La universalidad del amor de Dios

YO ESTOY AQUÍ (20º Domingo A – Mateo 15,21-28 / Isaías 56,1.6-7 / Romanos 11,13-15.29-32)

El Evangelio de este domingo nos habla de la universalidad del amor de Dios. Él tiene tiempo para todos los cristianos o los no cristianos. Tal es la razón que muchos teólogos dicen que Jesús no vino para armar una nueva religión, sino vino para los necesitados. Por eso, todos nosotros estamos invitados a experimentar el amor de Dios, la compasión de Dios, la misericordia de Dios.

El evangelio recalca el punto de que nadie es excluido en el Reino de Dios. A pesar de nuestras debilidades y pecados, a pesar de nuestra raza, nuestra cultura, nuestra religión, somos todos invitados a experimentar el Dios de amor, de la compasión y de la misericordia.

En el diálogo entre la mujer y Jesús, nos muestra un encuentro de la fe de la mujer y la figura de Jesús que aumenta y motiva a todos nosotros a ser unidos por la misma meta. Este encuentro indica que Dios no tiene favoritos y nadie es excluido de su compañía. Su mensaje no fue una propiedad exclusiva, fue para todos pueblos y naciones.

Este es el gran desafío para todos nosotros hoy, donde en muchos lugares la religión y la cultura son razones de conflictos. Somos llamado a romper las barreras y destruir los muros de la división y prejuicios entre católicos y no católicos (en particular), y entre cristianos y no cristianos (en general). El evangelio nos confronta con nuestra propia tendencia para causar el conflicto de la exclusividad, pensando únicamente lo mejor de nosotros y no hay lugar para otras. Ese pensamiento, de que somos mejores que las otras religiones y sectas, nos complica para una misión unida. Cuántas veces tenemos prejuicios contra personas, simplemente porque tiene su ideología política y religión, que son muy diferentes a las nuestras.

Estamos equivocados cuando pensamos que somos el único camino hacia al cielo o a la salvación. Hoy estamos llamados a cumplir el desafío, haciendo la misión con los demás. Somos llamados para aprender a trabajar en red, considerando que el trabajo en conjunto nos da más fruto que trabajar solos. Debemos ayudarnos el uno al otro, para el Reino de Dios.

Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy

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