Tunuyán: ecos de la despedida

Parroquia Ntra. Sra. del Cármen, Tunuyán, Provincia de Mendoza

Carta de despedida de la comunidad parroquial de Tunuyán a los Misioneros del Verbo Divino.

Hoy el Concejo Pastoral Parroquial me ha designado para que humildemente, en nombre de toda la comunidad de Tunuyán, trate de agradecerles todo el amor y el servicio que nos han brindado durante estos 41 años en que caminaron junto a nosotros.

El Documento de Aparecida dice: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona, haberlo encontrado nosotros, es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras, es nuestro gozo”.

Al escuchar este texto tan hermoso, vemos que ustedes se esforzaron para que conociéramos a Jesús, nos encontráramos con Él y para que nos preparáramos para llevar el tesoro de su Palabra a todos nuestros hermanos… nos falta mucho por aprender… pero ya nos animamos, como laicos, a subir a la barca y a navegar mar adentro.

Hoy la comunidad de Tunuyán quiere agradecerles todos los momentos que compartimos juntos: cuando nos bautizaron, cuando nos reconciliaron con Dios, cuando compartimos el pan, cuando bendijeron nuestros matrimonios, cuando nos acompañaron en cumpleaños o aniversarios… con cuánto amor acudieron a bendecir nuestras casas, el auto nuevo y las innumerables eremitas en honor a María que se veneran en el pueblo.

Gracias por consolarnos y abrazarnos fuertemente cuando estábamos caídos… gracias por ser instrumentos para acercarnos a Dios y a María cuando nuestra fe estaba quebrada… gracias por darle el último adiós a nuestros seres queridos cuando les llegó el momento de partir.

Gracias por ser buenos pastores, preocupados por sus ovejas… No siempre fue fácil la convivencia… también tuvimos nuestras diferencias, pero siempre primó el amor y el respeto por el otro y así fuimos superando las dificultades.

Queremos que sepan lo importante que son para nosotros y damos gracias a Dios porque nos sentimos bendecidos por Él, cuando decidió por su Divina Voluntad que caminaran junto a nosotros durante 41 años.

Nuestro reconocimiento al Padre que en 1969 trabajó incansablemente para construir el Templo nuevo y luego la casa parroquial, ya que antes era un rancho.

Al Padre Atilio Wagner: de quien recuerdo una anécdota que me acercó a la Iglesia, buscándome e interesándose por nosotros como personas… Lo conocíamos como sacerdote pero nunca tuvimos la oportunidad de hablar con él.

En 1974 hacía casi tres años que nos habíamos casado y asistíamos a misa todos los domingos en familia, (mi esposo y mis dos hijos; Alejandro de un año y Mariel recién nacida), con la nena no había problema, pero con el niño no se podía estar, no quería que lo tuviéramos en brazos, gritaba y se movía hasta que lo teníamos que bajar. Y cuando estaba en el piso corría por toda la Iglesia y siempre al llegar al escalón del altar tropezaba y se caía, así que teníamos que ir, con mucha vergüenza, a levantarlo. Por ello decidimos con mi esposo no ir más a misa hasta que los chicos fueran más grandes…

De esta decisión habían pasado unos diez días, y estaba yo dando clase en una escuela en la que me desempeñaba como docente, cuando entra la celadora al aula y me dice: -“Señorita, salga por que la busca el cura”.

Sorprendida acudo a atenderlo… Me saluda muy amablemente y me dice que iba a ver qué nos pasaba que no íbamos más a misa. Le dije el motivo, a lo que él me respondió: -“Me molesta mucho más que ustedes no vayan a misa, que el niño corriendo. Déjenlo tranquilo, ya aprenderá”. Sin salir de mi sorpresa, le pregunto cómo sabía dónde encontrarme y me contestó que había preguntado por mi domicilio y no le sabían decir dónde vivía pero sí dónde trabajaba y por eso me había ubicado… Este gesto me hizo sentir muy feliz por que sentí que a alguien le interesábamos y que sin conocernos se preocupaba por nuestra ausencia.

Desde ese momento seguimos asistiendo a misa y nuestro hijo seguía corriendo, pero estaba “autorizado” por el padre, así que ya estábamos más tranquilos. Este gesto nos acercó mucho más a la Iglesia y nos comprometió, porque nos hizo sentir que “contaban con nosotros”.

Al Padre Bernardo Fassa: elegante, seguro, a veces medio “chinchudo”, pero era un ser muy generoso y servicial.

Al Padre Narciso Wagner: que salía a caminar por el pueblo, recorría los barrios, buscaba sobre todo a los niños, conversaba con ellos y les regalaba estampitas. Y a nosotras, las mujeres, no nos permitía entrar al templo sin mangas…

Al Padre Adolfo Baden: que ahora está en Rafael Calzada. No tenemos cómo pagarle todo el amor y el servicio que él nos brindó durante los más de 20 años que estuvo en Tunuyán. Se fue de aquí dejándonos un vacío muy grande en el corazón… pero él mismo decía resignado, repitiendo palabras del Evangelio: “Cuando eres joven vas donde tú quieres, y cuando llegues a viejo debes ir donde te lleven”. Él se fue, pero sabe cuánto lo queremos y siempre lo tenemos presente.

Al Padre Antonio Vedelini: incansable, organizado, riguroso en su función. Siempre serio, pero se “deshacía” cuando le hablábamos de Hinojo, su pueblito natal.

Al Padre Esteban Rohr: permaneció muchos años en Tunuyán. Hizo una gran labor en la zona rural, en Vista Flores, Villa Seca y Los Sauces, entre otros lugares, preparó hermosos y cómodos espacios para evangelizar. Pero aquí lo recordamos como miembro de la comunidad del Instituto Comercial Pío X, colegio al que le dedicó mucho tiempo y esfuerzo, logrando que el mismo fuera uno de los líderes en calidad educativa.

Al Padre Mario Schmidt: respetuoso, formal, humilde. Un maestro de la Palabra… Tenía el don de transmitirnos las cosas de Dios, con una pasión y de una manera tan sencilla y tan amena que nos encantaba escucharlo y aprender junto a él.

Al Padre Ramón Aldaz: amable, sencillo, siempre nos recibía con un gesto cordial. En él veíamos a ese Jesús humano y cercano a nosotros.

Al Padre Jesús Ochoa: muy sociable, atropellado, pero simpático y muy, pero muy trabajador. Le dedicó mucho tiempo a la Catequesis Familiar, entre otras cosas. Pero fue él quien nos abrió las puertas de la Parroquia para que nosotros nos sintiéramos como en nuestra casa. Además, es muy sensible, se conmovía profundamente ante el dolor de un enfermo al que había asistido dándole la Unción o se emocionaba cuando recorría los barrios y una señora al recibirlo en su casa le decía: “Gracias Padre por acordarse de visitar a los pobres”.

Al Padre Eduardo Ebu: las comunidades lo quieren y lo recuerdan con mucho cariño porque él les enseñó, con mucha paciencia, el manejo de las capillas y las orientó para que equiparan al templo con todos los elementos necesarios.

Al Padre Blas Loli Libur: simpático y sencillo. “Muy familiero”… Muy responsable en su función sacerdotal. Estaba feliz porque aquí aprendió a manejar y tenía un auto a su disposición que le permitía desplazarse con mayor facilidad en la zona hasta… que chocó. Todos sentimos por él un gran cariño.

Al Padre Carlos Haberkorn: bueno, sencillo, respetuoso, es un “gauchito”. ¡Qué más podemos decir… es argentino! Jamás le hemos visto un gesto descomedido… Muy comprometido con su comunidad. Siempre encontramos en él el consejo y la palabra oportuna.

Al Padre Huberto Hajdasz: estuvo muy poco tiempo en Tunuyán, pero organizó jornadas espirituales que nos permitieron crecer en la fe.

Al Padre Enrique Skowronek: es muy organizado, prolijo, ahorrativo como ninguno, tiene una memoria prodigiosa, pero a veces se olvida de saludar… Sabe mil oficios: es sacerdote, con una entrega total a su vocación, pero además es pintor, albañil, electricista, decorador, sabe idiomas, es informático, etc. Lo que no sabemos es si todo eso lo aprendió antes o si Mons. Arancibia tuvo algo que ver en este despliegue de talentos. De todas maneras, querido padre, gracias por su entrega y por dejar todo impecable. Felicitaciones porque ha realizado una tarea excelente.

A todos en la diversidad de sus dones, les estamos muy agradecidos y reconocemos la invalorable misión que han cumplido en Tunuyán, porque evangelizar aquí no es tarea fácil.

Perdón por las veces que les fallamos. Por nuestra intolerancia, por nuestra ingratitud, por nuestra indiferencia… POR NUESTRA FALTA DE AMOR.

Dicen por ahí que el agradecimiento es la MEMORIA DEL CORAZÓN, y eso, estén seguros, se lo han ganado. Los queremos mucho.

Tunuyán será siempre la casa de ustedes y estaremos esperándolos con los brazos abiertos.

Que Dios los bendiga y Nuestra Señora del Carmen los proteja. Una vez más, ¡muchas gracias!

Ana María González de Calderón
Presidente del Concejo Pastoral Parroquial
Tunuyán, Mendoza, 29 de abril de 2011

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2 Respuestas a Tunuyán: ecos de la despedida

  1. Chichita Fedeli dice:

    El padre Ramón Aldaz, gran amigo, consejero, espiritual, bondadoso, iluminado por el Espíritu Santo. Muy querido en nuestra parroquia. Que el Señor nos lo de por mucho tiempo. Es papá y mamá, es un santo en la tierra. ¡Dios te bendiga padre Ramón!

  2. Pedro Diaz dice:

    Quiero unirme a la carta de despedida a los misioneros del Verbo Divino. Agradecerles también como integrante de la comunidad cristiana de Tunuyán, pero también como alumno del Instituto Comercial Pio X, todo lo recibido, y decirles a todos ellos que no los olvidaré nunca, siempre tengo en mi memoria anécdotas y consejos que hoy a mis 47 años cada día los aplico más. Pero voy a agregar a la Nota de Ana María González, el recuerdo de un “GRANDE”, que cuando en el año 1969 yo ingresaba a ese colegio, él se hacía cargo como rector, me estoy refiriendo al padre LUIS KREDER, aquel hombre que nos hizo querer el colegio, ese colegio que encontró muy humilde y un día nos dijo: “HAY QUE LEVANTAR EL COLEGIO” y empezamos a trabajar y cuando él se fue de Tunuyán nos dejó un hermoso Colegio, al cual a pesar de los años, y el tiempo que ya no vivo en Tunuyán, sigo amando.
    Hasta siempre hermanos misioneros…
    Pedro Antonio Diaz, egresado 1973 – Colegio Pío X