Permanecer unidos a Jesús

YO ESTOY AQUÍ (5º Pascua B – Juan 15, 1-8 / Hechos 9,26-31 / 1Juan 3,18-24)

Con esta lectura Jesús nos invita a estar unidos a Él; nos pide permanecer en Él, y permanecer no es sólo estar, es una actitud de vida, querer tener siempre esa cercanía, esa conciencia de afecto recíproco. Nos llama a la conversión de nuestro corazón. Vuelve a citar la parábola de la vid, tan importante para el pueblo judío, dándole un nuevo sentido, integrando ya a todos los que lo seguimos.

¿Cómo permanezco en el Señor? Con mi corazón, mi mente y mi alma abierta a Él cada día. En cada hermano necesitado de mi colaboración, de mi escucha, de mi humildad y respeto. Dios es mi hermano, en ese clamor escucho a Dios. Apoyándome en la oración, en la lectura y vivencia de la Palabra, debemos lograr el encuentro personal con Jesucristo, el encuentro verdadero, ese en donde reposo en sus brazos y lo proclamo para que todos mis hermanos también lo encuentren y lo conozcan.

En Jesús, Dios es hombre, por lo tanto “vive” nuestras experiencias, nadie nos conoce mejor. Permitiendo que Cristo reine en nosotros daremos mejores frutos. No nos dice qué frutos espera de cada uno, porque ya nos ha pedido que confiemos en el Espíritu Santo, quien nos iluminará y nos guiará a los frutos que mejor podamos producir. Siempre estos frutos vendrán del amor.

Los sarmientos, nosotros, sólo tendremos vida si nos mantenemos unidos a la vid, mantengamos este vínculo profundo y hagamos caso a su mandato: demos frutos de amor para la vida del mundo, para ello debemos mantener la fuerza del amor y la fe entre nosotros mismos. Abrazando en la fe a nuestros hermanos, produciendo frutos de amor, paciencia, generosidad, compasión y perdón en nosotros y en nuestra comunidad.

Jesús debe ser mi hogar, mi lugar de reposo, de paz, de consuelo constante. Jesús es nuestra savia viva, el amor “a” y “de” Dios que nos sostiene, la poderosa fuerza del Espíritu Santo que nos anima siempre que se lo permitamos. “Que no sea yo, sino Jesucristo viviendo en mí”. Con esta ejemplificación tan práctica, Jesús nos habla tan claro…los sarmientos sin la vid, no tienen vida…somos un todo, unidos. Dependemos totalmente de nuestro Señor, pero no por obligación, sino por convencimiento de que eso es lo mejor para nosotros.   Permanezcamos en su amor. Pongamos en práctica su mandato.

Gabriela Sak
Parroquia San José, Crespo-Entre Ríos

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