El amor sólo puede venir del Espíritu

YO ESTOY AQUÍ (10º Domingo B – Marcos 3,20-35 / Génesis 3,9-15 / 2Corintios 4,13-5,1)

Una vez más nos reunimos este domingo para reflexionar la palabra de Dios, ante tantas dudas, el sin sentido de la sociedad y los problemas agobiantes, la Palabra nos viene a iluminar.

La lectura del día de hoy nos enseña que la respuesta definitiva de Dios para la humanidad es el amor. El amor que nos lleva a ver al otro como un verdadero hermano. Este amor en definitiva es inspirado por la Palabra de Dios y su Palabra esta llena del Espíritu Santo. Es decir, el verdadero y profundo amor, sólo puede venir del Espíritu Santo de Dios, dado que este nos capacita para ver el hermano como una persona valiosa. Como yo o como tú mismo.

Sin embargo, en la actualidad, mucha gente ve al Espíritu Santo como algo lejano o como algo que pertenece a un grupo religioso, como algo que pertenece a algún grupo que practica ciertos valores, cierto estilo de vida o que pertenece a un grupo de escala social alta. Pero Dios es bueno, nos ha creado, nos mantiene, nos sostiene y nos ha dado a todos el mismo Espíritu: el Espíritu Santo de Dios.

Es por esto que la lectura del día de hoy, nos habla del riesgo que tenemos en blasfemar en contra del Espíritu Santo y sus consecuencias. “Quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón”. Este es el gran desafío para todos nosotros. Dado que como ya dije, Dios nos sostiene, nos mantiene y continúa guiándonos por el buen camino y de igual manera sostiene a toda la Creación. Entonces la pregunta que surge es ¿Cómo es que podemos blasfemar contra el Espíritu Santo? La respuesta es múltiple, puede ser: etiquetando a nuestros hermanos que tienen alguna adicción o, por ejemplo, etiquetando aquellos que viven de una manera no bien vista en la sociedad. O quizá también, cuando omitimos aquellas acciones que podemos hacer y no lo hacemos: como visitar una persona enferma, quizá ayudar a una persona discapacitada en su situación, el no tener empatía con otras realidades, puede ser en mi misma casa, en mi barrio. Puedo ser una persona atenta y alerta a lo que ocurre y, sin embargo, omitir la ayuda que pueda yo dar a los otros.

Es por esto que el Espíritu Santo no puede ser Blasfemado. Todo lo que viene de Dios tiene que ser exaltado. Todas las acciones que Jesús lleva acabo son inspiradas por el Espíritu Santo y estas son en favor de los otros y las concreta por obra y Gracia del Espíritu Santo.

Esta es la invitación: aprender de la persona de Jesús y que seamos una Buena Noticia para los otros. Una buena noticia que nace del corazón, de la empatía, del agradecimiento a Dios por sostenernos, por guiarnos por un buen camino y decirnos como actuar en las diferentes realidades del mundo. Sigamos pidiéndole al Señor que a cada uno de nosotros nos ayude a dar una respuesta que venga de la Gracia y Bendición del Espíritu Santo.

Ricardo González svd
Coordinador de JUPIC ARS

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