Capilla Nuestra Señora de Guadalupe

Introducción

La Capilla de Ntra. Sra. de Guadalupe, ubicada en la calle Gral. Lucio Norberto Mansilla 3847 / 55 / 65 / 67, entre Julián Álvarez y Medrano, en el Barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra Catalogada por Ley N° 5096 con Grado Cautelar, sancionada el 02/10/2014 y publicada en el B.O. N° 4838 del 15/05/16.

Fecha de Construcción: 1890. En terrenos donados por la Sra. Andrea Navarro de Figueroa.

 

Antecedentes históricos

Las primitivas fundaciones de los territorios del Virreinato se organizaban según las normas de las Leyes de Indias. Estaban conformadas por una plaza central donde se realizaban los eventos importantes y se ubicaban los edificios más representativos. Rodeando la misma se desarrollaba la ciudad que era un rectángulo conformado por manzanas.

Interior de la Capilla Guadalupe

Juan de Garay

Partiendo desde Asunción del Paraguay a las costas del Río de la Plata, lo hizo primero en barco por el río Paraná, y de allí por tierra, entrando por el camino que, hasta el año 1857, se llamó “el camino por do vienen de la Ciudad de Santa Fe”. Así llega Juan de Garay a estas tierras.

La ciudad que fundó en el año 1580, estaba circunscripta a doscientas cincuenta hectáreas, pero la parte ocupada no llegaba a cincuenta, el resto eran chacras y bañados.

De acuerdo a la reglamentación vigente en ese momento, una vez instalados en el lugar, el representante de la Corona Española, debía adjudicar entre sus acompañantes parcelas de tierra, luego llamadas las ‘Suertes de Garay’. Para medir estas chacras o ‘suertes’ se tomaba el borde de la barranca del río y desde allí una legua tierra adentro.

Las chacras que se encontraban fuera del radio de la ciudad eran destinadas al cultivo y a la labranza. Según la legislación de Indias, debían utilizarse ‘para pastar bueyes de labor, caballos y ganados, reserva de pastos y frutales silvestres’. Todo estaba previsto para la subsistencia de las nuevas poblaciones. Por otra, la zona rivereña de la ciudad estaba destinada al uso común de sus habitantes, no perteneciendo a ningún particular sino al Rey de España. Todo el bañado que se extendía desde la Recoleta hasta Vicente López era realengo, lo mismo que el ganado cimarrón que poblaba esas llanuras.

En sus inicios, la vida se había desarrollado hacia el sur, y tenía el perfil de una aldea a la que le llevaría muchos años evolucionar. En el siglo XVIII la edificación fue avanzando hacia el norte, que en esa época era el mundo extramuros.

Plano de la ciudad de Buenos Aires, año 1782

 

Palermo

Desde las Barrancas de Retiro hasta las cercanías de Belgrano, las tierras que estaban situadas al norte de la ciudad, al pie de la Barranca, en la ancha franja anegadiza que bordeaba la costa del Río de la Plata, pertenecieron al Capitán Juan Domínguez Palermo. Él había heredado de su primera mujer, Isabel Gómez de Saravia, la suerte N° 7, la que ella, a su vez había heredado de su padre, que fuera una de las mercedes que él recibiera en ocasión de la fundación de la ciudad y estaba ubicada entre las actuales calles Laprida y Austria. Luego compró la suerte N°8 situada entre Austria y Bustamante y la N° 9 entre Bustamante y Coronel Díaz. Su casa se encontraba ubicada en el actual Parque Las Heras.

Juan Domínguez Palermo fue un hombre de empresa y próspero negociante. Proveía carne a la ciudad entre 1605 y 1614, además del matadero y los trigales de su chacra, poseía un extenso viñedo. El nombre de Palermo perduró aún después de su muerte en 1635, y tal designación se le dio al paraje, extendiéndose luego a los bañados de la costa.

(BIBLIOGRAFÍA: “Palermo Chico”, Edit. Cuaderno del Águila, Josefina FORNIELES, Fundación Bco. de Boston)


 

Escudo de la Ciudad de Buenos Aires, año 1852

Siglo XIX

Plano año 1836 (Archivo G.C.A.B.A)

La urbanización central se fue expandiendo y ya en el 1800, en el término de diez años, desde 1838 hasta 1848, Juan Manuel de Rosas fue comprando chacras y quintas en la periferia.

En este plano se observa la ubicación del predio de la futura Capilla de Guadalupe, el cauce del Arroyo Maldonado, y la traza de las actuales Avenidas Las Heras, Del Libertador y Santa Fe.

Poco a poco el inhóspito bañado se convirtió en un maravilloso vergel. Se rellenaron los pantanos, la tierra se dividió en cuadrados bordeados por zanjas para facilitar el desagote del agua de lluvia, y los desagües se vertían en canales artificiales. En realidad, se compraba el derecho al uso, ya que en ese tiempo la propiedad de esas tierras era del Estado.

Plano Parroquias de la ciudad 1859 (Archivo FADU)

Desde los primeros tiempos, la vida urbana se organizó en parroquias, las que les dieron los nombres a los barrios, porque la vida de la gente transcurría en torno a la actividad parroquial. Es así que la Iglesia de Guadalupe es el primer templo de Palermo. Las dos iglesias más cercanas eran las de Ntra. Sra. del Pilar, en la ciudad, y la del Pueblo de Belgrano, creado en el año 1855 en el extremo norte de Palermo de San Benito, en tierras de Juan Manuel de Rosas, entre ambas mediaba una distancia aproximada de cinco kilómetros.

Plano de la ciudad de Buenos Aires, año 1866

 

Evolución histórica del área

1850, Plano Adolfo Sourdeaux – Fragmento (Archivo Biblioteca Nacional)


1867, Plano Antonio Malaver – Fragmento (Archivo Biblioteca Nacional)


1887, Plano Armando Saint Yves – Fragmento (Archivo Biblioteca Nacional)


1895, Plano Oficina de Obras Públicas – Fragmento (Archivo Biblioteca Nacional)

Esta capilla, dedicada a la Virgen de Guadalupe (patrona de Méjico y Filipinas), si bien es pequeña y de construcción sencilla, es un edificio emblemático de Palermo, dado que fue el primer templo del barrio. Por su tipología responde a lineamientos estilísticos renacentistas, de planta en cruz y nave única, implantada en un terreno de 20 metros de frente por cuarenta de fondo. Junto a ella, con su correspondiente sacristía, se encontraban tres habitaciones, un comedor y una cocina, estos ambientes daban a un huerto donde además había higueras y perales.

Fue construida por vecinos de la zona, que eran inmigrantes calabreses llegados a la Argentina a fines del siglo XIX, en terrenos que donó para tal fin la Señora Andrea Navarro de Figueroa, junto a la orilla de una laguna, que se llenaba con aguas de lluvia y desembocaba en ese entonces en el Arroyo Maldonado. Este bañado paulatinamente fue rellenado hasta no quedar más rastros, transformándose en un descampado o terreno baldío, donde en un principio quedaba un charco en el que se colocó una fuente que tenía esculturas de ranas, hasta que posteriormente se convirtió en plaza, siendo el predio que hoy ocupa la placita ‘Güemes’ de acuerdo a los términos de una Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Fotografía Archivo Fundación Histarmar. Autores: Juan Bautista Borra y Enrique Broszeit

La capilla se inauguró en el año 1890, siendo los Padres ‘Lacorderistas’ la primera comunidad que atendió pastoralmente el templo, hasta el año 1894 en que se trasladaron a un nuevo edificio en la calle Esmeralda, por lo que la capilla quedó sin atención. En ese mismo año, el Arzobispo Monseñor León Federico Aneiros, les ofreció a los misioneros de la Congregación del Verbo Divino ocupar esta Capilla como sede para una fundación en la Arquidiócesis. En los últimos días del mes de octubre de 1894, llegaron los primeros ‘Verbitas’ para instalarse en la casa de Palermo. La primera misa solemne que se celebró fue el 1° de Noviembre de 1894. Y el 1° de noviembre de 1896, allí mismo, comenzó a funcionar la Vice-parroquia de Gral. Las Heras, que es el nombre que recibe la Parroquia como jurisdicción Civil. El primer párroco que se encargó de administrarla fue el Padre Antonio Ernst, miembro de la Congregación del Verbo Divino. Finalmente, el 29 de junio de 1901, la Vice-parroquia de Guadalupe fue elevada al rango de Parroquia.

La Congregación del Verbo Divino es una Comunidad Fraterna de Religiosos Misioneros Católicos, fundada en el año 1875 por el Padre Arnoldo Janssen en Steyl, un pequeño pueblo de Holanda en las cercanías de la frontera con Alemania. El objetivo de Janssen con su fundación era el hacer participar a los católicos de habla alemana de la obra misionera de la Iglesia Católica, con el desafío de construir un mundo más justo, humano y solidario, desde una perspectiva cristiana liberadora.

P. Enrique Becher y P. Germán Löcken

Los primeros misioneros destinados a la Argentina fueron el Padre Enrique Becher y Germán Löcken que llegaron a la Provincia de Santa Fe en el año 1889. Su misión era brindar ayuda espiritual en las colonias de inmigrantes suizos o alemanes del Volga de lengua francesa y alemana que habían llegado al país en el año 1878. Luego, se dirigieron a las Provincias de Entre Ríos y Buenos Aires.

Los primeros religiosos de la Orden que llegaron a Buenos Aires en el año 1894, fueron los Padres Antonio Ernst y Guillermo Klocke. Un mes después desde Amberes (Alemania), se embarcaban cinco nuevos misioneros más, tres eran sacerdotes y dos eran hermanos, quienes traían todos los elementos necesarios para instalar una imprenta, en un nuevo local que hicieron para tal fin en terrenos donados también por la Señora Andrea Navarro de Figueroa.

A fines del siglo XIX, el barrio de Palermo era una zona de chacras y quintas que quedaba en las afueras de la ciudad. El límite era la Avenida Pueyrredón, donde antiguamente corría el Arroyo Manso o Tercero del Norte. Estaban distantes unas de otras y vivían allí pocos habitantes, en casas modestas diseminadas por los terrenos bajos. Al norte cruzaba el Arroyo Maldonado. Una de esas chacras pertenecía a la Familia Figueroa, un matrimonio español llegado al país desde las Islas Canarias alrededor del año 1835. Esta familia había logrado formar una chacra cuyos límites aproximados estaban dados, según la nomenclatura actual, por las calles Scalabrini Ortiz, Charcas, Salguero y Paraguay.

Arroyo Maldonado, año 1925 (Archivo Diario Clarín)

En esos tiempos surgían cambios urbanísticos que daban indicios del crecimiento que posteriormente tendría la zona. El Parque Tres de Febrero con sus majestuosos portones de Palermo y sus 150 columnas de alumbrado de gas, la Avenida Sarmiento, principal acceso, el Colegio Militar, ubicado en la ex residencia de Don Juan Manuel de Rosas y la Estación Palermo del antiguo Ferrocarril del Norte, arrendado ya en aquellos días por el Central Argentino.

Antiguos portones de Palermo

En pocos años, la capilla resultaba pequeña para aquel barrio en continuo crecimiento, por lo que el Padre fundador de la Congregación del Verbo Divino, Arnoldo Janssen, encaró enseguida la construcción de un nuevo templo, designando para tal fin al Padre Juan Beckert para la confección del proyecto, enviándolo más tarde a Buenos Aires a dirigir las obras. El 24 de marzo del año 1901 se colocó la piedra fundamental, comenzando así las obras. Monseñor Espinosa lo consagró el 18 de mayo de 1907 durante la Vigilia de Pentecostés. Al mismo tiempo, los padres comenzaron la construcción de un colegio, un edificio para residencia y una imprenta situada junto a la capilla, que hoy es la Editorial Guadalupe. El Colegio fue fundado en el año 1903. Posteriormente, cuando ya estaba en actividad la Basílica del Espíritu Santo, buscaron asistencia espiritual numerosos inmigrantes polacos, quedando la capilla disponible para una mejor atención de esa colectividad.

En 1908, la Congregación llamó al Padre Ladislao Reinke Zakrzewski para encomendarle la feligresía polaca de Buenos Aires, quien estuvo abocado a esa tarea casi treinta años, luego lo reemplazó el Padre Alejandro Michalik, y hasta la actualidad quien continúa con esa tarea apostólica es el Padre Javier Solecki.

Placas conmemorativas

En la fachada del frente, sobre la margen izquierda, se encuentra una placa de bronce escrita en castellano y en polaco, que es un homenaje a los voluntarios polacos de la argentina, caídos en Polonia en la guerra de 1930-1945.

En esta iglesia, se venera a la Virgen de Czestochowa, que recibe ese nombre por la localidad donde se encuentra el santuario Mariano donde se encuentra ubicada la pieza original, en Polonia. Es una imagen de origen bizantino y tiene en el rostro unas huellas de unas heridas en el lado derecho de la cara debido a que sufrió los embates de los checos y los suecos en el santuario. En el año 1656 se le dio el título de María Reina de Polonia. El Nuncio Apostólico le colocó una corona de plata, y en 1717 fue coronada por segunda vez por el Papa Pío X. El santuario que es del año 1382, es denominado Jasma Mora, que significa Montaña de la Luz.

(BIBLIOGRAFÍA: “Los Misioneros del Verbo Divino En Argentina”, Valerico J. Imsant SVD, Editorial Guadalupe, 2003)


 

Virgen de Czestochowa – Capilla de Guadalupe

No fue la colectividad polaca la única que utilizó la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe para las celebraciones del culto, también lo hicieron los católicos armenios, aunque estos no fueron asistidos por sacerdotes del Verbo Divino, como en el otro caso, sino simplemente usaron la capilla para sus reuniones culturales.

En 1924 llegó a Buenos Aires el Padre Juan Bautista Kazezian, como capellán de los armenios. Su misión era atender espiritualmente a la colectividad desorientada en un país extranjero con un ambiente y una cultura totalmente distinta a la de su origen. Así continuaron utilizando la capilla desde el año 1924 hasta 1934, año en que adquirieron una propiedad cerca de allí.

La Virgen de Guadalupe, proclamada Emperatriz de América por el Papa Pio XII, hizo sus apariciones en el cerro Tepeyac en el año 1581 en Méjico. La imagen que se encuentra en el altar central fue traída de Méjico y es réplica de la original.

El templo que nos ocupa, es un documento vivo, que da testimonio de la transformación del barrio desde sus orígenes. En el año 1881, el intendente Torcuato de Alvear decidió transformar la ciudad cuando finalmente logró que los propietarios de las quintas y chacras de la zona aceptaran la apertura de calles. Las chacras se fueron parcelando, y entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX se construyeron plazas, calles y avenidas. El nuevo camino de acceso a Palermo fue una de esas obras. Cambió la fisonomía de Buenos Aires. Casas de barro que se demuelen o transforman, chacras que se lotean, calles que se abren, aparecen nuevos intereses. Las tierras cambian su valor y poco a poco el perfil urbano también empieza a modificarse. Se construyen edificios y en poco tiempo se incrementó en gran escala el número de pobladores.

En 1883, el camino de Palermo pasó a llamarse Avenida Alvear. En 1895 se presentó un pedido de concesión para que una línea de tranvías pasara por esta avenida, que posteriormente el Consejo Deliberante aprobó, pero, en un recorrido por la Avenida Las Heras (en ese entonces denominada calle del Chavango), y otro por la Avenida Santa Fe. Los tranvías eléctricos comenzaron a funcionar a partir de 1897 y llegaban hasta Belgrano.

Virgen de Guadalupe – Altar principal

En pocos años, con el rápido crecimiento barrial, la Capilla de Guadalupe se transformó en un centro religioso que se convirtió en el núcleo de una numerosa y dinámica comunidad cristiana. Así es cómo se construyó un nuevo templo, un colegio, la imprenta y la vivienda para los religiosos en un edificio más amplio, adquiriendo otros terrenos en las inmediaciones para tal fin.

Los Misioneros del Verbo Divino tenían una misión pastoral, fundada en la predicación, la catequesis y la acción social. Su tarea trascendió lo meramente espiritual para impulsar una serie de iniciativas de orden asistencial. Crearon en el año 1900 el Círculo Católico de Obreros, constituido mayoritariamente por gente de trabajo, se establecieron consultorios médicos gratuitos, se concedieron subsidios por enfermedad, se creó una caja de socorros mutuos y una bolsa de trabajo. Esta obra se hizo efectiva con el aporte generoso de socios, vecinos y simpatizantes. Allí se realizaron reuniones, festivales, actos culturales y todo tipo de eventos, con el fin de brindar sano esparcimiento a los miembros de la asociación y sus familias, en un ambiente de unión y de amistad.

Es fundamental tener en cuenta las distintas corrientes migratorias que fueron poblando nuestro país y especialmente la zona de Palermo, entre fines de siglo XIX y principios de siglo XX, dado el contexto social, político y económico, a causa de las difíciles situaciones en las que se encontraba inmersa toda Europa después de la Segunda Revolución Industrial, con el aumento demográfico, la crisis económica, los conflictos bélicos, la gran hambruna y la represión política.

Capilla de Guadalupe, marzo de 1899 (Archivo General de la Nación)


 

San Arnoldo Janssen (1837-1909)

Arnoldo Janssen nació el 5 de noviembre de 1837 en Goch, una pequeña ciudad de la Baja Renania (Alemania). Segundo entre diez hermanos, aprendió de sus padres la dedicación al trabajo y una profunda religiosidad.

El 15 de agosto de 1861 fue ordenado sacerdote para la diócesis de Münster y fue asignado a enseñar ciencias naturales y matemáticas en la escuela secundaria de Bocholt, donde adquirió fama de maestro estricto pero justo. Por su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús fue nombrado director diocesano del Apostolado de la Oración. Desde este apostolado, Arnoldo buscó abrirse también a cristianos de otras denominaciones.

Poco a poco creció su conciencia de las necesidades espirituales de la gente aún más allá de los límites de su propia diócesis, hasta convertirse en preocupación por la misión universal de la Iglesia. Decidió dedicar su vida a despertar en la iglesia alemana la conciencia de su responsabilidad misionera. Con este objetivo en mente, en 1873 renunció a su cargo docente y fundó «El pequeño mensajero del Corazón de Jesús». En esta revista mensual ofrecía noticias misionales y animaba a los católicos de lengua alemana a hacer más por las misiones.

Eran tiempos difíciles para la iglesia en Alemania. Bismark había desatado el «Kulturkampf» («batalla por la cultura»), que implicaba una serie de leyes anti-católicas, la expulsión de sacerdotes y religiosos y aún el encarcelamiento de varios obispos.

En esa situación caótica, Arnoldo Janssen sugirió que tal vez algunos de los sacerdotes expulsados podrían ser enviados a las misiones o ayudar en la preparación de misioneros. Poco a poco, y animado por el vicario apostólico de Hong Kong, Arnoldo fue descubriendo que era a él a quien Dios llamaba para esta difícil tarea. Muchos opinaban que no era el hombre indicado, o que los tiempos no estaban maduros. «El Señor desafía nuestra fe a realizar algo nuevo, precisamente cuando tantas cosas se están derrumbado en la Iglesia», fue la respuesta de Arnoldo.

Con el apoyo de varios obispos, Arnoldo inauguró la casa misional en Steyl (Holanda) y dio comienzo a la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino. Ya el dos de marzo de 1879 partieron los dos primeros misioneros hacia China. Uno de ellos era José Freinademetz.

Consciente de la importancia de las publicaciones para atraer vocaciones y fondos, Arnoldo estableció la propia imprenta sólo cuatro meses después de inaugurada la casa. Miles de laicos generosos dedicaron tiempo y esfuerzos a la animación misional en los países de habla alemana distribuyendo las revistas de Steyl. De esta manera, la nueva congregación se desarrolló ya desde su inicio como comunidad de sacerdotes y hermanos.

Los voluntarios que ayudaron en la casa misional no sólo fueron hombres. Prácticamente desde el comienzo, un grupo de mujeres se puso al servicio de la comunidad. Su deseo era servir a la misión como religiosas. Este deseo, los años de fiel servicio, y la conciencia de la importancia de las mujeres en las misiones, llevaron a Arnoldo a fundar la congregación de las «Siervas del Espíritu Santo» el 8 de diciembre de 1889. Las primeras Hermanas partieron hacia Argentina en 1895.

En 1896, el P. Arnoldo eligió a algunas de las Hermanas para formar una rama de clausura, las «Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua». Su servicio a la misión sería la de rezar día y noche por la Iglesia y especialmente por las otras dos congregaciones misioneras, manteniendo un servicio ininterrumpido de adoración al Santísimo Sacramento.

Arnoldo murió el 15 de enero de 1909. Su vida fue una permanente búsqueda de la voluntad de Dios, de confianza en la providencia divina y de duro trabajo. Testimonio de la bendición divina sobre su obra es el ulterior desarrollo de la misma: más de 6.000 misioneros del Verbo Divino trabajan hoy en 63 países. Las misioneras Siervas del Espíritu Santo son más de 3.800 hermanas y más de 400 las Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua.

(Homilía de Juan Pablo II. Fuente: Servicios Informativos del Vaticano)

El 19 de octubre de 1975 el padre Arnoldo Janssen fue beatificado por el Papa Pablo VI junto al padre José Freinademetz, y ambos fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II en el año 2003.

Capilla de Guadalupe e Imprenta (Archivo Parroquial)

 

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