Decidir correctamente

YO ESTOY AQUÍ (26º Domingo A – Mateo 21,28-32 / Ezequiel 18,25-28 / Filipenses 2,1-11)

El primer hijo, el padre le pide al hijo que vaya a trabajar a su campo y el hijo le dice que no va pero después se va. El segundo hijo al revés que le dice que voy a ir al campo pero después no se va. Y una pregunta que hace Jesús y es una pregunta simple: ¿Quién cumplió? Pero las preguntas de Jesús no son siempre tan simples. Cuando Jesús nos pregunta algo es como desentrañe una cebolla, como sacar las capas para llegar al fondo. Esas preguntas que sabemos que no se quedan ni en la historia ni al tiempo, sino esas preguntas que van a lo profundo de nuestra vida, a lo profundo de nuestro corazón y actualidad.

¿Quién es el hijo que cumple? En ese momento una repuesta rápida, cumple el primero. Y Jesús no detiene a esa repuesta, va más allá: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”. Hoy vuelvo a repetir esa pregunta, ¿ustedes quiénes son? ¿Son del primero hijo o del segundo? ¿Son que dicen que sí y no va y se queden en sus casa o que dicen que no pero terminan asistiendo?

Y esta pregunta de hoy, me llevó a ver si somos los hijos que decimos que sí. Porque nos vamos a la misa, rezamos el rosario, leemos los documentos eclesiales, participamos a las distintas pastorales, participamos a todas las actividades de la parroquia, y buscamos nueva cosa para hacer. Y volviendo a pensar lo que nos plantea la lectura, ¿Quiénes son los que verdaderamente cumplen? Y me vuelvo a preguntar, ¿qué pasa con nuestros corazones?

Si solamente hacemos cosas o también esas cosas nos hace convertir nuestros corazones y nuestra vida. ¿No será que nos hemos vuelto como los fariseos, que tanto participaban y tanto sabían pero en el fondo son como sepulcros blanqueados? ¿Sabemos amar al otro o amamos a uno y a otros no? ¿Realmente hemos dejado a Dios a nuestra vida y que él nos guíe? ¿Nos hemos convertido en servidores de su palabra? ¿O simplemente queremos creernos dueños de ese Dios? ¿Dónde está nuestro corazón?

Y vuelvo a escuchar esas palabras de Jesús, “les aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que ustedes al Reino de Dios”. Eso hace ruido en mi cabeza, me mueve, me hace preguntar muchas cosas. ¿Por qué Jesús dice eso? Pensando en los pobres y marginados que entienden al otro y aceptan al otro que es distinto, porque saben que a ellos nadie los acepta. Que comprenden y ayuden al otro porque saben que a ellos nadie los ayuda. Que saben que Dios los ama tal cual como son. Dios los ama con todas sus cosas y los acepta aun que les pida que cambien. Él los acepta como hijos predilectos. Y me pongo pensar que pasa con nosotros que a veces nos creemos que somos perfectos, que a veces nos creemos los convertidos.

Cuando leo esta lectura no puedo dejar de preguntarme, ¿quiénes son nuestros marginados hoy? ¿Quiénes son nuestros marginados de la iglesia, a aquellos les echamos y en alguna manera no estamos permitiendo que entren en la casa del padre? Pensaba en los homosexuales, en los separados que han vuelto a formar una nueva familia, a los que están solos, a los jóvenes que no quieren acercarse a la iglesia porque ven nuestras incoherencias de lo que decimos y hacemos a los pobres. Y esos privilegiados de Dios -y lamentablemente muchas veces marginados por nosotros- son como termómetro que Dios nos regala. Ese termómetro de pensar en las medidas que ellos están en nuestras parroquias, en nuestras iglesias, en nuestras comunidades, vamos a estar más cerca de Dios.

Ojalá que realmente podamos dejar guiarnos por el amor de Dios y dejarnos convertir profundamente. Así podemos convertir nuestras iglesias, en comunidades donde todos los hijos de Dios, podamos realmente hacer venir el Reino de Dios en la tierra.

María Magdalena Cayrol
Parroquia María Auxiliadora, Aluminé-Neuquén

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