Jorge Kemerer SVD

El 26 de junio de 1998, a los 89 años, falleció en Posadas (Misiones) Monseñor Jorge Kemerer SVD, el primer obispo que tuvo la diócesis de Misiones. Ordenado sacerdote en Roma, en 1932, a lo largo de 60 años extendió en el país su labor pastoral y sus obras en favor del bien común, tanto en lo espiritual como en la asistencia material a los más necesitados.

Actuó como obispo de Posadas entre junio de 1957 y junio de 1986, año en que se retiró por razones de edad y pasó a ser obispo emérito.

En sus casi 30 años de gobierno episcopal realizó una fecunda e intensa labor pastoral. Su primera década al frente de la diócesis coincidió con la convocatoria y la realización del Concilio Vaticano II y supo desarrollar, después, un mancomunado trabajo posconciliar con el clero y los laicos.

Entre sus logros se cuentan la creación de numerosas parroquias, la instalación de comunidades religiosas, la fundación del seminario eclesiástico y la atención de las comunidades aborígenes, además de la promoción escolar.

Kemerer había nacido, en 1908, en la localidad entrerriana de San Rafael, en el seno de una familia de ascendencia alemana. Ingresó a los 12 años en la Congregación del Verbo Divino.

Ya sacerdote, a mediados de la década del 30 se trasladó a Misiones, donde creó un colegio secundario que llevó el nombre de Roque González de Santa Cruz, el jesuita paraguayo fundador de pueblos en el país guaraní, en la Argentina y Brasil.

Entre 1951 y 1957 fue párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, en Buenos Aires, donde desplegó una activa misión pastoral, con la adhesión de la feligresía, que aún lo recuerda.

El tema de la educación constituyó una de sus preocupaciones fundamentales en la nueva diócesis. El 4 de abril de 1960 funda el Instituto Superior del Profesorado que bautiza con el nombre de un insigne misionero jesuita “Antonio Ruiz de Montoya”. Es la primera institución de estudios superiores de Misiones.

Su impulso educativo no se detuvo, y otras instituciones nacieron por su iniciativa; de distintos niveles y modalidades, respondiendo a las necesidades de la comunidad misionera. Como el Bachillerato Humanista Moderno, el Instituto Politécnico Beato Arnoldo Janssen, y establecimientos primarios como la Escuela Madre de la Misericordia y la Escuela Jesús Niño, entre otras.

Durante el régimen militar, entre 1976 y 1983, monseñor Kemerer visitó a presos políticos en su diócesis y llegó hasta las cárceles de Resistencia, Villa Devoto, La Plata y Rawson. Asistió a sus familiares y gestionó personalmente su liberación o la salida del país en condición de exiliados.

En diciembre de 1983, con 75 años cumplidos, presentó su renuncia ante el Papa, que fue aceptada dos años y medio después.

Retirado de la jefatura de la diócesis de Posadas, Kemerer prosiguió su trabajo en favor de los ciegos y de los últimos aborígenes misioneros.Una cruel enfermedad provocó su muerte, sumamente sentida en esta comunidad.

Sus restos fueron velados e inhumados en la iglesia catedral de Posadas.

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La otra cara de Mons. Jorge Kemerer

Por Wieslaw Wisniewski svd

Al principio de este relato, unos pequeños datos de su vida. Había nacido en un hogar campesino, muy laborioso y humilde a la vez, cuyos orígenes se remontan a los alemanes del Volga. Nació en la Aldea San Rafael, provincia de Entre Ríos, el 13 de setiembre de 1908. En total eran 14 hermanos. Estudió en el Colegio Guadalupe de Buenos Aires y luego en Roma, donde fue ordenado sacerdote el 30 de octubre de 1932.

Inició su tarea pastoral en la provincia de Santa Fe. En marzo de 1934 es designado como vicario parroquial de la parroquia San José de Posadas. Era el año de la beatificación de los misioneros jesuitas Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Este hecho, y la lectura de la vida de los beatos le inspiraron a proponer el cambio de nombre del Colegio San Miguel por el de Roque González, en 1937, año en que fue nombrado director de esa institución educativa.

Más tarde actuó como rector del Seminario de Corrientes y finalmente párroco de la Basílica Espíritu Santo de Palermo (Buenos Aires). Respondía, por lo demás, a una sólida formación religiosa sustentada con sus estudios en Roma, que le concediera el rango de doctor, trasluciendo su conocimiento del Evangelio con una oratoria sagrada llena de mensajes.

Jorge Kemerer, sacerdote de la Congregación Misionera del Verbo Divino, fue elegido para ser el primer obispo de la nueva diócesis de Posadas, que abarcaba toda la provincia de Misiones. El 6 de julio de 1957 llegó a la sede posadeña, desde la Basílica Guadalupe del barrio metropolitano de Palermo, donde era párroco.

Fue el pastor que recorrió todos los rincones, tratando de no olvidarse de nadie. Procuró ser voz de los que no tenían voz, en especial de los ciegos e indígenas. Fue el “pastor diligente” en todas las necesidades de la comunidad, en un ambiente complejo, ya sea por la ubicación limítrofe, con las dificultades de las comunicaciones y sobre todo, por la increíble diversidad de culturas, de superposición de razas y nacionalidades, descendientes de alemanes, polacos, ucranianos entre tantos y al mismo tiempo una extensión multiforme de religiones y sectas. A todo dedicó sus esfuerzos, a todos escuchó con atención, ninguna situación fue ignorada. Atendió a todos sin mirar a quien. Todo lo hizo sin esperar elogios ni mostrar ostentaciones de un merecido reconocimiento.

Casi durante tres decenios, ejerció la noble y delicada labor episcopal, con sabia ubicación mental, práctica de estrategia de lugares, de personas, de comunidades sobre todo, pero sin olvidar a nadie. Era, es claro, un ambiente que ya había vivido antes, por años como sacerdote misionero, maestro, como párroco organizando e impulsando siempre, sin cansancios.

Su preocupación por el prójimo queda de manifiesto en los momentos difíciles que vivió nuestra patria. Sus gestiones en favor de la libertad de presos políticos en época de desenfreno, salvó muchas vidas.

¡Cuántos viajes y pedidos de audiencia ante diversas autoridades!

Es aquí donde quiero escribir unos de los tantos episodios de su vida que pocas personas conocen, debido a que nunca se ha escrito. Con la ayuda de un colaborador de Mons. Jorge, el Sr. Carlos Alberto Fangano, quien por 39 años lo acompañó en su pastoral. En su segunda carta abierta a Mons. Kemerer, del año 1998, describe detalladamente un episodio en la época de la Dictadura Militar del ‘76. Se trata de un preso cercano colaborador del Obispo, Hugo Orlando Mathot.

Carlos escribe en su carta lo siguiente:

“Recientemente me vengo a enterar por medio de mi amiga la Profesora María Teresa Murciego, que le comentara cuando quedó libre el Sr. Hugo Orlando Mathot, que en una de sus visitas de Monseñor a dicha cárcel, tardaron un día en hacerlo entrar para ver a los presos en sus celdas, pero ante la insistencia de él cedieron, pero lo hizo entrar descalzo y casi sin ropa.
Cuando Mons. Kemerer lo vio al señor Mathot, estaba todo desfigurado por la tortura. Dice que Monseñor se acercó despaciosamente, lo abrazó fuertemente y lo acunó largo rato en silencio…
Me comentó su señora esposa, Ana María Bonorino, que en esa oportunidad ella había ido con Monseñor a Resistencia, pero no la dejaron entrar, tuvo que regresar con los alimentos que le había llevado. Sí la dejaron entrar en la cárcel de Devoto, Buenos Aires, también de la mano de Monseñor.
Me comentó la Profesora Murciego, que cuando lo trasladaron a Devoto al Sr. Mathot, organizó con los presos al atardecer, hacer un círculo en el patio de dicha cárcel y rezar el Santo Rosario por los represores y demás”.

En otro momento, Carlos me comentó que uno de los colaboradores del Obispo era perseguido por los militares y un día lo siguieron hasta el Obispado. Ahí Mons. Jorge lo escondió en el placar de su despacho arriesgando su propia vida, sin embargo, la mano de Dios lo protegía. Esa valiosa actuación de Monseñor, que no le importaba mucho a él mismo, sino la vida del hermano cercano. Muchos ejemplos de esta índole podemos encontrar en la persona del Obispo de Posadas.

La época de la Dictadura Militar dejó un gran número de desaparecidos, otro tanto de heridos profundamente no sólo en el cuerpo, sino en el alma. Pero por otro lado había personas valientes, que no le importaban la amenaza de muerte, sino la vida del otro como lo hacía nuestro cohermano, Mons. Jorge Kemerer.

También era muy importante para Monseñor la educación, le importaba mucho la juventud. A ellos les recordaba que el esfuerzo por hacer bien las cosas vale mucho a los ojos de Dios. Les decía también sobre el valor que tiene el trabajo en la vida. Él mismo desde su temprana edad tuvo que trabajar. Decía que a los 9 años tenía que cosechar el trigo durante la noche, porque el calor era insoportable y para no tener miedo, entonaba las canciones que su madre alemana le cantaba cuando era niño.

Se afligía mucho por los alumnos pobres de aquí y de allá y decía a su colaborador, Carlos, “también preocúpate por los alumnos pudientes, porque pueden ser pobres de espíritu”. Su preocupación por los jóvenes era tan grande, que siempre cuando hacía visitas pastorales al interior de la diócesis, antes de ir a la Iglesia, visitaba las escuelas del lugar y hablaba con los alumnos. En su Instituto (Antonio Ruiz de Montoya), se comenta que cuando visitaba las mesas examinadoras soplaba a los alumnos haciéndoles señas o guiños de ojos.

También en su pastoral tenía una gran preocupación por las aldeas indígenas. En el mayor silencio, cuando ya se había escuchado las vanas promesas de “proteger a los primitivos de esas tierras”, Mons. Jorge había obtenido tierras y recursos que le permitieron organizar dos aldeas de los Mbyá Guaraní, con todos los medios a su alcance para procurar la dignificación humana de una vida organizada. Se crearon medios de labor, escuelas bilingües, con apoyo cristiano, pero sin intervenir en sus creencias ancestrales.

Dios lo llamó el 26 de junio de 1998, a los 89 años.

En su carta abierta, Carlos propone para que por Mons. Jorge Kemerer se plante un árbol de Caña Fistula en cada escuela, porque era el árbol que más le gustaba. Y escribe Carlos:

“seguro que desde ese lugar de Luz que ocupará junto al Padre Eterno, estará reconfortado por el camino que recorrió especialmente por su Pastoral, la Educación, los Aborígenes, los Agricultores y los Presos Políticos.
Por eso lo del árbol que los invito a plantar, para que él siga teniendo vida como el Soneto de Francisco Luis Bernárdez que el tanto amaba ‘lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado’…”

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Mi agradecimiento al Señor Carlos Alberto Fangano por la colaboración. Mil Gracias. Trabajó en el Instituto Montoya, Bachillerato Humanista, y colaboró con las Aldeas de Fracrán y Perutí.

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Mons. Jorge Kemerer, vida y obra

Por Wieslaw Wisniewski svd

En el presente artículo queremos subrayar las huellas que ha dejado nuestro cohermano Jorge Kemerer como misionero y pastor de una diócesis. En nuestro suelo argentino hubo y hay muchos verbitas que llevan adelante el mandato de Jesucristo: “anuncien la Buena Noticia a todos los pueblos”. Cada uno lo hizo y lo hace en distintas formas pero la finalidad es la misma.

Mons. Jorge Kemerer era una persona especial, su forma de ver la realidad era muy novedosa para sus tiempos. Las enseñanzas del Concilio Vaticano II eran para él una motivación fuerte para llegar a todos sus feligreses, de todas las edades sin distinción ninguna, sin fijarse de que clase provenía, pero lo más querido por él eran los niños, adolescentes, mayores, agricultores e indígenas.

He aquí una pequeña reseña histórica de su vida y obra.

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1. Niñez y adolescencia

Nació el 13 de setiembre de 1908 en la Aldea San Rafael, Departamento de Paraná, Pcia. de Entre Ríos, en el seno de una familia con catorce hijos. Hijo de Juan Kemerer y Ana María Jakob. Su familia, como todas de la Aldea, lograba salir adelante gracias al esfuerzo de todos sus integrantes. Cada uno ponía de sí lo que su edad le permitía. Jorge era uno de ellos, al punto que a los nueve años ya trabajaba en el campo cosechando el trigo. Lo hacía de noche para soportar el calor y según cuenta para no tener miedo a la oscuridad, entonaba las canciones que su madre le cantaba en alemán cuando era pequeño.

Cuando cumplió doce años marchó a Buenos Aires para entrar en el colegio de los Misioneros Verbitas, que se encuentra en el barrio de Palermo de dicha ciudad. Seis años después, iniciaba allí el noviciado de la Congregación del Verbo Divino, luego el estudio de las humanidades y la filosofía y por ser un estudiante destacado fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana y finalizando su preparación en la Universidad de Compañía de Jesús (Padres Jesuitas).

2. Primeros años del sacerdocio

Jorge Kemerer recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Roma el 30 de octubre de 1932 y demoró el oficio de su primera misa para hacerlo en su pueblo natal, rodeado de su vasta familia y de un vecindario tan reducido como piadoso y exultante por tener a un sacerdote salido de su seno. Enseguida fue enviado para ejercer su ministerio en el sur de Santa Fe, esperando, entre tanto, su primer destino oficial desde el Provincialato.

Pronto, en 1934, recibe su primer destino, coincidiendo con la beatificación en Roma del Padre Roque González de Santa Cruz, quien se desempeñaba en la labor misional entre los Guaraníes de Misiones. Es nombrado vicario de la Parroquia San José, de la ciudad de Posadas. En 1937 se agregó a su acción una nueva responsabilidad, director del Colegio San Miguel, hasta ese entonces, y debido a su solicitud se pone el nombre al recién beatificado Roque González.

Los superiores de la Congregación del Verbo Divino, habían visto en el Padre Jorge Kemerer una preparación para tomar diversas tareas, que paulatinamente fueron designadas. Por ello en 1938 es trasladado a Rafael Calzada, Pcia. de Buenos Aires y por disposición del Superior General en Roma que ordena al Superior Provincial en Buenos Aires, para su envío junto a otro sacerdote a colaborar en la Nunciatura de Honduras, durante 1939 y 1940. De su estadía en Centro América suele recordar como anécdota que para sus tareas pastorales debían trasladarse, por condiciones de terreno, en mula o avión. Cuando concluyó la misión, sus superiores le ordenaron volver a la Argentina y lo destinan como párroco de la Iglesia San José de la ciudad de Posadas, cargo que asumió en 1940.

Desde su llegada Kemerer se mostró activo, visitando las parroquias, colegios, visitando a los directivos y alumnos, casa de religiosas. Pero hubo más, ya estaba en preparación, el Primer Congreso Eucarístico y Diocesano en Misiones, vale la pena aclarar que dicha provincia era un territorio que formaba parte de la Diócesis de Corrientes. La organización de tan importante reunión fue encomendada al Padre Jorge Kemerer. Dicho Congreso se realizó en el mes de octubre de 1942, se construyó un monumental altar en la ribera del Paraná, en la Plaza República del Paraguay, donde se levantó una inmensa Cruz, allí se realizaron los actos centrales, finalizando con una solemne procesión del Santísimo Sacramento.

Un año más tarde se planteó una situación inesperada. Un movimiento militar depuso a las autoridades constitucionales y designó interventores en las provincias y territorios nacionales. Se produjo un conflicto, entre el gobierno y Jorge Kemerer. Debido a un desacuerdo con la autorización dada para realizar en la plaza principal, ya pasado los días del Carnaval e iniciada la Cuaresma, los bailes denominados de Mi Caréme, totalmente ajeno a las costumbres locales, esa costumbre era un escándalo y un hecho reñido con la moral. Esto produjo un desentendimiento entre los interventores y Kemerer, Y en medio de las acusaciones de los agentes locales con la iglesia, y para evitar mayores conflictos, Padre Jorge Kemerer debió marcharse de Posadas con un nuevo destino.

3. Nueva Pastoral en Buenos Aires

Después de lo sucedido en Posadas, Padre Kemerer fue designado rector del Seminario de la Diócesis de Corrientes, confiado desde tiempo atrás a los Verbitas. En este cargo permaneció poco tiempo ya que en 1951, debió asumir el gobierno de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Buenos Aires, por fallecimiento de su antecesor el famoso Padre Federico Rademacher. Uno parecía seguir al otro, porque hasta 1924, el Padre Rademacher había sido vicario de Posadas, de donde salió en medio de la multitud que lo aplaudía para ser párroco de Guadalupe. Hoy una avenida de Posadas lleva su nombre.

Kemerer no necesitó mucho tiempo para que su feligresía lo acompañe en las diversas obras, entre ellos edición de un periódico, Testimonio, para llegar a toda la comunidad y la catequesis destinada a los niños y adolescentes.

Pero a fines de 1954 la iglesia tuvo que enfrentar un conflicto promovido por el gobierno nacional. Los Obispos, su clero y el laicado fueron objetos de calumnias y todo objeto de agresiones y persecución. A ningún párroco de Buenos Aires, se le ahorró la cárcel, que para el de Guadalupe comenzó en el atardecer del 16 de junio de 1955, mientras el fuego destruía las más antiguas iglesias de la ciudad. La liberación del Padre Jorge Kemerer, junto con los otros sacerdotes presos, convocó a la comunidad guadalupana al son de sus poderosas campanas.

4. Obispo Kemerer

Por la Bula Quando Quidem Adorando del Santo Padre Pio XII, el 11 de febrero de 1957, se creó la Diócesis de Posadas, designándose el primer Obispo de la misma al Padre Jorge Kemerer. El día 8 de junio se realizó su consagración episcopal en la Basílica del Espíritu Santo en Buenos Aires. Su consagrante fue el obispo de Jujuy, Monseñor Enrique Mühn y concelebrantes Monseñor Manuel Tato y Monseñor Manuel Menéndez. En Posadas, miles de personas le dieron la bienvenida y recibieron su bendición.

Para Monseñor Kemerer, desde el comienzo de su ministerio sacerdotal y siendo ya Obispo, la catequesis fue su objetivo esencial. Recorría por todos los medios de transporte posibles como el barco, el automóvil, sin desdeñar la avioneta y el carro polaco, apelando en algún caso al tractor y dada la enorme carencia de sacerdotes prepara un libro guía para “Actos de Culto para Semana Santa” y “Celebraciones de la Palabra” usándolas en poblaciones y colonias de la Diócesis donde falta el sacerdote para la ceremonia litúrgica. Profundo conocedor de la vida de los agricultores y del trabajo en el monte, desde el primer momento en que se hace cargo como Pastor de su Diócesis, teniendo en cuenta su problema toma conciencia aquello que como Obispo debía realizar en lo temporal, visita los lugares más apartados llevando la palabra reconfortante y de aliento a su feligresía.

El Concilio Vaticano II, marcó el momento más importante en la historia contemporánea de la Iglesia Católica. Fue Monseñor Kemerer quien luego de participar de todas las gestiones del magno encuentro, se puso a la tarea de actualizar las orientaciones de la misma. Las palabras de Santo Padre Pablo VI al clausurar el Concilio Vaticano II quedaron marcadas en su forma de proceder.

“El mundo en que vivimos tiene necesidad de belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es la que pone alegría en el corazón de los hombres, es ese fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicar en la admiración” (Pablo VI; mensaje a los artistas, el 08 de diciembre de 1965)

5. El Obispo Docente

No es exagerado decir que Jorge Kemerer fue continuador, siglos mediante, de la inigualable obra de los jesuitas realizada en los distintos lugares de América y de Asia, sin olvidar a San Arnoldo Janssen, que misionó donde estuvieron los hijos de San Ignacio de Loyola y los suyos propios.

Su gran obra en materia docente lo constituyó la creación del Instituto Superior del Profesorado “Antonio Ruiz de Montoya”, el 04 de abril de 1960, en las instalaciones del Instituto Santa María, que pertenecen a la Congregación Misioneras Siervas del Espíritu Santo, donde comienzan a dictarse las clases de dicho instituto, siendo la primera casa de estudios terciarios superiores de Misiones. Su creación obedeció a la necesidad de formar docentes especializados para establecimientos educativos de nivel medio. La pedagogía enraizada en la cultura misionera: arraigada, creadora y comunitaria, fue el eje principal de los estudios. Las cuatro primeras carreras fundadas son: Castellano, Literatura y Latín; Historia; Geografía; Filosofía y Pedagogía. El primer rector fue el Prof. Jalil Cura.

Para la creación del Instituto recibió el acompañamiento de dos célebres educadores: Padre Ismael Quiles y Padre Guillermo Furlong, ambos sacerdotes Jesuitas. También cabe recordar que los primeros docentes del Instituto provenían, en su mayoría, del Profesorado de la ciudad de Paraná. Otro dato importante es que desde el principio el Instituto de Montoya tenía carácter ecuménico aceptando alumnos de distintas confesiones religiosas y sin ella.

Dos años más tarde fue creado el Bachillerato Humanista Moderno de Misiones, en 1962, teniendo en cuenta los principios de la Libertad de Enseñanza que ofrece a los jóvenes la oportunidad de alcanzar una formación integral, en lo humano, social, cívico y moral. En la actualidad dicho Bachillerato lleva el nombre de Monseñor Jorge Kemerer.

Entre tantas creaciones se encuentra una de gran agrado de Monseñor, el Instituto San Arnoldo Janssen, con la orientación técnica, preparando jóvenes con distintos oficios para la zona. Además de creaciones de numerosas escuelas primarias y secundarias, en la ciudad de Posadas y el interior de la provincia de Misiones.

6. Los Derechos Humanos

A pocos años de asumir el episcopado, a Monseñor Kemerer le tocó gobernar a su grey en parte dispersa por la diócesis. Fueron años difíciles para la Iglesia, debieron sufrir muchos miembros de ella; tanto el clero como los laicos. La represión militar que hubo en esa época no conocía antecedentes en el país y en muchos casos, lamentablemente, contó con el apoyo de los sectores laicos. Monseñor Kemerer, sin embargo, se mostró muy valiente y sin ningún miedo acompañó a los presos políticos.

Nos relata Padre Correa: “En la época de la última dictadura militar (1976-1983), era obispo de Posadas, que entonces abarcaba toda la provincia de Misiones, Monseñor Jorge Kemerer, quien tuvo una actitud comprometida con los presos políticos y sus familiares. Realizó numerosas gestiones a nivel nacional y provincial a favor de los ciudadanos misioneros detenidos, sin escatimar tiempo ni medios para socorrer espiritual y materialmente a las familias desesperadas. Varias veces visitó y alentó espiritualmente a estos presos en cárceles de la provincia y fuera de ella. Animó a los sacerdotes para que atendieran y acompañaran a los familiares de los presos y desaparecidos”.

Un tema especial para él era la situación de tantas familias empobrecidas, desocupadas y sin ninguna atención por parte del Estado. Se preocupó constantemente desde que asumió, por los agricultores, en sus reclamos justos. Bregar por el crecimiento integral del hombre y su participación para hacer más fecunda la evangelización. Invitaba a preservar la identidad cultural de los hombres como garantía del respeto que cada uno merece. Subrayaba la necesidad de la formación de una conciencia social donde pobres y ricos tienen los mismos deberes y derechos para construir una comunidad solidaria, basada en la justicia y el bien común.

Como expresa Monseñor Kemerer en la carta de 1980 a los miembros del Rotary Club de Posadas: O la paz se construye con el aporte consciente de todos, es decir gracias a una “solidaridad verdadera que ayude a los más débiles, que lleve a una reforma de las estructuras económicas injustas, que promueva por medio de la caridad universal un mundo más humano” (Populorum Progressio, 43-44) o la violencia desencadenada ya, se instalará a escala continental y universal.

Otro tema de mucha preocupación del Monseñor Kemerer era tomar conciencia y la acción hacia una Pastoral Indígena. Más tarde escribe a sus colaboradores “en efecto, el compromiso que asumí en nombre de nuestra Diócesis cristalizó entorno a dos comunidades guaraníes, Fracrán y Perutí, cuyos ancianos líderes plenos de lucidez, voluntad y decisión, emprendieron con su pueblo un camino de trabajo, autogestión y búsqueda de inserción digna en la sociedad”.

Era promotor del encuentro de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que trabajan con hermanos aborígenes, para proyectar el futuro camino pastoral. Él mismo redescubrió y profundizó el sentido pastoral con los aborígenes de Misiones, y al hacerlo, dio prioridad a los sectores más pobres y marginados. Respetó sus creencias, ancestrales, forma de expresión y estilo de vida.

7. La Pascua de Monseñor Kemerer

Monseñor Kemerer, luego de una convalecencia prolongada, fallece en la ciudad de Posadas, el día 26 de junio de 1998 a las 21:15 horas a los 89 años. Sus restos fueron velados en el Instituto Montoya, en el Oratorio Nuestra Señora de Loreto, desde las 23:00 hasta las 16:00 horas del día siguiente en que fueron trasladados a pie hasta la Iglesia Catedral de Posadas donde recibió los honores debidos a su investidura. La misa de cuerpo presente fue concelebrada por el Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi, el Arzobispo de Paraná y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Monseñor Estanislao Karlic, el Obispo de Posadas Monseñor Alfonso Delgado, el Obispo de Iguazú Monseñor Joaquín Piña Bettlevell, el Obispo de Santo Angelo (Brasil) Monseñor Estanislao Kreuz, el Obispo de Itapúa (Paraguay) Monseñor Jorge Livieres Bank y el Eparca Ucraniano Monseñor Miguel Mykycej y demás autoridades eclesiásticas.

Una delegación de aborígenes de las comunidades de Fracrán, Perutí, San Ignacio, Catupirí y Oberá, vestidos con ropas típicas, le rindieron homenaje en una ceremonia M´bya. Los aborígenes, por los que Monseñor Kemerer luchó para brindarles una mejor vida sin distinciones, lo despidieron con cantos, bailes y oraciones en su lengua M´bya dirigidos por un chamán.

El día 29 de junio a las 11:00 horas, sus restos recibieron cristiana sepultura en la Iglesia Catedral.

El día 17 de agosto se le puso el nombre de “Jorge Kemerer” a la Avenida Costanera. El acto fue presidido por el entonces Intendente de la ciudad de Posadas, Ingeniero Carlos Rovira. Asimismo, el día 16 de setiembre se le impuso, a las 16:00 horas al Bachillerato Humanista Moderno y a las 18:00 horas, al Aula Magna del Instituto Montoya el nombre de “Monseñor Jorge Kemerer”.

“Afirmar en nuestro medio el principio de libertad de enseñanza y, en la persona y nombre de Montoya, honrar a todos los sacerdotes de las misiones guaraníes y a todos los hijos espirituales que actuaron en las Américas y que se distinguieron especialmente en la educación de la juventud americana”. (Palabras de Monseñor Kemerer en el discurso inaugural del Instituto Montoya, año 1960)

“…No quise conducirlos a un reino de realidades ideales, sino ponerlos sobre un camino que asciende y en el cual nadie puede suplir la pureza y la firmeza de los pasos que ustedes dan y deben dar. Pero si ustedes renuevan su fervor y saben abrir picadas de pioneros, otros los seguirán y muy pronto – ¡antes de lo que piensan! – Verán como veo yo que detrás marcha una multitud. Y caminan alegres porque es el camino de la libertad”. (Palabras de Monseñor Jorge Kemerer pronunciadas en el Discurso de Inauguración del Ciclo Lectivo – 1983)

Al finalizar la reseña histórica de la vida de un misionero verbita y pastor de la Diócesis de Posadas ofrecemos esa carta escrita por el acompañante de Monseñor Kemerer, Señor Carlos Alberto Fangano, escrita a tres días de su partida al cielo y publicada en el diario “El Territorio” del día 20 de julio de 1998, diario “Primera edición” del mismo año, los dos diarios de la ciudad de Posadas y en la revista “Juglaría” del Instituto Superior Antonio Ruíz de Montoya, Posadas, 2008. Homenaje diferente con recuerdos de facetas poco conocidas del Obispo.

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Carta abierta a Monseñor Jorge Kemerer

Si escribo esta carta es especialmente para los jóvenes y niños, monseñor, usted sabe bien que ellos en este momento de nuestra querida Argentina no creen que pudieron o pueden existir personas de buena voluntad como usted. En estos momentos ellos no saben de quien agarrarse. Por eso si me permite le voy a contar un poco cómo yo lo vi:

¿Se acuerdo, monseñor, cuando me contó que a los nueve años Usted cosechaba el trigo en su Entre Ríos natal y que lo hacía de noche por el calor y para no tener miedo Usted entonaba las canciones que su madre alemana le cantaba cuando era pequeño?

¿Se acuerdo, monseñor, su alegría cuando un grupo de pensionadas de la segunda guerra mundial puso un cuatro por ciento de su pensión para construir el edificio donde en aquel primer momento funcionaron el Bachillerato Humanista y la Escuela Madre de la Misericordia?

¿Se acuerda, monseñor, cuando hace 22 años me encomendó la buena tarea de recorrer todas las escuelas de Misiones porque Usted notaba la falta de información de los jóvenes y me dijo: “No lleves solo la información del Montoya, lleva también la guía de la UNaM?

¿Se acuerda, monseñor, cuando me llamó al rectorado y a solas, cubriéndose los ojos, lloraba como nunca lo vi llorar porque le habían dejado en la cárcel de Entre Ríos y Ayacucho los restos de nuestro alumno Manolo Parodi? ¿Y cuando por él celebró la Palabra en Margarita Belén, Chaco? ¿Y esa vez que me contó que en la cárcel de Resistencia adonde había ido a visitar a otros presos políticos, lo hicieron pasar descalzo, le sacaron su anillo de obispo y Usted les dijo que si seguían desconfiando se desnudaba? ¿O la alegría cuando fuimos a la cárcel de Candelaria para reencontrarnos con Eusebio Dominico, otro alumno, quien a su regreso dijo que Usted había sido su verdadero salvador?

¿Se acuerda, monseñor, cuando el último gobernador de turno de la dictadura nos sacó el subsidio para los sueldos de Montoya y entonces juntos fuimos a Buenos Aires a la contaduría de la Nación y Usted golpeaba con su puño la mesa de aquella contadora que nos atendió, y como no conseguimos nada logró una audiencia con el presidente Bignone mientras yo lo esperaba sentado en el monumento a Belgrano de la Plaza de Mayo? ¿Y que a las tres horas de esa reunión me entregaron en la tesorería del Ministerio de Economía de la Nación el cheque que deposité en el Banco Provincial de Misiones de la Capital federal y a las 18 de ese mismo día mis compañeros del Montoya ya estaban cobrando sus sueldos?

¿Se acuerda, monseñor, cuando yo me afligía por los alumnos pobres de aquí y de allá y entonces Usted me dijo: “También preocúpate por los alumnos pudientes porque pueden ser pobres de espíritu”?

¿Se acuerda, monseñor, cuando Usted aceptó la bendición del pai Antonio Martínez en el opy (casa de oración) de Fracrán?

¿Se acuerda, monseñor, cuando Usted bailo el vals de los quince años del Montoya con Tita Ceccarini y cortó la torta con tanta alegría?

¿Se acuerda, monseñor, cuando mi hijo Leonardo jugaba al futbol con Usted, o cuando Rosina le daba de comer en la boca o cuando hamacaba a Evangelina cuando era bebé? ¿Y cuando Cecilia jugaba con Usted a tomar una gaseosa y cuando hoy Cristina le dejó las cinco rosas de agradecimiento y despedida?

¿Se acuerda, monseñor, que cuando fuimos a la casa de Federico García Lorca en España, con Alfredo Tufró, Usted me aseguraba que el poeta no era cristiano y que apenas entramos vimos un cuadro inmenso de Jesús del Gran Poder y me dijo al oído… “¡Me diste una lección!”?

¿Se acuerda, monseñor, la alegría de sus lágrimas cuando dio la misa en la iglesia de Belmonte, España, donde fue bautizado San Juan del Castillo?

¿Se acuerda, monseñor, cuando Usted visitaba las mesas examinadoras y les soplaba a los alumnos haciéndoles señas o guiños de ojos?

¿Se acuerda, monseñor, cuando intento enseñarme a jugar truco en el avión?

¿Se acuerda, monseñor, cuando me comentaba que en sus visitas pastorales a pueblos del interior, antes de ir a la iglesia, Usted visitaba las escuelas del lugar y hablaba con los alumnos?

¿Se acuerda, monseñor, cuando me comentó que el presidente Alfonsín y el presidente Stroessner aceptaron ponerle, a sugerencia suya, “San Roque González de Santa Cruz” al puente que une Posadas y Encarnación, pero que ninguno de los dos mandatarios tolerarían estrecharse la mano en la inauguración y que Usted les dijo a ambos que podría hacerse cargo de esa ceremonia?

¿Se acuerda, monseñor, cuánto bregó por el Instituto Janssen que era uno de sus más grandes orgullos y hasta me hizo promocionar la carrera terciaria del establecimiento por todo el interior?

¿Se acuerda, monseñor, aquella vez que nos reímos juntos cuando yo le dije que el día que Usted pasara a la otra vida en la puerta de entrada del cielo lo iban a esperar de un lado San Roque González de Santa Cruz y del otro el padre Antonio Ruíz de Montoya y me respondió como siempre: “¡Pero fíjese!”?

Lo que no me acuerdo, monseñor, creo que nunca lo hice, es haberle dicho que lo quería con toda mi alma y que Usted fue para mí mi padre espiritual, porque Usted estaba siempre en el momento preciso. Por eso cuando le di el último adiós para su descanso eterno tuve presente la expresión de Fabio Cáceres quien dice al despedirse de Don Segundo Sombra: “Me fui como quien se desangra”. Debe ser porque Usted fue para mí un Don Segundo Sombra en mi vida.

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P.D. El texto escrito está basado en los materiales privados de Carlos, las entrevistas y datos históricos tomados del periodista Enrique Mario Mayochi del diario “La Nación” y publicadas en el suplemento del boletín informativo AICA Nº 2638 del 11 de julio de 2007.

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Un comentario en: Jorge Kemerer SVD

  1. Alicia dice:

    Increíble y maravilloso testimonio! Gracias por darnos a conocer detalles de la vida de este Gran Ser Humano! Persona comparable sólo con los Santos. Bálsamo para nuestros corazones y guía para cada uno de nosotros en tiempos tan controvertidos, en donde se busca vaciar de contenido el verdadero sentido de los valores y las acciones.

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