El Cerro Monje, leyenda e historia



Introducción

Este cerro está ubicado a unos 7 kilómetros de San Javier, provincia de Misiones, sobre el margen del Río Uruguay. La tradición oral fue captada por algunos que redactaron el suceso, y según las fuentes se conocen distintas versiones que tienen un nervio común.

 

El relato según un brasileño

João Pedro Cay, escribió en 1861: “A alguna distancia hacia el norte de San Javier, se halla un gran cerro, llamado Cerro del Monje, donde se refugió a fines de 1852 un célebre monje italiano. Este, según el relato, plantó una cruz y levantó una capilla donde se veneraba al Señor de los Desiertos. La imagen había sido traída del Brasil, de la Reducción de San Luis. Desaparecido el monje, la imagen habría sido repatriada con la esperanza de que siga haciendo milagros. Los vecinos acudían al Cerro especialmente en Semana Santa.

 

Testimonio del agrimensor francés

Pedro Croharé, oriundo de Lourdes, estuvo en Misiones entre los años 1891 a 1895, realizando las mensuras de San José, Apóstoles, San Javier e Itacaruaré, terminando en el Alto Paraná.

En sus escritos comenta que un domingo visitó el Cerro Monje. Habla de la capilla, el altar y dos santos “sobrecargados de cintas y puntillas cubiertos de mitras de metal blanco…”. Los santos son llamados “los divinos” y el Cerro Monje es un lugar de peregrinaje a la manera de un pequeño Lourdes. Como no hay iglesias en los alrededores, al Cerro Monje van a consolar las conciencias afligidas y cada peregrino trae a “los divinos” una ofrenda. Un paquete de velas, un bastón de cera, tabaco en cuerda, cigarros, porotos, un queso. Se encuentran de todas esas cosas alrededor del altar. Una vieja trajo un gallo vivo y una mujer previsora agrega veinte kilos de maíz, para que el gallo tenga buenos días de abundancia. Pero aquí como en otros lugares, a pesar de que la gente sea inocente y profundamente creyente, hay chistosos que comen los quesos, fuman los cigarros y se asan el pollo ofrecido en el altar”. Luego el agrimensor menciona el origen: “Antaño vivía allí un ermitaño quien por su estadía santificó ese lugar y desde entonces las vertientes adonde él bebía producen milagros. De la cima del cerro que fue desboscado, tenemos una vista magnífica sobre el Brasil cuyas sierras son como inmensas olasde un mar que se inmovilizó sobre el Río Uruguay… En este día hay pocos peregrinos; 8 ó 10 mujeres y 5 ó 6 varones, entre ellos un viejo alemán de cabellos largos que recita en latín, en nombre de todos, las letanías de la Virgen…”.

 

El relato de Juan Queirel, en “Misiones” 1897

Además de la línea común de la leyenda, sobresale la influencia que tiene en la gente el agua de Cerro Monje: tomarla o bañarse en la cascada. Algunos, curados de sus males, se quedan en la zona, dedicándose a trabajos de campo. Queirel menciona que con unos amigos, en canoa, llegaron hasta el cerro durante una Semana Santa. Había unas 500 personas; se escuchaban conversaciones en español, guaraní o portugués. Este escritor disiente de otros redactores, afirmando que el monje continuó su peregrinación por el Brasil, mientras otros afirman que desapareció en dirección a Italia.

“La Hermandad” que cuida el lugar, ha renovado la capilla de 30 metros cuadrados, en el sitio original. Habla del piso, baldosas octogonales, provenientes de la iglesia en la Reducción de San Francisco Javier. Arden muchas velas de fabricación casera. Algunos juntan restos de los cirios, que así como el agua, guardan celosamente y le atribuyen propiedades curativas. El Viernes Santo Queirel menciona “la carpida a mano”. Apenas clareaba, todos los de cinco años para arriba se dedican a arrancar a mano todo yuyo que aparezca, ritual de penitencia que cumplen más de 300 promeseros. Limpio el lugar seguía luego la procesión a la cascada…

 

Comentarios de un visitante

El 24 de julio de 1900, el primer sacerdote Verbita que llega a Misiones, comenta su visita a San Javier y el Cerro: “En los años 1850 a 1865 vivió aquí un italiano que había sido capitán de un barco. El fue el único sobreviviente de un naufragio en el Río Uruguay. Durante 14 días anduvo errante. Hizo la promesa, si se salvaba, de vivir unos años como ermitaño. Eligió el cerro cerca de San Javier. Ayudó a la gente, consolando y sanando sus dolencias. Cumplida la promesa, que duró 14 años, desapareció en una canoa, río abajo. El rancho donde vivió el ermitaño fue transformado en 1875 en una pequeña capilla. Allí hay una vertiente permanente; los promeseros llevan de esta agua a la que le atribuyen poderes milagrosos. Cerca de la vertiente hay un ombú, cuyos enormes raigones forman una cueva. En ella habitaban un puma y una serpiente, que compartían amistosamente con el monje”.

 

Otra versión escrita que data de 1943

En ella se habla de un naufragio en el Río de la Plata en el año 1867. El capitán que se salva, tenía unos 45 años y era italiano. Cumplió una promesa de vida penitente durante 30 años. Quiso hacerla en la costa brasileña, pero fue rechazado y la cumplió cerca de San Javier. Se alimentaba sólo de vegetales. Criaba gallinas, pero para obsequiarlas a quienes le ayudaban. Hacía de consejero y curaba las dolencias en base a hierbas. Cultivaba hortalizas. Su casucha era de piedras. Levantó una capilla. Invitaba a los vecinos para celebrar la Semana Santa y el día de la Santa Cruz, el 3 de mayo. Se menciona un altar de piedras e imágenes de madera, procedentes de alguna ruina jesuítica. El primero de enero de 1897 reunió a los vecinos y se despidió, dejando una cofradía de doce personas que debían cuidar la ermita del Señor de los Desiertos.

 

De la leyenda e historia de ayer, a la realidad de hoy

La primera comisión del Cerro Monje fue creada por la Municipalidad de San Javier en 1898. Se sucedieron unas tras otra, con esfuerzo y sacrificio hasta que en 1982 se gestionó la entrega del predio, donado por sus tres dueños, a la Diócesis de Posadas.

Allá por el año 1930 visitó el Cerro Monje en Semana Santa el P. León Thiel y más tarde, llegando siempre en canoa por el Río Uruguay, en 1958 a 1960 el P. Juan Markiewicz acompañado del P. Juan Stass que era párroco. Luego ayudó también el capellán de Gendarmería, el P. Bruno Ostropolski, quien sugirió la construcción de las Estaciones del Vía Crucis, a lo largo de la pendiente.

“En la Semana Santa de 1966, recién llegado a Misiones, el Superior Provincial, José Engemann, le pidió al P. Lorenzo Bovier que ayudara al párroco de San Javier, P. Juan Lakotta. Sobre el mediodía del Viernes Santo, invitado por laicos, no sin dificultades por lo empinado del camino recién abierto, en camioneta me trasladaron hasta la cima del Cerro Monje. Meditamos el Vía Crucis ante la mirada atónita de muchos que daban la impresión de entender poco y nada lo que sucedía. Me guiaron por varios lugares marcados por la leyenda, hasta descender a la pequeña cascada donde muchos buscaban alivio a sus males lavándose en esas aguas. Al mismo tiempo fui invitado para que los acompañara al año siguiente y así llegué a vivir esa realidad durante 17 años para la Semana Santa, hasta que se hizo el traspaso legal de las tierras al Obispado. De ahora en más dependía de la Parroquia de San Javier.

¿Qué hacíamos en esos días? El Jueves Santo por la tarde, bien acompañados por la Comisión de Cerro Monje y apoyados por algunos laicos de Posadas dedicados a la Buena Prensa, preparábamos todo para la Misa, bendición de frutos de la zona, chacras y hogares; luego se proyectaba la Pasión del Señor, que la gente seguía de pie o sentada en el suelo, con mucho respeto. Gracias a la amplificación del sonido, nos hacíamos escuchar durante las dos horas de proyección. El Viernes Santo miles de peregrinos se sumaban a los que habían pasado la noche en el Cerro. Al comienzo llevábamos un generador de corriente eléctrica. Luego se instaló un grupo y más tarde se conectó con el pueblo. El jueves y el viernes eran interminables las confesiones, consultas y el pedido de bendiciones. A la vez se irradiaban reflexiones, gracias a dos altavoces instalados en la cima de un árbol. A las 11 horas del Viernes Santo se iniciaba el solemne vía crucis. Podemos decir que participaban todos, guiados por las bocinas.

A las tres de la tarde la ceremonia recordando la muerte de Jesús. Para el beso de la cruz utilizábamos hasta cinco crucifijos, debido a la cantidad de gente. A las cinco de la tarde comenzaba la desconcentración.

Cuando fue párroco el P. Juan Winkler no descuidó esta realidad y su presencia en el Cerro fue muy valiosa. Vivencias inolvidables para todos los que tuvimos la suerte de haber participado en las peregrinaciones al Cerro Monje, en tiempos en que se ponía en tela de juicio esa realidad de religiosidad popular, hoy convenientemente encausada gracias al esfuerzo, dedicación y buena voluntad de muchos.

Actualmente, en manos de la parroquia de San Javier, marcha muy bien organizada con la colaboración generosa de los distintos grupos que realizan una tarea eficaz en bien de las almas, dentro de las líneas de la Nueva Evangelización.

Gracias a una religiosidad popular apoyada en la devoción al Cristo del Huerto, hemos podido dar pasos positivos, purificando los encuentros del Cerro Monje de los peligros de la manipulación y de actividades puramente materialistas, supersticiosas o mágicas (Puebla, números 454, 456 y 449).

 

Oración a Nuestro Señor del Cerro Monje

Nuestro Señor del Cerro Monje,
que estás en lo alto del Cielo,
elevo mis pensamientos hacia ti
para pedir la paz universal,
la salud de todos los enfermos,
la unión de los hogares,
la lluvia para los campos
y el trabajo para quienes lo han perdido.

Nuestro Señor del Cerro Monje,
cuida mi cuerpo y mi alma,
protege mi hogar y mi familia,
líbrame de todo mal pensamiento
envidia y maldad.

Nuestro Señor del Cerro del Monje,
cúbreme de resignación y conformidad
para las duras pruebas de la vida.

Nuestro Señor del Cerro Monje,
dame fuerza material y espiritual
para luchar y vencer todos los obstáculos
que encontraré por el camino de la salvación.

Amén.

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BIBLIOGRAFÍA:
“Libro de Oro SVD” (1939)
“Las Libretas de Pedro Croharé” (1891-1895)
“Herz Jesu Bote”, (Steyl), (Julio de 1901)
“Leyenda del Cerro Monje”, trabajo práctico de Norma Ferreira, Francisco C. y Mirta H. Scholz (San Javier 1986).
“Relatos de Juan Ramón Escalada”, publicado en “Misiones” (1944)
“Misiones”, capítulo 33 (1897)

3 comentarios en: El Cerro Monje, leyenda e historia
  • Anibal

    Este este fin de semana… esta lindo el Cerro Monje, el gobierno esta construyendo un camino nuevo. Se puede llegar bien en auto o de a pie.

  • Margarita

    Es un hermoso lugar y muy caro a los sentimientos de muchas personas. Lástima que pocos pueden llegar a él, el camino se encuentra intransitable. Además no existe ningún servicio al peregrino. Hasta los sanitarios están inutilizados, sucios y rotos.

  • Timoteo

    Lamentablemente tengo que hacer este comentario poco favorable con respecto al Cerro Monje que estuve visitándolo con toda mi familia este fin de semana (07/08/11). Es lamentable y deprimente el estado en que se encuentra el cerro, descuidado, con aspecto de abandono total… Una verdadera pena, por un lugar tan místico…

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