¿A quién iremos?

YO ESTOY AQUÍ (21º Domingo B – Juan 6,60-69 / Josué 24,1-2.15-18 / Efesios 5,21-32)

En este evangelio de San Juan, podemos comenzar reflexionando acerca de la actitud de muchos de sus seguidores que se escandalizaban de las palabras de Jesús. Les costaban comprenderlas, las consideraban muy difíciles y, con más razón, les costaba aceptarlas. Hay momentos en nuestra vida en que también a nosotros nos cuesta aceptar y decidirnos en la fe. Quizás dejamos de acercarnos al Señor, nos alejamos de él porque para nosotros esos mensajes son muy elevados, y no tenemos la capacidad de entendimiento. Por eso él nos pide que comprendamos que está presente en su cuerpo, en su alma y en su divinidad, en el Pan de Vida.

Sabemos que nuestra fe es un regalo de Dios, es algo que ningún humano puede fabricar. Por eso, Jesús en este evangelio, nos dice que “les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Estas palabras, a veces, no nos gustan porque queremos ser nosotros los forjadores de nuestra vida, sin permitir que Dios entre en nuestro corazón. Como consecuencia de tales actitudes, estamos más acerados a las cosas del mundo, a las cosas diarias, dejando de lado las cosas de Dios. Así, no alimentándonos en sus palabras que alimentan a nuestro espíritu, nuestra fe enflaquece. Busquemos en la Iglesia todos los medios que nos ayuden para fortalecerla.

No nos apartemos de la palabra del Señor. Compartamos momentos de reflexión y de la acción misericordiosa con otros hermanos que también están en la comunidad. Jesús es el único que tiene palabras de vida eterna. Pidámosle al Señor que nos derrame sus gracias sobre nosotros, para que cada día podamos renovarnos y fortalecer nuestra fe.

Zulma Fruttero
Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Nueva Pompeya – Santa Fe

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