Los sucesores de Freinademetz en China

Osvaldo Metz svd

Hasta mediados del siglo XX, los misioneros del Verbo Divino, que habían comenzado a evangelizar la China de la mano de San José Freinademetz, estaban bien implantados e integrados en la cultura y en el pueblo chino. Era una Iglesia dinámica y próspera que tenía ante sí un futuro promisorio.

Pero bruscamente todo cambió en 1949, cuando la revolución comunista barrió con todas esas esperanzas y expectativas. Los misioneros fueron expulsados, los cristianos perseguidos, y durante muchos años no hubo más libertad religiosa. Los obispos y sacerdotes chinos fueron encarcelados, muchos de ellos hasta el día de hoy. Tímidamente la Iglesia en China esta volviendo a levantar cabeza, mostrando una fe en Cristo que ni siquiera la violencia y opresión pudieron apagar.

Algunos misioneros tratan de acompañar con su presencia, a esta Iglesia mártir. Osvaldo Metz, misionero argentino, oriundo de Entre Ríos, es uno de ellos. Les presentamos a uno de los sucesores de Freinademetz, en China.

Osvaldo, vos ya llevas 16 años como misionero en Hong Kong ¿Cómo llegaste tan lejos?

Bueno, en el fondo, yo siempre había soñado con ir como misionero a China. Vos sabes que tengo dos tías religiosas en mi familia que son Siervas del Espíritu Santo, así que desde chico ya me hablaban de José Freinademetz, el primer misionero verbita en China. Prácticamente, crecí escuchando hablar de la misión en China.

Luego con los años, entré en la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino, sintiendo el mismo llamado y la misma inquietud por la misión en China. ¡Para colmo hasta el apellido me traicionaba porque coincidía con el final del apellido de Freinademetz! Un día, cuando ya estaba estudiando la Teología, llegó una invitación para hacer una experiencia o incluso continuar los estudios en Hong Kong o en Taiwán (la isla donde se refugiaron los misioneros y muchas instituciones chinas que huyeron de la revolución en 1949). Respondí a la carta de invitación presentándome como candidato. ¡No te imaginas la alegría que tuve cuando fui aceptado! ¡Sentía una felicidad enorme, a pesar de que eso implicaba el desafío enorme de inculturarme y aprender el difícil idioma chino! Al mismo tiempo, sentía una inmensa tranquilidad. Era la seguridad de que, con la gracia de Dios podía lograrlo, como Freinademetz lo había logrado.

Salí de Argentina en 1987 y mientras estaba estudiando inglés, los superiores me propusieron ir a Hong Kong donde querían comenzar algo nuevo. Acordáte que Hong Kong se preparaba para dejar de ser colonia británica y pasar a manos del gobierno chino. Nuestros superiores decían en esa época, que Hong Kong podía ser un día, la “puerta” para que los misioneros pudieran entrar en la China continental.

Así llegué a Hong Kong. En mi comunidad éramos sólo cinco. Luego de estudiar el idioma chino durante dos años y de pasar otros dos años de experiencia pastoral en parroquia, decidí quedarme y terminar mis estudios teológicos allá. Eso consolidó aún más mi opción y mi entrega al pueblo chino. Entonces hice los votos perpetuos y el diaconado también allá y recién volví a la Argentina a fines de 1993, para la ordenación sacerdotal en mis pagos entrerrianos.

Vitral de San Freinademetz en la Catedral de Hong Kong

Y luego… ¿volviste a Hong Kong para trabajar?

Sí, claro. Ya manejaba bien el idioma y me sentía como en mi casa. Vos sabes que la mayoría de los misioneros destinados a China, van a Taiwán. En el fondo, la razón es que allí, se habla el “mandarín” que es el mismo idioma que hablan más de mil millones de chinos, en la parte continental. En cambio, en Hong Kong, hablamos el “cantonés” que es el idioma que se habla sólo en el sur de China, en la provincia que se llama justamente “Cantón”, donde viven unos 50 millones de ciudadanos chinos. Igual son un montón, ¿viste?

Ahora, como hay más libertad y posibilidades, estamos tratando de “expandir” nuestras actividades pastorales para marcar una mayor presencia en la zona del cantonés. Desde el ’94, empecé a trabajar al mismo tiempo en colegios y parroquias. De lunes a viernes, nos ocupamos de las actividades escolares incluyendo el deporte con los alumnos. Luego, el fin de semana, aprovechamos el hall de la escuela para celebrar la misa y las aulas para la catequesis.

A veces, más que un anuncio específico del Evangelio, se trata de una “presencia”. Aunque en el fondo, hay mucho interés por el cristianismo, incluso te diría, más que en Taiwán. Por ejemplo, en Hong Kong, los domingos nosotros tenemos como siete misas a las que asisten unas 1200 personas. Mientras que en Taiwán, podes tener una única misa el domingo y contar los fieles con los dedos de las manos.

Vos dijiste que Hong Kong podía ser un día, la “puerta” que permita a misioneros católicos entrar en el continente para evangelizar China ¿Será posible un día? ¿Falta mucho?

Bueno, ese tema para las congregaciones misioneras, es como una “materia pendiente”. Fue como una frustración, ¿no? Como la Iglesia fue expulsada en 1949, desde entonces es como que soñamos con volver al continente algún día. Yo creo que, más que tratarse de “un día” determinado, se tratará de una serie de momentos, de signos concretos de presencia, en una actitud de humilde servicio al pueblo chino. Por ejemplo, ya desde 1988 tenemos a varios misioneros enseñando y acompañando a seminaristas en la parte continental. Paradójicamente, en esa situación de persecución, hay muchos jóvenes con inquietudes vocacionales en China. Estamos incluso ayudando a varios seminaristas chinos que están haciendo sus estudios teológicos en Europa, y viven en nuestras casas, aunque sean seminaristas diocesanos. Esta experiencia de estudiar fuera del país, los ayuda a “abrirse” a una perspectiva más universal de la Iglesia.

Después, es verdad que hay por un lado, una Iglesia oficialista llamada “Iglesia patriótica” cuyos obispos y sacerdotes son nombrados por el gobierno chino y por otro lado, una Iglesia “subterránea” fiel a Roma y al Papa. Pero cuando leemos artículos en revistas que acentúan la oposición entre estas dos Iglesias, nos reímos un poco porque no es tan así. En la práctica, el conflicto no es tan drástico. Yo mismo estuve varias veces en China continental y celebré misa sin ningún problema. Tal vez hay roces y fricciones en algunas regiones, donde hay un enfrentamiento entre dos obispos enemistados, pero en el conjunto del país no se nota una oposición radical entre las dos iglesias. La gente es sencilla pero de mucha fe. Y la gran mayoría de esa gente, aunque no pueda decirlo públicamente, se siente unida al Papa y a la Iglesia universal.

Recordando una vez más a San José Freinademetz y el contexto actual que mencionas, ¿continúan los esfuerzos de inculturación del Evangelio en la cultura china?

En ese campo todavía hay mucho por hacer y la verdad es que a Freinademetz no le llegamos ni a los tobillos. El Cristianismo se ve aún como algo occidental venido de afuera, lo cual no es extraño, estando como estamos frente a una cultura milenaria como la china. Hay algunos intentos de acercamiento en el campo de la música litúrgica pero todavía no hay una reflexión cristiana propia o una teología china. Tratamos de evangelizar a través de los valores comunitarios y familiares que son tan importantes para los chinos. Lo cual no está tan lejos de nuestra propia fe en Cristo que nos invita también a formar parte de una comunidad y una familia en la Iglesia. Otro aspecto que tenemos muy en cuenta es la inclinación de la cultura china por la contemplación y meditación. Esto enlaza también muy bien la fe cristiana con la cultura china. Finalmente otro elemento son las relaciones fraternas. Los chinos son muy cálidos y receptivos. Siempre nos ayudan a integrarnos más y más. Se sorprenden y se alegran mucho cuando escuchan a un extranjero en la calle hablando su idioma. Se paran, nos preguntan cómo hemos aprendido el idioma y siempre nos felicitan alegremente. Es como decía Freinademetz: “El lenguaje que todos entienden, es el amor”.

¡Gracias Osvaldo, por compartir con nosotros tus experiencias misioneras! Cuando regreses a tu misión, ¡saluda de parte nuestra a nuestros “hermanos y hermanas” chinos!

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