He pasado a ser parte de sus vidas

Quiero contarte hermano, que sigo con mi trabajo en dos proyectos de nuestra oficina de JUPIC, trabajando en el centro de acogida para niños y ancianos y también en un programa de nutrición para niños de la calle en dos lugares de la cuidad.

Estas son realidades muy duras, como siempre he dicho, que si no estás en ellas te resultan ajenas y se podría decir que hasta “salvajes” por la forma en que ves a los chicos comportarse y a las familias vivir en medio de verduras o basura. Pero desde el momento que te interesas por ellos y entras en su “mundo”, todos los prejuicios se caen y de una manera casi automática la relación cambia, se hace cercana y amistosa. Esto sólo ocurre cuando la forma en que uno se relaciona con ellos es desde la amistad, la confianza, y la verdad, los chicos que son parte del programa, tienen una capacidad enorme para captar cuando una persona es sincera y quiere realmente ayudarlos.

Es por eso que yo me siento muy contento estando con ellos, ya que nuestra relación es muy rica; ya no necesito del P. Heinz -precursor de estos lugares- que me acompañe para que me sienta seguro o fuera de algún peligro o casi ajeno o desconfiado de la gente. Creo que en cierto modo he pasado a ser parte de la vida de ellos que cada vez que llegamos al lugar a visitarlos con el programa de nutrición, corren a saludarnos y como si nos conocieran de toda la vida nos nombran y nosotros también a ellos, dejando de lado el adjetivo que la sociedad les ha puesto, el de “rugby boys” o niños que consumen pegamentos tóxicos.

Frente a la realidad de que debo regresar y poner fin a mi experiencia aquí en Filipinas, me pone muy melancólico y triste por lo que tengo que dejar, ellos son tan parte de mi experiencia, se han convertido en mi familia, lo cual dificulta las cosas… Pero confío en nuestro buen Dios en que ellos se encontrarán bien después de mi partida. Es tan increíble todo que ya me va quedando un poco más de un mes por acá, y no puedo negar que la ansiedad a veces me gana, los sentimientos encontrados aparecen para quedarse y provocar dolor, pero estos me enseñan lo valioso que son los chicos para mí, y que a pesar del dolor, ellos se han transformado en mi inspiración.

Es por eso que puedo encontrar aún fuerzas para continuar en la misión asignada y abrazada.

Sergio Candia
Estudiante SVD
PFT en Filipinas

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