El reino de Dios crece en forma silenciosa

YO ESTOY AQUÍ (11º Domingo B –  Marcos 4,26-34 / Ezequiel 17,22-24 / 2Corintios 5,6-10

El evangelio de este domingo nos abre las puertas de algo maravilloso, que nos lleva a descubrir un poco más de quien es Dios, de su modo de ser y de su modo de actuar en medio de nuestras realidades.

Jesús nos muestra el Reino de Dios, un reino que nos cuesta ver y tocar. Muchos en el mundo no creen en este reino, por eso el evangelio nos muestra que crece en forma silenciosa como algo misterioso, pues los es, hablar de quien es Dios siempre es un misterio.

Hoy se nos dificulta más ver y vivenciar el Reino de Dios en nuestras vidas. Las preocupaciones, los problemas que día a día se nos presenta nos nublan la visión, nos desalentamos y nos desesperanzamos, nos sentimos muchas veces más solos. Pero se nos presenta un reino que nos cobija, nos brinda calor como una gran familia, la familia de la Iglesia, la familia de Dios.

Por eso, Jesús viene a darnos confianza y coraje. Es él, el que hace fructificar la vida de los creyentes. Muchas veces pensamos que el esfuerzo que realizamos por expandir el Reino de Dios no da frutos, que no ayuda a cambiar el mundo, que remamos contra la corriente. Pero no nos olvidemos que, en las parábolas, Jesús nos quiere mostrar el contraste entre los humildes comienzos del Reino y la grandeza del final, lo que nos espera. Lo poquito que hagamos algún día, será grande, no por nuestra acción, sino porque es Dios quien lo hace posible mientras peregrinamos en este mudo.

Somos los colaboradores de Dios en la construcción del Reino por su gracia. Él ha construido este Reino en nuestros corazones.

Como nos dice el Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate: “Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño”.

Nos abandonemos al Espíritu Santo, a su fuerza transformadora, para continuar lo que nos confió Jesús y seguir construyendo el Reino de Dios desde lo más pequeño, en lo más sencillo de la vida cotidiana.

Víctor Diego García
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy

Etiquetas: . Bookmark the permalink.

Comments are closed.