Liderazgo para la transformación en el mundo intercultural de hoy

Artículo del Mes – Nº 46, agosto 2018

Como individuos y como congregación religiosa, somos llamados a redescubrir la responsabilidad de ser proféticos, de vivir en actitud de diálogo y de solidaridad, de profunda y auténtica simpatía con los hombres y las mujeres de hoy y sus culturas.

Como misioneros y religiosos, siempre estarán en las fronteras del mundo, esos lugares donde dos o más culturas se bordean una a otra, donde personas de diferentes razas ocupan el mismo territorio, donde entran en contacto las clases inferiores, bajas, medias y altas, donde el espacio entre dos individuos se reduce con la intimidad.

Como religiosos estamos llamados a ser signos de esperanza, encontrando modos de crear “espacios alternativos”, donde el camino del Evangelio –un camino de presencia y de entrega de uno mismo, de encuentro y comunión, de abrazo de las diferencias, de sanación y reconciliación– pueda experimentarse.

Los diversos institutos religiosos nacieron para inspirar nuevos caminos, viajar por rutas imprevistas y responder a las necesidades humanas. Ahora, en nuestro tiempo, debemos partir de nuevo por senderos inexplorados y nuevas carreteras hacia nuevos límites, fronteras y márgenes. Sabemos que la gracia de Dios nos acompaña.

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