Las ovejas sin pastor

YO ESTOY AQUÍ (16º Domingo B – Marcos 6,30-34 / Jeremías 23,1-6 / Efesios 2,13-18)

Las lecturas de hoy nos recuerdan la misión que Jesús nos ha confiado. Tal misión es compartida por todos los que son bautizados. Creo que para cumplir su misión somos llamados a ser el buen pastor. Podemos reflexionar las lecturas que hemos escuchado para mejorar el pastoreo de los líderes de la iglesia donde como sacerdotes somos llamados a ser maduros contestando la necesitad del pueblo santo de Dios.

Hoy quisiera ampliar tal llamado del pastoreo a todos los bautizados, con el sentido de la misericordia de Dios para el cuidado de esa luz que recibimos en nuestros bautismos. Es por eso hay necesidad de cuidar a cada uno de nuestros hermanos y en el entendimiento del otro. Me llama la atención esa última parte del evangelio cuando nos dice, “Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. Si vamos a seguir viendo y evaluando nuestra realidad de hoy como país, podemos decir claramente que muchos de nosotros caminamos sin pastor, aunque muchos son bautizados.

Las realidades nos cuestionan como podría pasar en un país católico donde una madre opta por el aborto o una madre asesina a sus hijos u otros acontecimientos que se contradicen con nuestro ser bautizados. Contradicen las enseñanzas de Dios para satisfacer los intereses o derechos personales.

Hoy somos llamados de nuevo a sumarnos al corazón de la misión de Jesús. El perfil de sus trabajos, el centro de su vida. Jesús tiene la misericordia, tiene la compasión a la multitud. En toda la vida de Jesús, lo que quiere es sanar a los enfermos, dar consuelo a los marginados y los que tienen sufrimientos, siembra esperanza a ellos que esta para quebrarse. Mejor decir, él quiere aliviar, transformar y dar vida a ellos que los necesitan.

Podemos decir que Jesús nos llama hoy a ser pastor en nuestra familia y comunidades. Jesús quisiera tener más manos para sanar y tocar los enfermos; quisiera tener más bocas para enseñar y hablar sobre Dios; quisiera tener más pies para alcanzar a todos. Y eso, somos todos nosotros, bautizados. Imagínense, si cada papá y mamá actúan en su casa como la mano de Jesús, su boca y sus pies, ninguno de nuestros jóvenes optará por el aborto, aunque salga la ley. Porque están convencidos y tienen miedo de hacerlo. Lo contrario, si nos falta esos trabajos del pastor o del pastoreo en nuestra casa, aunque la ley no sale, muchos de nuestros hijos optaran por el aborto. Es por eso que hoy como bautizados somos llamados a ser el pastor que Jesús envía a nuestra familia y después a nuestras comunidades.

Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy

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