Pedro Schulmeister SVD

+ 16 de Marzo 2004 (1920-2004) | 20 38 40 44 44

Se nos fue Pedrito (para sus familiares, “Perico”). Con una particular filosofía de la vida, Pedro fue una persona de gran sentido humano, un compañero agradable y de permanente buen humor, dotes nada despreciables, por cierto, para la vida comunitaria. En todos los lugares donde desarrolló su actividad, se lo recuerda con afecto por su bonhomía y su carácter afable.

Desde hace casi cinco años, se hallaba en el Hogar San Javier, donde había llegado aquejado por una enfermedad a los intestinos, que lo obligó a someterse de inmediato a una intervención quirúrgica, seguida de un tratamiento de quimioterapia, que soportó bien. Hace algún tiempo, el mal volvió a presentarse, de modo que requirió una nueva operación. Esta vez, sus reservas no alcanzaron para superar el postoperatorio y falleció una semana después de la intervención, en la madrugada del 16 de marzo.

El P. Pedro Schulmeister había nacido el 8 de mayo de 1920 en Gral. Lamadrid, provincia Buenos Aires, del matrimonio de José Schulmeister y Ana M. Conrad. En 1932 ingresó al colegio apostólico S. Francisco Javier, en Calzada. Cumplió su noviciado en 1938 y dos años después emitió sus primeros votos. El 1 de marzo de 1944 profesó a perpetuidad y el 3 de diciembre del mismo año fue ordenado sacerdote por imposición de las manos de Mons. José Fietta, a la sazón Nuncio Apostólico en nuestro país.

Su actividad siempre estuvo vinculada a la pastoral en parroquias, a excepción de un lapso entre 1948 y 1954, en que trabajó en la sección del seminario en el colegio San José de Esperanza. En los tres primeros años brindó sucesivamente su servicio ministerial en las parroquias de Esperanza, Crespo y Diamante. Después de su actividad en el seminario, a la que recién aludíamos, fue destinado como vicario cooperador a la parroquia de Valle María, de la que pasó, en igual función, a la de Cristo Rey en la ciudad de Córdoba.

En 1960, Pedro se ofreció al Superior Provincial de ARN para hacerse cargo de Palpalá, a once kilómetros de la ciudad de Jujuy, donde se encuentran los Altos Hornos Zapla. La Congregación acababa de asumir la atención pastoral de esa población que por entonces ya contaba con unos 20.000 habitantes. A su llegada, todavía no existía capilla alguna y la misa se celebraba en un galpón para almacenamiento de tabaco. El P. Pedro vivía en una casa precaria facilitada por la empresa Altos Hornos Zapla, dependiente de Fabricaciones Militares. Ladrillo a ladrillo se fue levantando la iglesia dedicada a San Cayetano y luego, una modesta casa parroquial.

En 1968 concluyó su misión en Palpalá, desde donde pasó a Diamante y luego, sucesivamente, a La Para en la provincia de Córdoba, a San Jerónimo Norte, a Crespo y a la parroquia Ntra. Sra. de Nueva Pompeya en la periferia de la ciudad de Santa Fe. Mientras prestaba su servicio misionero en este último puesto, un desafortunado accidente –una caída desde el techo que trataba de reparar- le impidió continuar su apostolado. Trasladado a Buenos Aires para su recuperación, permaneció en la comunidad verbita de la Capital prestando esporádicos servicios en la medida de sus posibilidades, hasta que el deterioro de su salud lo obligó a trasladarse al Hogar de Calzada en procura de cuidados más solícitos.

El testimonio de su vida sencilla, franca y abierta a los requerimientos del prójimo, permanecerá a lo largo del tiempo en la memoria de cuantos lo conocieron, como permanecen en el recuerdo las mil y una anécdotas entre serias y divertidas de su vida apostólica.

Valerico J. Imsant svd

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