Para ser más, hay que ser menos

YO ESTOY AQUÍ (25º Domingo B – Marcos 9,30-37 / Sabiduría 2,12.17-20 / Santiago 3,16-4,3)

Una niñita le estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque, aunque era un mamífero muy grande, su garganta era muy pequeña. La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena. Irritada, la profesora le repitió que físicamente era imposible. Entonces la niñita dijo “Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás”. La maestra le preguntó, “¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?” La niña le contestó, “Entonces le tocará a usted preguntarle”.

Los niños siempre nos sorprenden. ¿Y Será por eso que en este evangelio Jesús pone como ejemplo a un niño? ¿Por qué un niño como modelo? Nosotros elegimos modelos del espectáculo, de la música, del cine, del deporte, etc. Fíjense que el mundo de los adultos es el mundo de la ambición, del progreso, de quién es el primero, quién manda y quién obedece. El mundo de los niños está lleno de cosas de niños, cosas pequeñas a las que no damos importancia. Jesús colocó en medio a un niño para enseñarles a sus discípulos la lección del servicio.

Los apóstoles habían discutido por el camino sobre quién era el jefe del grupo, seguían a Jesús, pero estaban seducidos por el poder y las ambiciones del mundo. Jesús define la grandeza y la importancia de sus seguidores por su capacidad de servicio y de generosidad. No el más importante sino el mejor servidor, no el más sabio sino el más humilde, no el más fuerte sino el más sacrificado, no es el que manda sino el que más sirve.

Jesús, a sus discípulos, les revela un secreto, les cuenta el último capítulo de su vida y éstos no lo pueden creer. No entienden que Jesús sólo es Mesías por la muerte en la cruz, por el servicio de dar la vida y de hacerse el último. “El que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos”, dice Jesús.

En la Iglesia de Cristo no hay poder que compartir y repartir, sólo tiene que haber servicio a los hombres, a todos los hombres. Y un servicio que se realiza sin bombos ni platillos.

Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó:
–Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra?
La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:
–Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.
–Muy bien -respondió su padre-. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.
Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:
–¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?
Entonces el padre respondió:
–Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace. Cuanto más vacía esté tu vida, más ruido vas a hacer

El poeta filósofo Tagore decía: “Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande”.

Eduardo Porcheddu svd
Parroquia San Pedro-Córdoba

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