En el Mes de las Misiones, generosidad y oración

JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

Mensaje de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la Jornada Mundial de las Misiones (9 y 10 de octubre de 2010)

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La Jornada de las Misiones, que se repite todos los años en el mes de octubre, es como un tomarnos el pulso y ver si de verdad estamos convencidos de la importancia del evangelio para toda persona y la humanidad entera. Cada Iglesia ha de tratar de vivir el evangelio y transformar los diversos lugares donde nos desenvolvemos diariamente, comenzando por los ámbitos familiar y laboral, y llegar también a los espacios públicos que tienen que ver con nuestras obligaciones de ciudadanos. Pero en esta oportunidad debemos ensanchar nuestro horizonte más, porque se trata de llevar el evangelio a los que todavía no conocen a Cristo. Si no sintiéramos esta necesidad y nos contentáramos con lo que somos y tenemos, sería un signo de que nosotros mismos todavía no hubiéramos comprendido lo que significa ser cristiano. Juan Pablo II decía: “La misión es un problema de fe, es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros” (RM 11).

Toda comunión verdadera con el Señor, naturalmente lleva a la misión. Por eso, la primera manera de colaborar con la obra evangelizadora de los misioneros que están en el frente de la misión, es la oración en que nos hacemos uno con el Señor. En nuestra diócesis tenemos un ejemplo hermoso de esta fuerza de la comunión con la Capilla de Adoración Perpetua en la parroquia San Martín de Tours. Ya van cuatro años en que se reza sin interrupción, día y noche, ante Cristo en la Eucaristía, y han llegado a trescientas las personas de muchas parroquias, que vienen permanentemente para hacer de Custodios y Custodias del Señor. Otro modo de vivir esta comunión transformadora podemos observar en las parroquias, donde la lectura orante de la Palabra, practicada comunitariamente, ha llegado a ser un atractivo para vecinos que anteriormente no tenían mucho contacto con la Iglesia. Es en estos ambientes también, donde se afirma el compromiso de ser testigo de la fe. Y podemos esperar que la oración despertará vocaciones para la vida consagrada, ministerial y misionera.

La segunda forma de colaborar, de mayor exigencia, apela especialmente a aquellos que están cargando con un sufrimiento grande, y los invita ofrecerlo a Dios con amor, y sostener así el sacrificio de los misioneros. El valor salvífico de todo sufrimiento deriva del sacrificio de Cristo, que llama a los miembros del su Cuerpo místico a unirse a sus padecimientos y completarlos en su propia carne (cf. Col 1, 24). Con tal ofrecimiento los enfermos se hacen también misioneros, como Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, que nunca salió de su convento.

Finalmente hemos de recordar también la colaboración material para las misiones. Es necesario revisar el propio estilo de vida: las misiones no piden solamente ayuda, sino compartir el anuncio y la caridad para con los pobres. Todo lo que hemos recibido de Dios – tanto la vida como los bienes materiales – no es nuestro sino que nos ha sido dado para usarlo. La generosidad en el dar debe estar siempre iluminado por la fe: entonces sí que hay más alegría en dar que en recibir.

Les agradezco ya ahora su generosidad. Ustedes saben, que uno de los ejes pastorales de nuestra Diócesis de Quilmes es precisamente la Misión. Que nuestra colaboración en la próxima Jornada avale esta afirmación de manera convincente.

El mes de octubre no es solamente el mes misionero, sino también del rezo del Rosario. Las Obras Misionales Pontificias nos invitan a unir las dos cosas y formar entre todas las diócesis del país una cadena de oración. A nuestra Diócesis de Quilmes se pide unirse a este propósito el día 19 de octubre. Con alegría queremos hacerlo.

Los bendigo de corazón.

Mons. Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

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