Señor, que pueda ver

YO ESTOY AQUÍ (30º Domingo B – Mc 10,46-52 / Jeremías 31,7-9 / Hebreos 5,1-6)

Estamos llegando hacia el fin del año litúrgico, nos quedan varios domingos por delante, pero el que llega, el evangelio de hoy, el de este domingo adhiere su camino a Jesús.

Jesús, en los tres sinópticos, recorre un camino hacia Jerusalén con todo lo que significa el camino y la vida. Jesús produce gestos en este caminar, distintos en el evangelio de Lucas, típico del camino y distintos en Mateo. Hoy lo vemos en el evangelio de Marcos.

Jesús produce un gesto a requerimiento de un ciego: Bartimeo, el hijo de Timeo, que está junto al camino. Y al pasar Jesús, con varios discípulos, Bartimeo grita, le habrán dicho pasa el maestro, pasa el hombre este que está teniendo fama y Bartimeo le dice: –Jesús, hijo de David, ten piedad de mí, ten compasión de mí. Muy significativa la pregunta o el pedido de Bartimeo. “Ten compasión de mí” Y a estos gritos de este hombre Jesús le dice a los discípulos: –Hagan que venga, que venga a mi encuentro. Y al llegar al encuentro con Jesús, Jesús le pregunta: –¿Qué quieres que haga por ti? –Que vea.

“Que vea” nos parece tan común la expresión, pero no. Es fuerte, el no ver existencialmente condiciona muchísimo y este hombre pide poder ver. Nos preguntamos a nosotros mismos ¿qué sensación tenemos en cuanto a ver? Y podemos preguntarnos un poquito más y decir ¿cuántas veces no vemos? No vemos el camino de vocación que tenemos en la vida, para qué estamos llamados, a qué nivel de plenitud. Y este hombre muy sencillo pide poder ver. Y justamente acá hay una particularidad: es un pobre y Jesús opta por este pobre y su respuesta o su pedido ha sido muy simple. “Jesús, hijo de David” porque sabían en la tradición que estaban esperando un hijo de David. No es la confesión de Pedro que lo llama a “Jesús, Mesías, hijo de Dios”. La confesión de Pedro es la confesión del cultivado, del rico. Aquí un hombre que no podía ver, tiene esta súplica para con Jesús. Y hay una opción de Jesús, al final del camino hacia Jerusalén, privilegia a este hombre junto al camino.

En expresiones populares por ahí podemos decir: “aquella persona está como tirada junto al camino”, quizás en forma despectiva y justamente, Jesús privilegia esa situación. La pensamos para los tiempos de hoy, cuánta gente tenemos tirada junto al camino, que no pueden valerse por sí mismas, sino que necesitan el acompañamiento y el desafío a ese acompañamiento de la Iglesia comunidad para poder presentarse a Jesús.

Por esto, la enseñanza de este fin de semana, en este caminar de nuestro tiempo litúrgico, es un mensaje a la iglesia comunidad: animémonos a presentarnos como testimonio personal nuestro, de animadores de la vida comunitaria, a hermanos que están como junto al camino, especialmente los más pobres. Hay una opción para estas periferias del decir del Papa Francisco, estas periferias en parte existencial y en parte geográfica, porque están junto al camino. Pero también es una situación privilegiada, estar junto al camino para ser invitados por Jesús o preguntados, interrogados y que podamos decirle: -Señor, que podamos ver. Que podamos ver con amplitud nuestra realidad para transformarla, nuestra realidad para amarla y, esto desde las felices, nuestra realidad para socorrerla y nuestra realidad para evangelizarla, para iluminarla desde la fe. Con la buena noticia de que Jesús está vigente hoy, queriendo dar vista, dar una posibilidad de ver con claridad, de ver con amplitud, propia de las dimensiones del reino de Dios, que nos quiere conquistar, definitivamente para nosotros, en la culminación de su misión.

Que tengamos esta gracia de Bartimeo, de poder recibir el poder ver con claridad.

Reinaldo Zbrun svd
Casa Verbo Divino, Bialet Massé-Córdoba

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