Gracias Señor…

Palabras que fueron expresadas por Hugo Calis SVD, en la ceremonia de ordenación (9 de abril de 2010), en Gobernador Roca, Misiones.

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Queridos hermanos y hermanas en el Señor, en primer lugar y ante todo elevo a Dios Uno y Trino mi corazón agradecido por el don de la vocación a la vida y al amor; por el llamado a la vida consagrada y misionera y por este don del sacerdocio ministerial que hoy la Iglesia me concede.

Los cristianos nunca podemos dejar de dar gracias y de tener un corazón alegre, aún en medio de las dificultades cotidianas. En estos treinta años de vida, son tantos los motivos por los que tengo que agradecer y alabar a Dios; tantas personas con apellidos y rostros bien concretos, en diferentes situaciones y lugares, fueron el medio por los cuales fui descubriendo que Dios me estaba invitando a entregar la vida al servicio de su Reino de un modo diferente. Es difícil mencionar y enumerarlas a todas, sería una lista muy larga. Hoy, muchos de los que siempre me han alentado y acompañado están aquí presentes venidos de diversas comunidades, tanto de Misiones como de otras provincias hermanas. Otros me acompañan con su intercesión, desde la presencia de Dios, donde celebran la liturgia eterna junto al Buen Pastor. Otros no han podido llegar hasta aquí por diferentes razones pero desde el lugar donde se hallan nos están acompañando con la oración y el recuerdo. Simplemente, a todos quiero decirles con mayúscula: ¡GRACIAS!

Todos sabemos, por la experiencia, que la vida es un camino que se construye paso a paso, día a día con sacrificio, lucha y sueños; no puedo dejar de agradecer, en este momento, a la familia donde nací y en la cual aprendí los primeros pasos, esos pasos que dejaron huella marcando rumbo y horizonte. Gracias a papá: Eugenio (que hoy nos acompaña desde ese rincón del corazón de Dios, donde no hay ocaso). Gracias a mamá: Elsa, porque con su presencia, dedicación y tenacidad sigue acompañando y animando a nosotros, sus hijos. Gracias a vos mamá y a vos papá porque confiaron en la vida, porque dijeron sí y no tuvieron miedo de comprometerse en el amor. Gracias porque, sin duda, sin la entrega generosa de ustedes: Armando, Rubén, Max y yo no estaríamos hoy aquí presentes, celebrando este bello momento, con esta gran asamblea.

Gracias a quienes, después de mis padres, fueron mis primeros maestros: a los docentes y compañeros de la escuela 420 de Yacutinga, donde realicé los primeros estudios. Gracias a los profesores, directivos, compañeros e instructores de la Escuela de la Familia Agrícola (EFA), de San Ignacio, donde hice mis estudios secundarios en un espíritu de comunidad y unidad familiar fundado sobre el diálogo respetuoso y el aprecio de los dones de cada uno.

Gracias a quienes fueron mis catequistas y profesores de formación cristiana, quienes me señalaron a Jesús de Nazaret y me enseñaron a amarlo y seguirlo en esta gran comunidad que es la Iglesia.

Gracias a docentes y compañeros del Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos (CEFyT), de Córdoba, donde ocho años he compartido la vida fraterna con hermanos y hermanas de diversas comunidades religiosas. Allí me han brindado las herramientas básicas para ser un evangelizador animado por la lectura y meditación de la Palabra de Dios, formando comunidades fraternas, orantes y comprometidas.

Quiero mencionar y agradecer a las Hermanas Siervas del Espíritu Santo quiénes fueron las primeras en presentarme el testimonio e ideal misionero de Arnoldo Janssen y José Freinademetz. Sin lugar a dudas las Hermanas Lidia y Blanca Mirian fueron puntales para que conociera a la congregación del Verbo Divino.

Gracias a los Misioneros del Verbo Divino, tanto de aquí de la provincia de Argentina Este como de la provincia de Argentina Sur: mi gratitud a los cohermanos, desde los primeros animadores vocacionales (Vicente Castro y Carlos Chatelain) y todos los formadores que en las diferentes etapas de la formación inicial, me fueron ayudando en mi discernimiento vocacional. Gracias a todos los compañeros con los cuales he compartido en diferentes comunidades formativas de Córdoba, especialmente al Hermano Raúl Acosta y Gerardo Ferreira, con quienes he caminado desde el noviciado… Gracias…, en fin, porque hoy puedo formar parte de esta gran familia Arnoldina, cuya finalidad primordial es el anuncio del evangelio allí donde aún no ha sido predicado.

En estos años de formación fue creciendo en mí con fuerza la convicción de que lo único que nos hace cristianos es el seguimiento a Jesús, “aunque a veces lo olvidamos, esa es la opción primera de un cristiano: seguir a Jesús es vivir de manera diferente la fe, la vida y la realidad de cada día. Es encontrar el eje, la verdad, la razón de vivir, el camino. Es creer en lo que Jesús creyó; vivir lo que él vivió; dar importancia a lo que él se la daba; interesarse por lo que él se interesó; tratar a las personas como él las trató; mirar la vida como la miraba él; orar como él oró; contagiar esperanza como la contagiaba él”.

En mi seguimiento cotidiano a Jesús deseo seguir trabajando en una Iglesia a la que la gente sienta como “amiga de pecadores”, que tiende la mano para levantar al caído. Quiero vivir el ministerio sacerdotal desde el corazón de Jesús, el Pastor que dio su vida por sus ovejas; preocupado por la felicidad de las personas, acogiendo, escuchando y acompañando a cuantos sufren o necesitan una palabra de aliento para sus vidas gastadas y cansadas. Quiero levantarme cada mañana dispuesto a seguir trabajando por el Reino, abierto al Espíritu como san Arnoldo Janssen, cuya pasión fue el anuncio del evangelio de la liberación superando fronteras sociales, geográficas, raciales e ideológicas. Quiero cada día celebrar el misterio de la comunión y del encuentro compartiendo el Pan de la Palabra y de la Eucaristía, alabando a Dios por su gran amor y misericordia; con la certeza de que “ser misionero no es un sacrificio que hago sino una gracia que Dios me otorga”.

En fin, son tantas las cosas que están en mi corazón, tantas palabras que podría seguir hilvanando. Como dije anteriormente, es difícil nombrar todo y a todos, por ello pido disculpas. Sin embargo no quiero dejar de expresar mi reconocimiento a todos los corazones generosos de esta Parroquia Corpus Christi, que se han implicado y han colaborado para organizar esta gran fiesta de la Iglesia, pues han movido “cielo y tierra” para que todo esté dispuesto, nos sintamos a gusto y podamos celebrar con alegría en este lugar, respirando aire de hogar. También en nombre de la comunidad local y propio, la gratitud a nuestro Padre y Pastor, Monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de la diócesis de Posadas.

Aunque de un modo escueto, en lo que acabo de decir quiero abrazar a cada uno de ustedes que están hoy aquí presentes y que son testigos de mi entrega; les pido que me sigan acompañando con sus oraciones y recuerdo, en este camino que es apenas un inicio. Sepan que desde el lugar donde la iglesia me envíe, siempre los voy a tener presentes pues tengo bien claro que tengo una raíz, una tierra que me vio nacer y crecer, una tierra que evoca a tantos misioneros y misioneras que venidos de diversos lugares y culturas del mundo, han entregado su vida a causa del Reino de Jesús y su evangelio.

Por último no quiero terminar sin nombrar a mi pequeña y querida colonia Yacutinga, donde viví toda mi infancia y parte de la adolescencia. Colonia que es mezcla de sudor y esperanza, de familias con una arraigada religiosidad manifestada en varias confesiones cristianas. Hermanos todos que con el esfuerzo cotidiano, el trabajo continuo y perseverante, ganan el pan diario. De ese trabajo esforzado soy testigo, de él he participado y vivido cuando aún estaba en mi casa paterna. Creo que el servicio como sacerdote del pueblo de Dios tiene una profunda relación con la tarea de la gente de la chacra que todos los días se esfuerza por buscar el pan, por partirlo y repartirlo en su mesa familiar, convirtiendo ese espacio en mesa sagrada, en anticipo del Reino definitivo.

Que Dios Uno y Trino fuente de donde brota la vida y se derrama en abundancia, los bendiga a cada uno.

Hugo Calis SVD

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