Los grupos misioneros, riqueza de la Argentina

Por Osvaldo Pablo Leone *

En la Argentina, desde hace muchos años, el caminar misionero se expresa en un fenómeno constante con el nombre de Grupos Misioneros, que ante la necesidad de la evangelización de grandes sectores de nuestra población, han nacido, nacen y resurgen continuamente.

Grupos misioneros de muy distintas formas de organización y compromisos; son muestras de la acción del Espíritu Santo en nuestras Iglesias particulares y, como tales, señales de la juventud y dinamismo de la vida eclesial.

Esta vitalidad se expresa año tras año en una corriente misionera admirada y admirable por su accionar evangelizador constante, manifestado también en encuentros nacionales, regionales y diocesanos.

Los Grupos Misioneros constituyen una gran riqueza en nuestro país, como expresión de una fuerte presencia misionera de tantos jóvenes y adultos que entregan su tiempo poniendo al servicio de la misión sus capacidades y talentos.

Somos misioneros porque hemos recibido un Bien que no queremos retener en la intimidad, porque vivimos el gozo del encuentro con Jesús que queremos compartir con los demás. Es lo que todo ser humano necesita encontrar para darle un sentido pleno a su vida. Lo que hemos visto y oído reclama que lo transmitamos a quienes quieran escucharnos. La Iglesia existe para evangelizar. Tiene como centro de su misión convocar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo (NMA 15).

Antes de finalizar cada año, como preparación a la Navidad, y en los días posteriores, principalmente al comenzar el año (enero-febrero), se calcula que son algo más de 20.000 personas, en su inmensa mayoría jóvenes, que salen a misionar a diferentes y variados lugares del territorio nacional.

Con actitud de servicio, disponibilidad, capacidad de compartir y trabajar en grupo, salen al encuentro de familias, niños, adolescentes, ancianos, generalmente en “las fronteras o periferias” de nuestra sociedad, en los lugares más pobres y alejados.

Allí se entregan en el anuncio del Evangelio a quienes se encuentran más solos y desposeídos, pero que los esperan ávidos de recibirlos y escuchar la Palabra que da la Vida en abundancia. Por esto es también tan importante que los Grupos Misioneros busquen ser sencillos y cercanos a la gente, insertándose en las costumbres de cada zona que visitan.

Nuestros Grupos Misioneros, provenientes de diócesis, parroquias, capillas, colegios, congregaciones, universidades, movimientos eclesiales, etc., son don y riqueza de la Iglesia en la Argentina; y aunque gran parte de sus integrantes son jóvenes, no podemos negar ni olvidar que también son parte de esos grupos, adultos, niños, ancianos y familias.

Surgidos en la década del 60, hoy son en la Argentina una gran fuerza misionera en todo el país. Prueba reciente de esta presencia ha sido la respuesta de unos 2.500 miembros de Grupos Misioneros a la convocatoria realizada por las Obras Misionales Pontificias al III Encuentro Nacional, realizado en 2010 en San Miguel (Buenos Aires).

Actualmente y con un trabajo constante del Equipo Nacional de Grupos Misioneros, de las Obras Misionales Pontificias, acompañado de la dedicación permanente de la hermana Mariel Robledo, secretaria nacional de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, se está caminando y dando los primeros pasos para la realización del IV Encuentro Nacional en 2014.

Toda comunidad cristiana nace misionera, y el amor de los creyentes a su Señor se mide precisamente según su compromiso evangelizador, decía el Papa en 2007 y este año en Madrid manifestó a los jóvenes del mundo “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no se guarden a Cristo para ustedes mismos. Comuniquen a los demás la alegría de la fe que tienen ustedes. El mundo necesita el testimonio de esa fe, necesita ciertamente a Dios”.

Es por ello que ponemos de relieve la entrega de muchísimos Grupos Misioneros que con tantas energías, alegría, ganas de compartir e intercambiar experiencias llevan a Jesús a distintos lugares de la Argentina, cada uno de esos lugares con costumbres, diferentes maneras de vivir y expresar la fe, y sin embargo con un denominador común que es la sed de Dios y del encuentro con Cristo.

Jóvenes y adultos que desde un gran amor a la misión, están constantemente llamados a convertirse en animadores de una Iglesia que es misionera por naturaleza, primero en su propia comunidad de origen, sin olvidar que la fe se fortalece dándola y que como discípulos misioneros tenemos que ir más allá de las fronteras para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos.

Decía el cardenal Bergoglio con motivo del III Encuentro Nacional de Grupos Misioneros: “Le doy gracias al Padre Dios que los ha llamado, sembrando en cada uno de ustedes ese corazón inquieto para que otros puedan encontrarse y conocer la persona de Jesús a través de sus rostros felices, ya que ‘la alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios’(DA 29).

Sigamos muy unidos en la oración, pidiéndole a nuestro Padre Dios por cada uno de los Grupos Misioneros de nuestro país, por la gente a la cual llegarán con la actividad misionera y porque cada día seamos más los discípulos misioneros de Jesús, aquí y más allá de las fronteras.

* Osvaldo Pablo Leone, director nacional de las Obras Misionales Pontificias de la Argentina.

Fuente: AICA, 23/01/2012

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