Jorge Novak SVD

+ 09 de Julio 2001 (1928-2001) | 28 45 47 53 54

Quienes, allá lejos, en la década del 40, compartíamos nuestras clases, nuestros juegos y nuestra vida en el Colegio San José, con aquel adolescente calladito, tranquilo y un poco distante, no podíamos sospechar, ni remotamente, que nuestro compañero de estudios y de juegos sería, con el correr de los años, una de las más preclaras figuras de la Iglesia argentina en el siglo XX. Había llegado desde una lejana y modesta colonia llamada San Miguel Arcángel (Prov. Bs. As.), con unas escasas pertenencias en el bolso, un gran ideal en el corazón y la timidez de un chico de campo a cuestas. Jorge Novak, por entonces, no descollaba para nada entre los ciento y tantos alumnos de la sección del seminario, en el Colegio San José de Esperanza (Sta. Fe).

Jorge Novak había nacido el 29 de enero de 1928 en la mencionada colonia de alemanes del Volga y a los 11 años se había presentado como aspirante a sacerdote misionero en el Colegio Apostólico San Francisco Javier de Calzada. Dos años después, cuando el seminario menor de los verbitas es trasladado a Esperanza , allá va Jorge con sus compañeros. En el Colegio San José completará su primaria y cursará el ciclo básico. Finalizado éste en 1945, regresa a Calzada para iniciar el noviciado. Emite sus primeros votos el 1 de marzo de 1947 y los perpetuos en 1953. En esos años de sus estudios de filosofía y, sobre todo de teología, es cuando comienza a destacarse el talento de Novak, así como también su concentración en el estudio y su piedad seria y sin afectaciones. Por eso, después de su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar el 10 de enero de 1954, los superiores deciden enviarlo a Roma a fin de cursar estudios superiores. De allí regresa en 1958 con el título de Doctor en Historia de la Iglesia.

Inmediatamente fue destinado a integrar el claustro de profesores del escolasticado verbita de Rafael Calzada. Pronto también requirieron sus servicios de docente especializado, en la Facultad de Teología de Villa Devoto, en el Seminario Mayor de La Plata y en el Instituto Superior de Cultura Religiosa de Buenos Aires.

Si el P. Novak acaso soñaba con una vida tranquila al frente de sus cátedras de Historia Eclesiástica, Dios se encargó pronto de desengañarlo. Sobre él comenzaron a recaer cargos de gran responsabilidad. En 1960, ya fue designado Prefecto del escolasticado, lo que en aquellos años implicaba una tarea nada fácil, sobre todo cuando la vida religiosa entró en crisis -como todo lo eclesiástico- a raíz de la renovación conciliar del Vaticano II. En 1966, fue elegido Vice-Superior Provincial y, en 1969, Rector de la comunidad de Rafael Calzada. Tres años después, fue nombrado Superior Provincial. Aquellos años de efervescencia posconciliar, años de búsqueda de caminos sin recorrer, de experiencias inéditas y de ensayos inverosímiles, eran capaces de alterar los nervios del superior más sereno y experimentado. Convengamos que a Jorge le tocó dirigir la Provincia en un período difícil y de gran desconcierto.

Pero aún no había llegado lo peor para él. Esto le sobrevino el 7 de agosto de 1976, cuando una Bula Pontificia de Paulo VI lo designaba primer obispo de Quilmes, en el Gran Buenos Aires. No decimos que le sobrevino lo peor porque fuera preconizado obispo, pues sabemos bien que San Pablo afirma: “Si quis episcopatum desiderat, bonum opus desiderat”, sino por las circunstancias excepcionales en que se le confería aquella grave responsabilidad pastoral. Desde marzo de ese año, una Junta Militar detentaba el poder en el país y lo ejercía con total discrecionalidad. Si el nuevo obispo tenía la ilusión de organizar esmerada y calmosamente su diócesis, pronto tuvo que percatarse que esa no podría ser la prioridad de su oficio pastoral.

Desde el inicio de su función episcopal, día a día llegaban hasta su despacho, con la desesperación pintada en sus rostros, familiares de gente que desaparecía sin dejar rastros y de quienes no se volvía a tener noticias. “De esta manera, Dios me sometió a un curso intensivo de Derechos Humanos -reconoció alguna vez Novak-. Estos primeros meses influyeron grandemente en mi opción pastoral.” Por eso que la defensa de los derechos humanos fue una de las grandes prioridades de su gestión episcopal. Fue Cofundador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, cuya copresidencia ejerció hasta su muerte. En 1985 fue designado profesor titular de Derechos Humanos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lomas de Zamora, y en 1993, “por su lucha en tiempos difíciles para la dignidad del ser humano” fue declarado “ciudadano ilustre del partido de Quilmes”, por decisión unánime del Concejo Deliberante de esa localidad.

Las otras líneas medulares de su acción pastoral fueron: la opción por los pobres y el diálogo ecuménico.

Las grandes dificultades -incluyendo una grave enfermedad que lo mantuvo postrado por largo tiempo- que jalonaron su vida y su acción, no pudieron doblegar el aguerrido espíritu del Padre Obispo Novak, porque había “edificado su vida sobre roca”, como dice el Evangelio. Dios era su fuerza y el Espíritu Santo su guía. De la espiritualidad verbita llevaba profundamente grabada la confianza en el Espíritu Santo, y en todos los momentos de su vida acudió a Él en busca de la luz y la serenidad que necesitaba.

Su concurrido velatorio y sus exequias en la catedral de Quilmes, fueron vivo testimonio del cariño y la admiración que su evangélica y apostólica labor supo despertar en el pueblo.

Valerico J. Imsant svd

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