Escuchar la voz de Dios

YO ESTOY AQUÍ (23º Domingo B – Marcos 7,31-37 / Isaías 35,4-7 / Santiago 2,1-5)

En este evangelio vemos cómo Jesús ha curado al sordomudo. El presta su atención hacia la gente, del cual toma el sordomudo separándolo de la multitud para ser sanado. A su vez, Jesús es quien nos guía en el camino que debemos seguir con amor y acariño.

No olvidemos que, a causa de nuestra incredulidad, muchos de nosotros no logramos escuchar la voz de Dios, y como resultado, muchas veces hablamos mal cuando intentamos expresarnos acerca de estas cosas. Sin embargo, cuando Dios obra por su Espíritu abriendo las mentes de los hombres, particularmente a los bautizados, y estos responden adecuadamente a su Palabra, inmediatamente quedan desatadas también las ligaduras de sus lenguas y su lenguaje cambia radicalmente. Van a empezar hablando las maravillas de Dios.

Hoy necesitamos ser curados de nuestra sordera, de nuestra incredulidad y que abramos nuestros oídos para que desatemos la lengua para anunciar la palabra de Dios. Debemos ser curados de nuestras sorderas espirituales.

Ojalá que nosotros, que estamos sordos, podamos experimentar en nuestra comunidad cristiana la palabra de Dios que nos levanta, nos anima, nos sana y, especialmente, que nos guarda para que este mensaje sea transmitido a nuestros hermanos. Así, en comunión, tratar de que la familia y la comunidad sea más justa y reine la paz.

Julio Fruttero
Parroquia de Ntra. Señora del Rosario de Nueva Pompeya-Santa Fe

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