Ramón Dávalos SVD

+ 09.03.02 (1913-2002) / 13-49-51-57-**

En la mañana del 9 de marzo, a la edad de 88 años, se durmió serenamente en el Señor, el Hno. Ramón Dávalos, alias “Moncho” o “Monchito” para los amigos y para muchos de sus cohermanos. Este solo detalle de sus apodos es ya una manifestación de su llaneza y cordialidad y de la simpatía que despertaba a su alrededor. De trato suave y bondadoso, jamás se le oyó levantar la voz. Poseía un sentido del humor que lo hacía muy receptivo a toda broma sobre su persona o sus actitudes.

Era oriundo de la histórica población de San Ignacio, en la provincia de Misiones, donde había nacido el 22 de agosto de 1913 y de donde traía algún gen de la vieja raza guaraní. Ingresó tardíamente a la SVD, aunque la conocía desde su niñez, pues los verbitas eran los únicos sacerdotes que recorrían, por entonces, aquellos selváticos parajes. Siempre estuvo comprometido con la vida cristiana de su comunidad y de joven fue activo militante y dirigente de la Acción Católica. Finalmente, en 1948, a los casi 35 años de edad, decidió ingresar a nuestra Congregación como Hermano Misionero. Entre tanto, se había ejercitado en diversas ocupaciones, se había desempeñado como administrador de un obraje maderero y, más tarde, había trabajado en la administración del Colegio Roque González. En 1949 y 1950, cumplió su noviciado en Rafael Calzada. Al año siguiente emitió sus primeros votos y seis años después profesó a perpetuidad. En la ceremonia de la toma de hábito, se le impuso el nombre de “Hno. Pascual”, con el que se lo conoció como religioso durante largos años. Después del Concilio, cuando se permitió a los Hermanos optar por su nombre de pila o su nombre de religioso, Ramón decidió retomar el de su bautismo.

En la Congregación ejerció los más diversos oficios y trabajos, de acuerdo a las necesidades que se presentaban en las comunidades donde residía, especialmente en la de Calzada, donde pasó el mayor tiempo de su vida religiosa. Estando aún en el período de votos temporales, pasó dos años en el Colegio San José de Esperanza, donde colaboró en la formación de los candidatos a Hermanos. Igual tarea cumplió después de su profesión perpetua en Rafael Calzada, donde también trabajó en la mucamería, en la administración y colaboró con las tareas del Hermano enfermero, a quien más de una vez reemplazó en sus vacaciones. Tenía conocimientos y habilidades de cocinero y solía brindarse en ese quehacer a sus cohermanos en excursiones o en vacaciones. Durante años atendió el bufet del Profesorado Verbo Divino, donde se granjeó la simpatía de alumnos y profesores con su natural amabilidad y bonhomía.

En 1969 le fue encomendada la administración de nuestra casa en Calzada. Fue una tarea muy difícil, pues eran años de gran estrechez económica para esa comunidad, donde escaseaba el dinero y abundaban las deudas. Desde 1974 a 1979 integró el Consejo de la Casa y cumplía tareas de gestor para una cantidad de trámites y diligencias que debían realizarse en la Capital Federal. También comenzó a dedicar más tiempo a trabajos de colaboración en la Secretaría de Misiones. Siempre había demostrado un especial interés por esta área, a cuyo desenvolvimiento había contribuido con la promoción y fabricación de los rosarios misioneros y la venta de estampillas. Por estos años, en cambio, impulsó el apostolado de los ancianos y enfermos en pro de las misiones a través de la oración y el sufrimiento.

Después de casi 25 años de constante permanencia en la comunidad de Calzada, el Hno. Ramón fue trasladado a la de Pilar, donde permaneció hasta 1983, cuando un nuevo cambio lo llevó a la parroquia del Espíritu Santo en Godoy Cruz, Mendoza. Allí prestó útiles servicios a sus hermanos en la portería y en la cocina; pero, ello no impidió que trabajara también en la pastoral, de manera particular entre los jóvenes, para cuyo trato poseía un carisma especial. En 1987, pasó al Uruguay, donde la Congregación tenía a su cargo la parroquia de Mariscala, en la diócesis de Minas. En 1990, Ramón fue integrado nuevamente a la comunidad de Rafael Calzada. Los últimos años los pasó en silla de ruedas, hasta que el Señor lo llamó a su descanso definitivo.

(Valerico J. Imsant svd)

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