Signos de Dios en lo cotidiano, volver al mundo desde el corazón

Artículo del Mes – Nº 50, diciembre 2018

En esta situación de fragilidad cultural de la fe en la que vivimos, de lo que se trata es de pasar de experimentar la fe como una fortaleza inexpugnable, a vivirla como el éxodo de la palabra de Dios entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esta es, fundamentalmente la función de la contemplación: hacernos ver grietas en lo que llamamos la realidad, ventanas para descubrir a Dios en medio de nuestra vida.

Lo más importante de esta nueva perspectiva que nos regala la mirada contemplativa es que, respecto a la cultura de la que vivimos introduce una fragilidad, una extrañeza, una duda. Sabemos que podemos manipular la experiencia de la escucha, que podemos impostar una respuesta prestada, articulada desde moldes que no son vividos por nosotros sino aprendidos.

Quizá sea así, tal y como se nos dice, como se consigue la felicidad, como se fundamenta el prestigio, como se logra la satisfacción, pero quizá no. Quizá la realidad sea solamente una figura, una construcción social cuya consistencia se percibe solamente desde el que se la presta y, en cambio, desde otro punto de vista, se presente mucho más frágil, menos estable y fundada.

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