempre.

Mariana Elizabeth Saracho
Parroquia Nuestra Señora de Itatí


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Recursos para acompañar la reflexión bíblica de la semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Koinonía) (lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
Otro Paráclito (Vicente Martínez)
Alegría, esperanza, amor (José Luis Sicre)
El único amor es el que se manifiesta en obras (Fray Marcos)
El espíritu de la verdad (José Antonio Pagola)
La Vida en nosotros (Paula Depalma)
¿Cómo lo puedo encontrar a Jesús? (Martín Weichs svd)
Momentos con Espíritu (Video semanal – Quiero ver)

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