Encuentro de Parroquias SVD 2012

Algunas palabras claves luego de los últimos encuentros SVD de parroquias.

Sin ningún ánimo de ser exhaustivo, enuncio y subrayo algunas “palabras” para redactar una memoria breve de los encuentros de parroquias SVD 2010-2012.

En todos los encuentros de los últimos años observo que hubo una clave común: la conversión pastoral que estamos haciendo como comunidades eclesiales en el carisma del Verbo Divino que fue señalada en el Documento de Aparecida del año 2007.

Si fuéramos en particular al del año 2010, las palabras claves fueron: pastoreo, conducción, guía, orientación… con una impronta en la comunión. Un desafío que debe traducirse en la aplicación, la potenciación y el enriquecimiento de los organismos pastorales y administrativos de las comunidades. En la línea del Documento “Navega Mar Adentro” n° 71 de la CEA del año 2003 (1). La evangelización será creíble si articulamos la comunión, como Pueblo de Dios en diversidad de carismas, dones, servicios, ministerios.

La comunión no sólo es la búsqueda de la unidad, sino la puesta en común desde la diversidad. Es una búsqueda, un esfuerzo, una tarea inacabada en la cual no podemos dar marcha atrás. Es el signo de credibilidad por excelencia.

En el encuentro del año 2011, las palabras claves fueron renovar la fe en Cristo (entrar- ver- escuchar-sentir – actuar todo esto como Cristo y en Cristo) en la familia, los jóvenes y en el dolor/caridad. También ahondamos sobre la religiosidad popular, la catequesis y la liturgia. Sintetizamos el encuentro con el desafío de “asumir la conversión pastoral desde la espiritualidad SVD en la familia, los jóvenes y los pobres”.

En el encuentro de este año la reflexión fue coincidente con la iniciada en febrero pasado (durante la Semana de Estudios). ¿Cómo evangelizar las nuevas situaciones familiares? Alguna respuesta la logramos ahondando en la espiritualidad-pastoral vincular.

La Pastoral Matrimonial está llamada a ser una “pastoral del vínculo” porque es precisamente en él y a partir de él donde Dios manifiesta su presencia y comunica su gracia a los esposos. Lo más humano es sacramento de lo divino. Vivida en la fe, cada historia concreta de amor matrimonial y familiar, transitando prosperidad y adversidad, se hace transparente para poder reconocer el actuar de Dios que salva; se convierte así en “historia de salvación” conyugal y familiar.

La pedagogía de Jesús fue la de enseñar a amar amando. Este testimonio nos dice que es posible ayudar a vivir el vínculo de amor matrimonial y familiar sólo cuando el vínculo pastoral expresa un amor personal, adulto y cristiano hacia las personas. Una pastoral del amor no se lleva a cabo tanto por la enunciación de principios cuanto por la apertura de espacios comunitarios, donde los esposos, a la luz de la fe y animados por agentes eclesiales, busquen y encuentren juntos las nuevas modalidades que hoy hacen posible un verdadero vínculo de amor.

Luego de este breve recorrido, creo importante resituarnos en el conjunto de lo que nuclea estos encuentros y que enuncié al inicio: el itinerario de conversión pastoral que hemos iniciado desde el llamado de los pastores latinoamericanos reunidos en Aparecida en el 2007. A tal fin, aporto alguna reflexión para refrescar nuestra memoria.

La conversión pastoral según el Documento de Aparecida (2)

Entrar en el dinamismo de una misión permanente/conversión pastoral, supone un proceso pedagógico con un itinerario pastoral en que podamos formar el corazón del discípulo misionero en todos nosotros: bautizados, confirmados y ordenados para el ministerio sacerdotal, así como aquellos y aquellas que han recibido una especial consagración. Desde el punto de vista de nuestro discipulado misionero exige una conversión pastoral, es decir, la audacia de hacer más evangélica, discipular y participativa, la manera como pensamos y realizamos la pastoral.

La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2,29), a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta.

1. Rasgos de la Conversión pastoral

En una auténtica conversión pastoral se hace siempre más importante y urgente radicar y hacer madurar en todo el cuerpo eclesial la certeza que Cristo, el Dios de rostro humano, es nuestro verdadero y único salvador (DA 22). Cada bautizado, en efecto, es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo (DA 162). En el Pueblo de Dios, la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí. La comunión es misionera y la misión es para la comunión (DA 163).

A partir de estos presupuestos, algunos rasgos importantes de una conversión pastoral son los siguientes:

– En este camino de pastoral orgánica deben participar todos los bautizados y bautizadas, como discípulas y discípulos misioneros: no sólo los sacerdotes y/o la vida consagrada como es común que suceda.

– Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

– Esta conversión pastoral y eclesial debe reflejarse en todos los planes pastorales como: una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura.

– Tanto en la gestación de estos planes como en su realización deben participar con voz y voto todas las expresiones de vida apostólica y espiritual que hay en la comunidad local, especialmente el laicado masculino y femenino, respetando los ámbitos de decisión correspondientes. Esto debiese ser normal en la Iglesia del Señor pues, además, promueve la corresponsabilidad. Son planes pastorales de toda la Iglesia y de todos en la Iglesia, abiertos a discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias”.

La pastoral se hace de cara a la historia, tratando de responder a sus desafíos y procurando tocar el corazón de las personas y el corazón de las culturas. Es paradigmática la actitud pastoral de las primeras comunidades que, desde su debilidad y pobreza, sufriendo persecución y muerte, supieron encontrar caminos para evangelizar e incidir en las culturas de su tiempo. Esta fidelidad y audacia apostólicas implican necesariamente para nosotros reformas espirituales, pastorales y también institucionales.

Llevar a cabo esta hermosa tarea, nos exige vivir “la espiritualidad de la comunión” en los términos tan ricos y precisos expresados por el Papa Juan Pablo II en Novo Millennio Ineunte.

De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy, más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor.

En síntesis: la conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera.

2. Acciones para fortalecer la conversión pastoral

Aparecida afirma que “esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia” (DA 365). Esto requiere e implica escuchar con atención y discernir lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias (Ap 2,29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta (DA 366).

Por eso, se hace necesario optar por un proceso de renovación para construir una Iglesia misionera; y dar prioridad a la actitud de escucha, de diálogo y acogida. Para promover que los agentes de pastoral opten conscientemente por la misión permanente, sugerimos:

• Revisar los planes, programas y metas pastorales a la luz de este espíritu de renovación pastoral en vista de la misión permanente. Revisar críticamente estos planes, programas y metas de la doble perspectiva:
__· ¿Acercan ellos a un encuentro personal con Jesucristo? ¿Cómo?
__· ¿Llevan ellos a salir personal y comunitariamente de uno/nosotros mismos hacia otros? ¿Cómo?

• Para estructurar un proceso que tenga continuidad, establecer una planificación a mediano y largo plazo. El proceso de evangelización tiene dos características: es circular, porque sus momentos se repiten, impulsándose y alimentándose uno al otro; y es una espiral que avanza haciéndose cada vez más amplia y profunda.

• Iniciar un proceso de revisión del proceder de los organismos en su trabajo conjunto, buscando simplificar la estructura y hacer más directos y participativos sus procedimientos de servicio subsidiario.

Para cultivar el sentido universal de la misión de la Iglesia y su apertura al mundo, insistimos:

• Darle un especial impulso a la maduración de las instancias de consulta en la estructura y organización eclesial para favorecer un ambiente de escucha y diálogo.

• Estar atentos y receptivos a la voz del Espíritu que se deja oír a través de las situaciones humanas y sociales de nuestros pueblos, promoviendo encuentros con líderes y organizaciones sociales que buscan el bien común, para que la acción misionera se geste llena de cercanía y sencillez hacia todos.

Luis Liberti SVD

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(1) “Para lograrlo se requiere activar, potenciar y enriquecer las estructuras de diálogo y participación en cada Iglesia particular, que produzcan planes donde todos se sientan incorporados. Destacamos aquellos organismos eclesiales previstos en el derecho: los Consejos Presbiterales, los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos, y demás estructuras constituidas para favorecer la actividad pastoral. Con el auxilio de Asambleas del pueblo de Dios y, también, mediante oportunos Sínodos diocesanos, u otras formas de consulta y participación, deseamos buscar el proyecto de Dios para nuestras Iglesias particulares. Invitamos a todas las fuerzas apostólicas: parroquias, comunidades religiosas, colegios y universidades, instituciones, asociaciones, movimientos, grupos y organizaciones laicales, a sentirse llamadas a hacer su aporte, integrándose activamente en la pastoral orgánica de la diócesis, desde su identidad y función específicas”.
(2)  http://www.vicariadepastoral.org.mx/5_celam/itinerario_mision_continental/itinerario_05.htm (consultada el 10 de abril de 2012) y Cf. VÍCTOR FERNÁNDEZ, Conversión pastoral y nuevas estructuras, Ágape, Buenos Aires, 2010.

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