Encuentro Nacional de Hermanos Religiosos 2018

Con la presencia de Hermanos religiosos de 10 Congregaciones laicales y clericales, se llevó a cabo una nueva edición del Encuentro Nacional de Hermanos Religiosos. Esta edición estuvo animada por el lema “Encontrarnos, escuchar, discernir, convertir”, en el marco de los 50 años del Documento de Medellín-Colombia.

Del 24 al 26 de agosto de 2018, se llevó a cabo el Encuentro Nacional de Religiosos Hermanos, en la Casa de los Hermanos Menesianos – Bialet Massé-Córboda. El encuentro comenzó el día 24 de agosto con la bienvenida y presentación de los participantes. En un ejercicio de diagnóstico a partir de “ver” la realidad de los Hermanos en sus propias congregaciones y en los servicios que prestan. La mirada de cada uno contribuyó a generar una mirada amplia y a dejarnos interpelar por otras miradas hacia nuestra vocación.

La vocación del Hermano en la Iglesia y en la sociedad en general es desconocida, en los últimos años se acentúa la ausencia y decreciente cantidad de Hermanos, en los contextos donde nos desenvolvemos observamos un aprecio por nuestra presencia y servicio. A la vez, vemos que en la vida religiosa se revalora la vocación del Hermano y los jóvenes la redescubren como modo evangélico de vida. Se presentan diversos desafíos, tanto hacia dentro de nuestras familias religiosas, como hacia los espacios eclesiales y sociales donde prestamos servicios.

El día 25 de agosto –luego de un espacio de oración– nos dispusimos a compartir la significatividad del Documento de Medellín, para lo que nos acompañó el Hno. Fernando Kuhn cmf, quien partiendo del marco histórico propio del Vaticano II (1962-1968), compartió la iniciativa de los Obispos de América de contar con un documento situado en la realidad y contexto Latinoamericano. Para ello, narró los dispares entusiasmos de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas y la sintonía de los precursores, por observar particularmente, la alarmante desigualdad y marco de pobreza de América, que contrastaba con su identidad cristiana y católica.

En ese marco, los agentes de pastoral, entre ellos los religiosos/as, se aventuraron a respuestas inéditas, con compromisos situados en contextos de pobreza a través de Comunidades Eclesiales de Base, Pequeñas comunidades en medios populares, Iniciativas de educación popular, Iniciativas de formación a agentes de pastoral y otras.

Propio de ese tiempo histórico se vivieron experiencias significativas, de marcada radicalidad. Los Hermanos de institutos laicales vieron sus carismas con mayor amplitud, más allá de las estructuras existentes, mientras que los Hermanos en institutos clericales asumieron su vocación misionera. De una dinámica “centrípeta” orientada hacia dentro de los institutos, asumen una dinámica “centrifuga” hacia nuevos espacios y apostolados.

Los Hermanos somos varones consagrados por los votos de castidad, pobreza y obediencia, a vivir con radicalidad la vida consagrada, a través de diversos ministerios de pastoral social, comunicaciones, salud, educación, catequesis, formación y otros. Mientras los institutos laicales mantuvieron una fuerte y reconocida presencia de los Hermanos en el ámbito de la educación, en los institutos clericales, la presencia del Hermano se atomizó en diversos servicios y apostolados.

El Hno. Fernando Kuhn cmf, remarcó la necesidad de asumir el tiempo presente confiando en que la misión que asumimos no es nuestra es Missio Dei (misión de Dios), y él sabe cómo guiar el tiempo presente. Algunas claves que surgen son: “ser sal y luz” (cfr. Mateo 5,13-16), llamando la atención de que el texto apela a la “sal” como algo dado, un mineral que brinda sabor, y a la “luz” que es un elemento que hay que generar. Ambos elementos en el texto aparecen con una conjunción, no se trata de ser uno u otro, sino los dos.

La “cotidianeidad” es la otra clave, surge del re descubrir al modo de Charles de Foucoult, la vida –así llamada– oculta de Jesús. Toda la vida de Jesús es testimonio de la encarnación de Dios. Durante treinta años vivió la cotidianeidad de sus contemporáneos. Así, el pasaje de Lucas narra que “Llegó a Nazaret, lugar donde se había criado, y según su costumbre, se levantó para leer el libro del profeta Jeremías…”. Esta narración nos traslada a algo habitual. Esta cotidianeidad es la que estamos llamados a encarnar en nuestras relaciones de vecindad, de amigos, de cercanía con las realidades contemporáneas. En esa cotidianeidad Jesús proclamó su misión de “liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos, sanar a los heridos… proclamar un año de gracia del Señor”.

Una tercera clave surge de la “minoridad” como la descubrió San Francisco de Asís. Ser menores, pequeños, lejanos a la pretensión de figurar o resaltar, sino que, desde nuestro servicio, nuestro rol eclesial es el de lo pequeño.

Otra clave es la de la “relevancia” o profundidad con la que asumimos nuestra presencia. Donde tiene especial significación la profundidad de los vínculos y la presencia y permanencia testimonial, que la cantidad y notoriedad de nuestras obras. Así cobran valor especial estar presentes en lugares rurales que parecieran insignificantes a los ojos de los estrategas, o bien la presencia en lugares sombríos donde pareciera que nuestra presencia no puede revertir o cambiar nada.

Otra clave es la de la orientación “centrifuga” de nuestra vida. Una “Iglesia en salida” nos dice el Papa Francisco, su gran aporte al hoy de nuestra Iglesia. La dimensión de salida, nos dispone a nosotros y también a quienes nos acompañan a salir al encuentro de las realidades de nuestro tiempo, abriendo/nos y nuestras estructuras al servicio de las diferentes necesidades de los hombres y mujeres de hoy.

En clave de “frontera”, a partir de la cual divisamos nuevos espacios de misión que desafían a los cristianos en general y a los consagrados en particular: La frontera de los jóvenes y las adicciones; la frontera de la pastoral familiar, que incluye familias rotas, familias monoparentales, las fronteras de los huérfanos y de ancianos que viven solos, etc.; la frontera de las comunidades indígenas, las minorías, los problemas ligados a las castas y al racismo; la frontera de las mujeres y los niños en riesgo de abuso; la frontera de la salud física y mental; la frontera del diálogo interreligioso y el fundamentalismo; la frontera de las periferias de las grandes ciudades urbanas, la población rural; la frontera de la eco-justicia y la integridad de la creación; la frontera del trabajo y el empleo; la frontera de la ciencia y la investigación.

En otro momento del encuentro, tuvimos un espacio para compartir en grupos algunas de las claves en perspectiva y buscando cual “cartógrafos” la ruta a seguir a partir de algunos elementos esenciales para nuestra presencia como Hermanos.

Al finalizar la jornada compartimos la eucaristía en un clima fraterno, profundizando sobre lo trabajado durante el día. Luego de la cena, hubo un espacio para el esparcimiento, el canto, las cartas, y la charla fraterna que ayudaron a amenizar el encuentro.

El día 26 de agosto, compartimos una oración, luego de la cual se invitó a los participantes a realizar un “manifiesto personal”. A modo de proclama y habiendo compartido algunas claves para el presente de la Vida Consagrada y de los Hermanos en particular, cada uno tuvo un tiempo personal para afianzar sus convicciones y redactar en forma personal su proclama, que luego fue compartida en el plenario.

En otro momento, se evaluó el encuentro, destacando la hospitalidad de la Casa de los Hermanos Menesianos, el compartir fraterno del disertante Hno. Fernando Kuhn cmf, la presencia de Hermanos de distintas edades con una riqueza intergeneracional, la presencia numerosa y diversa de Hermanos de distintas congregaciones, la dedicación del Equipo Organizador y el excelente clima de encuentro.

Al cerrar el Encuentro se confirmó la realización del próximo Encuentro Nacional de Hermanos, los días 23 al 25 de agosto de 2019, en la Casa de los Hermanos Menesianos en Bialet Masse-Córdoba, con alguno de los siguientes temas: Sínodo de la Juventud, Beatificación de Mons. Angelelli, la “minoridad”, entre otros.

Agradecidos por el espacio de encuentro, con nueva vitalidad, nos comprometemos a vivir con disponibilidad y testimonio nuestra vocación de Hermanos y a transmitirlo a nuestros propios hermanos en las comunidades y lugares donde nos toca misionar.

Hno. Víctor Hirch svd

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