El misionero debe renovar su opción fundamental por Cristo

DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO
Homilía de Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 23º durante el año (5 setiembre 2010)
Lc 14,25-33

I. Para ser discípulo de Jesús hay que seguir sus pasos

1. El Evangelio de hoy nos cuenta que, “junto con Jesús, iba un gran gentío” (Lc 14,25). Es una situación que San Lucas constata con frecuencia. Pero esta vez agrega un gesto elocuente de Jesús, con el que diferencia entre los que caminan con él por simpatía o algún interés, y los que siguen sus pasos como discípulos: “Y él dándose vuelta, les dijo: ‘Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,25-26). Para ser discípulo de Jesús es preciso identificarse con él. Por eso repite: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo… Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (vv. 27.33).

2. No se trata, como algunos piensan, de la vocación al sacerdocio. A los apóstoles Jesús los elige entre sus discípulos: “Llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles” (Lc 6,13). Tampoco se trata de la vocación a la vida religiosa como la conocemos hoy, con los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pues ésta surge en los inicios del siglo IV. Se trata, simplemente, de ser discípulos de Jesús. O, dicho en el lenguaje corriente, de ser cristianos. “Discípulo” es el que imita al Maestro y se identifica con él. Igualmente, “cristiano” es el que se identifica con Cristo.

II. Decidirse seriamente a ser cristiano

3. Para ser discípulo, éste ha de ordenar todos sus sentimientos, pensamientos y afectos según un criterio fundamental, que es el mismo Jesucristo, creído y amado por sobre todas las cosas. De allí, que el discípulo no teme asumir la misma suerte del Maestro y dejar todo por él. Esto no se traduce necesariamente en el martirio cruento, o en la opción por vivir en una comunidad religiosa. Pero cualquiera sea el estilo de vida que adopte, siempre conlleva una opción clara por imitar a Cristo.

4. Para ilustrar la decisión de ser discípulo, Jesús propone dos parábolas. Una, la del arquitecto que, antes de empezar a construir una torre, calcula si cuenta con los medios para ello, “no sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él” (Lc 14,29). La segunda es la parábola del rey que se prepara para una batalla, pero antes de iniciarla “se sienta a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil” (v. 31).

III. La opción fundamental por Cristo

5. Los Apóstoles de Jesús, que usan diversas palabras para designar a los discípulos (santos, hermanos), afirman con claridad la necesidad de la opción fundamental por Cristo. El apóstol Pablo la enseña cuando catequiza sobre el Bautismo. Escribiendo a los romanos, les dice: “¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él? ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rom 6,2-4). La primera carta del apóstol Pedro es una exhortación a los recién bautizados a mantenerse firmes en la opción fundamental por Cristo: “Queridos míos, yo los exhorto, como a gente de paso y extranjeros: no cedan a los deseos carnales que combaten contra el alma. Observen una buena conducta en medio de los paganos y así, los mismos que ahora los calumnian como a malhechores, al ver sus buenas obras, tendrán que glorificar a Dios el día de su Visita… Procedan como hombres verdaderamente libres, obedeciendo a Dios, y no como quienes hacen de la libertad una excusa para su malicia… A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas… Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes” (1 Pe 2,11-12.16.21-25).

El fin de “la Misión Continental” es hacer “discípulos”

6. Todavía perdura la frescura de la reunión de los Obispos latinoamericanos realizada en Aparecida (Brasil), bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”. Como era de esperar, ha puesto sobre el tapete el tema del discípulo de Cristo. Y, en consecuencia, el de la comunidad cristiana, y el de la acción la pastoral de la Iglesia. E igualmente, el de la misión continental.

7. No capto cómo se está realizando dicha “misión” propiciada por Aparecida. A veces temo que no se capte que el fin de la misma es “hacer discípulos de Cristo”. Y que, por tanto, realizarla bien supone que el misionero renueve la propia opción fundamental por Cristo. Sin su testimonio de vida, su accionar sería vano, más propio de un “manager” pastoral que no de un misionero del Señor. Él, que nos envía a “hacer que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19), nos manda también que seamos sus testigos viviendo como discípulos suyos.

Mons. Carmelo Juan Giaquinta
Arzobispo emérito de Resistencia

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Fuente: AICA

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Una Respuesta a El misionero debe renovar su opción fundamental por Cristo

  1. Pablito dice:

    Genial este comentario de Monseñor Giaquinta. Es necesario y fundamental ser discípulos antes y después de ser misionero, ya que ese discípulo vuelve al maestro con ansias de aprender más de él, y con admiración espera ser parecido a éste. Un abrazo y muchas bendiciones.

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