Amor mutuo

YO ESTOY AQUÍ (6º Pascua B – Juan 15,9-17 / Hechos 10,25-48 / 1Juan 4,7-10)

Hoy estamos cerrando el ciclo Litúrgico de la Pascua, y el mensaje de este evangelio se va a centrar en el verdadero amor que debe existir en la comunidad de Cristo. Jesús se está despidiendo de sus discípulos, los amó profundamente, pero ahora los tiene que dejar. Jesús sabe de la fragilidad, de la debilidad de sus discípulos, por eso les dice: “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros, como yo los he amado”.

Aquí tenemos que aclarar que no cualquier cosa es Amor. No hablamos del amor de telenovelas, donde se enamoran, se casan, se odian, se traicionan, se matan. Tampoco del amor de las canciones melosas, que expresan dependencia afectiva: ¡No puedo vivir sin ti, sin ti me muero!… Tampoco del amor que busca únicamente satisfacer sus intereses egoístas.

Y como verán, hay distintos amores:

-El amor utilitario: no amo a la persona, amo lo que la persona me da.
-El amor sexual: no amo a la persona, amo el placer que me da.
-El amor humanista: me compadezco de terremotos, de tsunamis, de desastres mundiales, pero no soporto al que está a mi lado.
-Y el amor de Jesús.

Sí, el amor de Jesús, que hace dos domingos atrás nos decía: “Yo soy el buen Pastor, y doy mi vida por mis ovejas”, por todos nosotros. Y el domingo pasado nos decía: “Yo soy la vid verdadera, si no permanecen en mí no pueden dar fruto”. Y hoy, el Señor nos dice: “No los llamo siervos, yo los llamo amigos”.

El verdadero amor es voluntad de Bien. Es trascender nuestro individualismo para pensar en otros.

Recuerdo dos historias:

-La de un contingente de una escuela que viajaron a Brasil, y a una de las maestras le avisan que había fallecido su mamá y por tanto inicia todos los trámites para regresar. Pero no conseguía pasaje de vuelta, y en medio de la impotencia de la pobre mujer, todo el grupo decide regresar en el ómnibus que los había llevado, para que la maestra llegara al velatorio de su madre, renunciando a la mitad de sus vacaciones. Amor verdadero.

-El presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, era famoso por la extrema cortesía que dispensaba a sus adversarios políticos. La conducta del presidente no siempre era compartida por sus propios ministros. Uno de ellos, un día, le dijo fastidiado: ¿Por qué los tratas como si fueran tus amigos? ¡Merecerían más bien que los eliminaras! “Es lo que hago”, respondió Lincoln. “¿Acaso no elimino a un enemigo cada vez que lo convierto en amigo?”

“Yo no los llamo servidores, los llamo amigos”, nos ha dicho Jesús. Y lo que celebramos en cada Eucaristía, en cada misa, no es una reunión de servidores, sino de amigos de Dios, con la alegría que Jesús nos ha dado, con su amor y su entrega.

Que este domingo resuene en nosotros este mandamiento de “Amarnos los unos a los otros, como él nos ha amado”.

Eduardo Porcheddu svd
Parroquia San Pedro – Córdoba

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