Firmes en la Fe

Carlos Pretzel

Me gustaría compartirles, en unos pocos renglones, la bonita y enorme experiencia que hemos vivido en la “Jornada Mundial de la Juventud”, junto a más de un millón y medio de jóvenes de todo el mundo, en la bella ciudad de Madrid, bajo el lema: “Firmes en la Fe”. De nuestra comunidad, Helig Geist, viajamos cuatro personas: Jack, Gregor, Max, Daniel, Frank y yo (Carlos).

Hemos viajado en bus durante dos días, junto a otros 60 jóvenes de la Diócesis de Berlín. El largo camino por recorrer juntos hasta Madrid se hizo el lazo más noble para entrelazar y tejer, con los hilos de nuestras vidas, una experiencia única que recordaremos por el resto de nuestras vidas. Éramos personas de distintas comunidades, con distintas vidas y realidades viajando juntos con un mismo horizonte: Madrid, ciudad donde las diversas formas de vivir la fe se unificarían para ser, más que nunca, una sola como lo decía Jesús: “Sean Uno para que el mundo Crea”.

Nuestra primer Parada fue en Cromona (Italia), allí pasamos un día para que los conductores del Bus pudieran descansar y luego continuamos el viaje hacia España. Estuvimos albergados en la comunidad de los Identes. Su generosidad y hospitalidad para con nosotros auguraban la gran experiencia que teníamos por vivir en este encuentro de jóvenes.

El segundo alto que tuvimos fue en la bella Ciudad de Barcelona. No conocí al mejor jugador de fútbol que el mundo y Barcelona tienen, pero si sus bellas playas y algunas de las mejores personas del mundo que viven en la ciudad Catalán. Los 65 peregrinos fuimos acogidos por familias de dos comunidades: Sitgez y Vilanova. Estas familias nos albergaron, nos alimentaron, nos dieron un lugar donde dormir y, sobre todo, nos mostraron la magia del amor. Personas desconocidas sonriendo juntas, cantando, bailando, compartiendo experiencias de vida, deseándose lo mejor para los que continuaban viaje y para los que se quedaban. Y todo en un único lenguaje: EL AMOR, ya que prácticamente la comunicación en la misma lengua no existía. Tengan en cuenta que, salvo por mí, todos eran alemanes y no hablaban español y mucho menos Catalán. No me pregunten cómo se entendían en las casas, porque yo mismo no lo sé. Sólo sé que José Freinademtz diría que: “el amor es el lenguaje que entienden todos los hombres”.

En Barcelona unos 70 mil jóvenes de distintos países del mundo tenían su primer encuentro de las jornadas juveniles, entre ellos nosotros. Allí celebramos juntos la Eucaristía, en más de cinco lenguas distintas. El sol pegaba fuerte y la sed se hacía sentir, y esa experiencia nos hizo descubrir que nuestra sed de jóvenes peregrinos era distinta, estaba arropada con los colores de la búsqueda, y así como la cierva busca los manantiales, así con esos mismos deseos, juntos buscábamos saciar nuestra sed y juntos descubríamos caminos al manantial, Jesús.

De la provincia de Misiones viajaron tres personas, solamente tres, y no se imaginan la alegría que me dio encontrarlas en medio de esas 70 mil. Por pura casualidad las encontré, no nos conocíamos, uno era de Puerto Rico, otro de Wanda y una chica de Montecarlo, si mal no recuerdo. La alegría fue para los cuatro ya que en Barcelona no habían mucho más argentinos, éramos pocos porque los demás habían viajado a otros centros.

En Madrid la experiencia fue tomando diferentes colores: banderas alemanas, españolas, argentinas, brasileñas, paraguayas, ecuatorianas… que se entrelazaban con banderas de China, Japón, Congo, Israel, Filipina, Indonesia y tantos otros colores que eran motivo de búsqueda y de unidad para la foto, el abrazo y el diálogo. Tantas veces nuestras banderas nos separan y aquí eran el motivo más grande para la sonrisa, el abrazo y el “qué bueno que estés aquí conmigo”. No sabíamos todos hablar más de una o dos lenguas, pero con todos pudimos comunicarnos, con la simple palabra “foto”, con el simple gesto de la mano tendida y detrás una gran sonrisa de alegría, todos, absolutamente todos, hablábamos una sola lengua, una que no necesitaba palabras.

Benedicto XVI estuvo con nosotros. Aguanto y sufrió las inclemencias del tiempo igual que nosotros. No fue el intelectual que es, fue un joven más, habló desde el corazón y al corazón, así lo sentimos todos, a mí me sorprendió, la verdad no lo esperaba. Recorrió las calles e intentó encontrarse con todos los jóvenes. Yo vi sólo su gorrito, pero me quedo con su mensaje: “Jesús es una experiencia única, que no podemos callar” y que por amor debemos anunciar.

Sin duda, es muy difícil poder expresar la totalidad de una experiencia, ya que es vida. Pero Madrid dejó en nosotros una huella muy profunda, no por el turismo o porque estaba el Papa Benedicto, sino porque pudimos ver que somos tan diferentes pero tan iguales, vivimos con la misma fuerza nuestros sueños, nuestras utopías y nuestra Fe. Y como jóvenes queremos seguir siempre FIRMES EN ESTA FE que crea espacios de amor y diálogo, con colores y banderas diferentes, abiertos a todos, sin fronteras, ni límites. Somos jóvenes que soñamos un mundo mejor y que queremos jugarnos por ese sueño, que es el mismo que comenzó a soñarlo Jesús hace ya más de 2000 años y que hoy continúa gestándose en nosotros, no como ilusión, SÍ como realidad. Sólo vimos y vivimos la parcialidad de un todo en Madrid y quedamos maravillados, porque conocimos algo de lo que todos podemos llegar a ser, porque algo de eso ya somos.

Hoy Madrid continúa en nuestras comunidades y Jesús es nuestro compañero de camino y estará hasta el final de los tiempos junto a nosotros. Eso creemos, eso experimentamos y eso queremos vivir: Su sueño, mi sueño, tu sueño y nuestro sueño de jóvenes, FIRMES EN LA FE.

Carlos Pretzel
Estudiante SVD que está realizando su
experiencia transculutural (PFT) en Alemania

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