Vayan y den fruto: al servicio de la fecundidad de la profecía

Artículo del Mes – Nº 36, agosto 2017

No elegimos ser profeta, como podríamos decidir darnos a una acción política, pastoral o espiritual: el profeta es elegido y enviado, y entiende su misión realizándola. Esto quiere decir que el tema de la profecía invita a pensar siempre desde la realidad del misterio de la inspiración de una misión por el Espíritu Santo.

El discurso sobre lo “profético” de la vida consagrada manifiesta, a menudo, su manera de anunciar, de denunciar y de comprometerse en la acción de “transformación del mundo”, intrínsecamente unida a la evangelización. Podríamos evocar aquí todos los compromisos de solidaridad y de promoción de una inteligencia crítica de las lógicas de los mundos contemporáneos, con la inquietud particular hacia los más vulnerables. Al hablar de profetismo, se insiste en que el profeta no se “auto-proclama”, y que se trata de una vocación, que él abre una senda de significado, y que la profecía se dirige a un pueblo, que puede ser el pueblo al que el mismo pertenece.

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