Fuerza creadora, salvadora y motora

YO ESTOY AQUÍ (Santísima Trinidad – Juan 3,16-18 / Éxodo 34,4b-6.8-9 / 2Corintios 13,11-13)

Acercarnos al misterio de la Santísima Trinidad es retomar la actitud de un niño, cuya curiosidad lo lleva a preguntar a su madre cómo llegó él al mundo. La madre le habla básicamente de dos cosas: del amor entre dos personas y del vientre materno. Quizá sea una manera menos ortodoxa pero más accesible al entendimiento, hablar sobre la Santísima Trinidad como un enorme vientre materno, pleno de vida y siempre en crecimiento, que tiene su origen y sustento en el amor infinito de Dios, y su fin en la vida plena. Y el amor de Dios es un amor relacional, comunitario, de mutua entrega para favorecer la vida.

En este vientre divino toda la creación está comprendida, se sostiene y se expande infinitamente. Dios Padre es la ‘fuerza creadora’, que hace todo nuevo a cada instante y lo conduce a la comunión plena. Él vuelve a tomar, una y otra vez, nuestro humus y lo transforma en humanidad. Dios Hijo es la ‘fuerza salvadora’, que va sanando nuestras heridas y males para que alcancemos la imagen plena del ser humano. Él nos orienta por el camino de la reconciliación con nosotros mismos, con los demás, y con toda la creación. Dios Espíritu Santo, es la ‘fuerza motora’, que nos impulsa desde adentro para protagonizar la historia humana y vivirla como historia de salvación.

Adentrarnos en este seno materno pleno de amor es entrar a participar del dinamismo de vida que es el mismo misterio divino, es decir, entrar a participar de la vida eterna ya desde nuestra finitud humana. Es un amor inclusivo, que sobrepasa cualquier religión o credo, y no puede ser controlado por alguna ideología o grupo de ‘privilegiados’. Es un amor de sanación y de comunión, que mira nuestros corazones humanos más allá de los prejuicios y moralismos culturales y religiosos. Es un amor que nos impulsa a crecer con los demás, superando etnias, castas, tribus, desde la convicción de relacionarnos con cada persona sobre la base de la dignidad humana y el respeto mutuo.

En un vientre materno puede crecer un feto, como también pueden crecer más de uno. Dios sigue insuflando su aliento de vida a toda la humanidad y a toda la creación.

Marcelo Cattaneo svd
Parroquia San José, Esperanza-Santa Fe

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