Romano Hentz svd

+ 07.08.2017 (1929-2017) / 29 47 49 55 57

“Yo, por mi parte, estoy llegando al fin y se acerca el momento de mi partida.
He combatido el buen combate, he terminado mi carrera,
he guardado lo que depositaron en mis manos.
Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa
con la que me premiará aquel día el Señor, juez justo;
y conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa”.
(2 Timoteo 4,6-8)

 

Romano Hentz nació como séptimo hijo el 28 de febrero de 1929 (año que no fue bisiesto). Eran 9 hermanos, lo precedieron cinco mujeres y su hermano Bruno, lo siguieron su hermana Clara y un hermano más pequeño llamado Alberto, quien falleciera a los 11 años en un accidente en el aserradero. Al día siguiente de su nacimiento, 1° de marzo (fecha importante, luego en su vida religiosa), fue bautizado por el P. Federico Vormann svd, en la capilla San Miguel de Puerto Rico, con el nombre de Román, pero acomodándose al lugar en que vivían, dijeron: “Romano” es su nombre. Sus padrinos fueron su tía Olinda Freibeger de Hippler y Don Pedro Heberle.

Sus padres

José Hentz y Bárbara Matilde Freibeger, ambos brasileños, oriundos de Río Grande, municipio de Montenegro, emigraron a Misiones como joven familia ya con dos hijos en enero de 1920, y fueron inmediatamente a ubicarse en lo que sería Puerto Rico, concretamente sobre lo que hoy es la Av. San Martín, entre el Hotel Suizo y la Gendarmería, a 1 km y medio de la costa del Río Paraná. Allí su padre montó el primer aserradero de la colonia y lo retuvo más o menos hasta 1945. En este aserradero, según consta en la crónica del P. Vormann, se celebró la primera misa en Puerto Rico, lo que se prolongó por casi dos años, hasta que se construyó la capilla. La misa la celebraba al comienzo el cofundador del pueblo, P. Max Lassberg sj.

Su madre falleció en al año 1960 a causa de una enfermedad terminal. Su padre le sobrevivió más de 30 años llegando casi a los 99, con una salud envidiable, disciplina y austeridad que se da pocas veces. Siempre trabajando de sol a sol. Falleció el 10 de septiembre de 1992.

Su vocación

El origen de su vocación se encuentra seguro en la religiosidad y profunda fe que reinó siempre en su hogar. Una adhesión total a la Iglesia Católica y sus representantes, fue una constante en su hogar. Vivían cerca de la parroquia al comienzo, y el contacto con los sacerdotes era continuo y de gran confianza.

Los tiempos iniciales fueron muy difíciles, principalmente los primeros años en que se carecía de todo y se debía buscar en Posadas, y el único camino era el fluvial. No tenían lujos, pero sí lo necesario. Desde chico todos tenían que aportar de la manera y forma en que podían, por la mañana ir a la escuela y por la tarde ayudar a su padre en el aserradero, en las tareas que como niño de 8 o 9 años se podían hacer. Por la noche, a la luz de un farol a querosene, hacía sus deberes o estudiaba las lecciones. En su casa recibían todas las publicaciones de la SVD, entre ellas “Stadt Gotes” y “Joven Misionero”, que seguramente influyeron en su opción misionera, además de que el P. Luis Kronisch le enseñó a ayudar en misa como monaguillo. En un grupo de varios compañeros fue el más diligente para memorizar los rezos en el desconocido latín, y aprender los mil y un detalles para moverse alrededor del altar y del celebrante.

A la hora de definir si quería ir al seminario o no, llegó la visita del P. Gaspar Kippes svd, entonces rector de Azara, quien en presencia de sus padres le preguntó si quería ingresar al seminario, su respuesta fue: “Y bueno…” (a los diez años). Una respuesta que sostuvo una gran decisión. Detrás de la cual seguramente hubo mucha oración, sacrificios y expectativas de su familia, especialmente de su madre quien para Romano era una santa anónima que podría estar entre las que figuran en listas oficiales.

Si aquella vez en que dio su consentimiento frente a sus padres, hubiese sabido o siquiera intuido, lo que entrañaba ese sí, “Y bueno…”, posiblemente se hubiera acobardado y no lo hubiera dicho nunca. Pero la vida es así, ella le fue enseñando cómo procede Dios: paso a paso, sin apresuramientos. Un día ocurre y se enlaza con el siguiente. Para su discernimiento personal la norma fue siempre la siguiente: “Mientras Dios no me dé signos claros, para que rectifique aquel: ´Y bueno…´ inicial (la consigna ¡Adelante, que Dios hará lo demás!)”. Siempre reconoció con gratitud hacia Dios que nunca tuvo cavilaciones, zozobras o cuestionamientos sobre su vocación desde lo personal.

En su casa hablaban alemán y sólo de vez en cuando corrían algunas palabras en castellano. El castellano lo aprendió yendo a la escuela a fines de la década del ’30 (año de la segunda guerra mundial), que en Puerto Rico por la ascendencia alemana de muchos de sus pobladores, produjo gran efervescencia. Allí funcionaba una escuela alemana, que justo cuando debía concurrir fue clausurada. Los dos primeros años, concurrió a la escuela estatal 144, luego la comunidad católica se empeñó en abrir su propia escuela. Con mucho esfuerzo y liderados por el P. Behres, consiguieron que llegaran las Hermanas Siervas del Espíritu Santo.

Recuerda perfectamente la ceremonia de colocación de la piedra fundamental en 1937. Allí, en las tres primeras aulas que se unían corriendo unas enormes mamparas, se oficiaba la misa parroquial los domingos. También allí hizo su primera comunión el 8 de diciembre de 1938.

Viajó a Azara (Misiones) fines de febrero de 1941, con 12 años, para ingresar al seminario menor o Jovenado “San José”. Fueron años de recuerdos imborrables, vividos en extrema sencillez y pobreza, pero con una alegría desbordante. Sólo a fin del año volvían a sus casas de familia. Los sacerdotes y hermanos que conformaban la comunidad verbita dejaron huellas imborrables en su infancia. Ellos fueron: P. Gaspar Kippes, José Bautch y Eduardo Wagner, este último quien más lo impactó y marcó en una amistad para toda la vida; los Hnos. Cayetano Böhn y Beltramo.

El colegio San José, en Esperanza – Santa Fe, fue su primer salto hacia adelante, donde estuvo de 1943 a 1946. El cambio y la lejanía le costaron lágrimas silenciosas, aunque pronto se sintió cómodo y como en casa. En el colegio San José terminó su escolaridad con el Ciclo Básico Secundario. Fue un estudiante diligente, aplicado y práctico. Cada dos años volvía de visita a su casa en época de vacaciones.

Después de cuatro años en Esperanza, no tuvo inconvenientes para ser admitido en el noviciado de Rafael Calzada, Bs. As. durante los años 1947 y 1948. En 1949, 1° de marzo, fecha de aniversario de su bautismo, hizo su primera profesión religiosa de los Votos Temporales. Recién al cuarto año de haber recibido el hábito, pasaban al escolasticado, siempre en Rafael Calzada. Prosiguió con los estudios de Filosofía hasta finales del año 1952. En el año 1953 comenzó la Teología, con posibilidad de ser estudiante de intercambio en Alemania, junto al P. Juan Markievicz, en San Agustín (Alemania), lugar en donde en septiembre de ese año comenzó el primer año de Teología, en un ambiente de profesores y cohermanos alemanes.

El rector de la casa era Heinrich Hansen, persona joven, dinámica y simpática; y el Prefecto P. José Wegener, que manejó todo el escolasticado con calma indiscutida. El P. Romano junto al P. Juan Markiewicz, emitieron sus votos perpetuos el 1° de marzo de 1955. Se ordenó sacerdote al concluir sus estudios teológicos en su totalidad el 30 de mayo de 1957 (día de la Ascensión del Señor). El día de su primera misa recibió el destino misional que fue su retorno a la Argentina.

El 1° de junio de 1957 celebró su primera misa y regresó a nuestro país en barco, llegando en agosto del mismo año a Buenos Aires. Su primer destino fue el colegio San José en Esperanza, Santa Fe, donde se dedicó a la sección de los pupilos. Hacia fines del año 1960, junto al P. Rodolfo Michalik, párroco de Humboldt, recibió traslado a la Región Argentina Este-Misiones.

Su trabajo en el Roque

Cuando llegó a Misiones en 1961, fue asignado a trabajar en el colegio Roque González (Posadas), cuyo rector en ese momento era Alfredo Hundt, desempeñándose en la sección secundaria a cargo del pupilado. Junto con todos los quehaceres del internado, dictaba las cátedras de Ciencias, Botánica y Zoología, Geografía y Religión.

Trabajó junto al P. Antonio Lederos en el nivel primario, y a partir del año 1963, fue acompañado también por Bernardo Holewa. Junto al P. Francisco Wessling, quien ocupó el cargo de Rector del Nivel Secundario y quien asignó los primeros cargos directivos a los laicos.

En el año 1968 participó del curso de Nemi Adgentes de la SVD (en Roma), y fue elegido rector del colegio de Fátima, cargo que ocupó durante nueve años. En 1977 fue su último año como rector de la casa de Fátima y volvió a la docencia por pedido del Sr. Carlos Prado, entonces rector del Colegio Roque González.

En tiempos en que el P. Ricardo Kudlek fue Provincial (1975-1977), al igual que cuando lo fue el P. Engemann, el P. Romano ocupó el cargo de Viceprovincial. Los cambios provocados por el Vaticano II, que alcanzaron también a los colegios, le significaron anclarse en forma definitiva en la tarea del colegio. Durante estos años comenzó una etapa de mucha actividad en el colegio, y en 1988 llegó a ser subdelegado en el Capítulo General.

Tuvo un papel importante en la construcción de la casa provincial, Rioja 1927 (Posadas). Luego sobrevino la construcción del polideportivo en 1998 y la expropiación de la quinta del colegio, en la chacra 176, el fraccionamiento y lotes de la esquina Urquiza y Santa Catalina. Gracias al P. Romano a fines de 1998, empezó a funcionar la “Nueva Quinta” del Roque. El P. Juan Wilman la bautizó “José Freinademetz”, donde los alumnos, docentes y familias, encuentran un lugar de recreación y espiritualidad. Junto con tareas administrativas del colegio, dedicó muchos años a la quinta, a la que se dirigía cada día en colectivo durante la siesta.

En el año 2004, el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), lo distinguió con el premio bien merecido “Divino Maestro” por su dedicación a la causa de la educación. En el año 2010 fue declarado “Ciudadano Ilustre” de la ciudad de Posadas, por su invalorable esfuerzo en la formación moral, religiosa y cultural de generaciones de jóvenes misioneros, que recibieron el ejemplo de quien es absoluto merecedor de este reconocimiento.

Desde el año 1961 hasta 2013, el P. Romano estuvo siempre dispuesto y atento a los niños y jóvenes de Posadas y alrededores. Muchos cohermanos Verbitas han pasado a su lado como compañeros de camino en esta tarea evangelizadora y siempre fue el referente para seguir dando la posta para que otros sigan. Fueron 50 años de vida entregada al servicio de la educación cristiana, de tenacidad y dedicación, de fidelidad en la tarea evangelizadora.

Desde la grandeza que siempre lo caracterizó, entendió que la vida le fue marcando épocas, las cuales aceptó con alegría hasta el final. En el año 2013 se incorporó por decisión propia a la comunidad de adultos mayores de Fátima, donde continuó cultivando su vocación por la jardinería hasta donde pudo. Su salud fue deteriorandose hasta quedar en sillas de ruedas. Por una descompensación fue internado en el Sanatorio Buenos Aires (Posadas), donde luego de una semana falleció en la madrugada del 7 de agosto de 2017. Fue sepultado en el cementerio de la congregación en Fátima.

Después de años dedicados al servicio y entrega, él mismo expresó: “Tengo la clara conciencia de que estoy en la recta final de mi vida, y me espera en forma más o menos inminente “la bandera a cuadros”  “o el disco”, y lo espero con alegría y optimismo, porque sé que allí me espera el podio con el premio por mi vida consagrada, porque Dios es justo y fiel”. En sus reflexiones, siempre con mucha convicción, pronunciaba la siguiente frase: “Dichoso, por haber sido trabajador del Reino. Alegre, por servir una vida entera. Feliz, por lo que me espera”.

Al P. Romano: GRACIAS por toda su vida de entrega al Señor, en la atención al prójimo, desde acciones solidarias de proyección socio-comunitarias, en la orientación y formación de jóvenes de nuestro medio.

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