La Palabra de Dios nos hace hermanos: el colectivo y la Navidad

Hora siete. Es la agradable mañana del lunes. Un grupo de personas, diez o quince, espera la llegada del colectivo. Escolares y empleados con sus respectivos uniformes y hombres y mujeres que por un motivo equis, viajan al centro de la ciudad. Observo la escena.

Todas las personas miran en la misma dirección. En la dirección de donde vendrá el transporte público.

Algunas, un tanto impacientes, cada tanto controlan la hora. “¿Cómo demora tanto?”, mascullan entre dientes. Otras, cuatro o cinco, entretenidas en no sé qué con su celular. Dos o tres esbozan una conversación: “¡Lindo día!”. Los estudiantes repasan la lección. Intentan memorizar unos textos. Sospecho que les amenaza una prueba escrita. Más pasajeros van sumándose al grupo, cada vez más numeroso. Ante la tardanza hay quienes, impacientados, amagan con buscar un medio de transporte alternativo, para no llegar tarde a la oficina.

El ruido cada vez más cercano de un motor alerta a todos. Levantan la cabeza. Miran… ¡no es! Desalentados, siguen esperando.

 

Colectivo y Navidad

¿Qué tiene que ver el colectivo con la Navidad? ¿Qué te parece?

– La Navidad viene a ser la parada en la que creyentes y no creyentes esperan, a su manera, la llegada de un salvador.

– Jesús es el colectivo, el transporte, que conduce al destino (Jn 14,6). Su arribo no tiene horarios. Llega en el momento menos esperado y por la calle menos pensada. Silenciosamente.

– María de Nazaret también lo esperaba. Como muchas personas de su tiempo. Quedó sorprendida al enterarse de que el Mesías venía “a contramano”. “¿Cómo puede ser si no convivo con ningún hombre?”… El Espíritu Santo abre nuevos caminos (Lc 1,35).

– No menos embrollo y confusión vivió José, su marido (Mt 1,19).

– Piel de gallina y sudor frío invadió al sanguinario rey Herodes y con él, a toda la población, al enterarse por medio de peregrinos extranjeros, del nacimiento del rey de los judíos (Mt 2,3).

 

Versiones populares

Distintas versiones y comentarios circulaban en el país, con respecto al Mesías.

– “¿Eres Tú el que debe venir o esperamos a otro?” (Lc 7,20)

– “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1,45-46)

– “Yo sé que va a venir el Mesías… Cuando Él venga” (Jn 4,25)

– “Sus hermanos no creían en él” (Jn 7,5)

– “Todo el mundo hablaba de él” (Jn 7,12)

– “Cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde viene” (Jn 7,27)

– “Nunca un hombre ha hablado como este hombre” (Jn 7,46)

– “Si eres el Mesías, ¿por qué no lo dices de una vez?” (Jn 10,24)

– “¿Quién es éste que hasta el viento y el mar lo obedecen?” (Mt 8,27)

– “Unos afirman que es Juan, el Bautista” (Mt 16,14)

– “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mt 27,54)

Y una extensa lista de opiniones para todos los gusto, como lo podrás verificar al leer el Evangelio.

 

Navidad

Indudablemente, también después del 11/11/11 a las 11 y 11 segundos, el mundo espera la Navidad. Espera la venida de un colectivo salvador. Cada cual lo espera a su manera.

Lo espera el comerciante. Basta caminar por la congestionada vereda de la ciudad y observar las ofertas en vidrieras y carteles y la publicidad en diarios, revistas y la tele.

¿La espera el político? También el político apela a los sentimientos religiosos y mediante pasacalles saludo a sus correligionarios y al pueblo, deseándoles paz y felicidad.

La espera el deportista que aprovecha el receso o la finalización del torneo para regresar a la querencia y pasarla en familia.

La esperan los dueños de los boliches al programar un espectacular baile de Nochebuena para que los chicos la pasen bien.

La esperan los dirigentes gremiales al promover la recolección de juguetes y golosinas y distribuirlos a los niños.

La espera el turista que a lo largo del año va ahorrando pesitos en vista de la posibilidad de disfrutar por unos días en algún centro turístico.

La espera el habitual apostador de la lotería con la ilusión de sacarse “La Grande o el Gordo de Navidad”.

La espera la Iglesia que durante las cuatro semanas anteriores motiva a sus fieles a la preparación espiritual y a la celebración cristiana del nacimiento de Jesús.

La espera la iglesia doméstica en el armado del tradicional pesebre familiar.

La esperan los animadores pastorales al ensayar con los niños adoradores-

Y una larga lista más de quienes esperan, de acuerdo a su situación personal. Cabe la pregunta: ¿a quién esperan y por qué lo esperan?

¿Lo esperás vos? Te acompaño.

P. Mariano Zakowicz SVD

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