La Fe en Jesucristo y la Formación de los Evangelios

Por Marcelo Cattáneo SVD

¿Cuál fue el impulso que determinó la tradición evangélica? ¿Cuál fue el espíritu que motivó y alimentó la memoria de las primeras generaciones cristianas en torno a la figura de Jesús de Nazaret, el Mesías Hijo de Dios?

Este fue el tema central de la reflexión que compartimos como Asociación Bíblica Argentina (ABA) durante la Segunda Asamblea en San Miguel de Tucumán los días 22 al 24 de mayo. Guiados por Santiago Guijarro Oporto, profesor de la Universidad de Salamanca y presidente de la Asociación Bíblica Española, abordamos el nuevo paradigma de estudio sobre las tradiciones orales y escritas que sirvieron de plataforma para la formación de los cuatro evangelios.

La tesis central se plantea en la coexistencia de la oralidad y la escritura durante todo el período de las tres primeras generaciones de cristianos. Al paradigma sostenido anteriormente (ministerio de Jesús – tradición oral – escritos) se propone un nuevo paradigma (Jesús histórico – oralidad y escritura – recepción por parte de las comunidades) que resalta, por una parte, la importancia de la continuidad de la reflexión de las comunidades cristianas sobre la identidad de Jesús aún contando ya con textos escritos, y por otra, la relevancia de la recepción y utilización de los textos en las comunidades cristianas que, por aceptación o rechazo, fue configurando de alguna manera el canon de los evangelios. Si se acepta esta tesis, se llega a la conclusión de que los evangelios no se han escrito primeramente con la intención de catequizar a los neo-cristianos, sino a partir de una orientación netamente cristológica. No importaba tanto contar los detalles de la vida de Jesús, cuanto clarificar su identidad de Mesías Hijo de Dios. Esta orientación también colaboró en la conservación de determinados escritos y en la desaparición de tantos otros que no respondían a esta motivación fundamental (algunos de ellos llamados hoy ‘apócrifos’).

Desde los relatos orales a los que Marcos tuvo acceso y a partir de los cuales él configuró su propio texto escrito, hasta la reflexión cristológica mucho más desarrollada de Juan, que añadió un sustancioso material al relato oral sobre la vida de Jesús, se encuentran las etapas del crecimiento de la reflexión cristológica que cristalizaron en los evangelios que conocemos hoy. Comenzando por las anécdotas sobre hechos y palabras de Jesús, pasando por algunos relatos compactos que reunían varias anécdotas de estilo similar (milagros, parábolas, enseñanzas), hasta llegar a un relato oral más estructurado del acontecimiento Jesucristo (ministerio, muerte y resurrección), la reflexión cristológica sirvió siempre de hilo conductor y motivador.

En todo este desarrollo la experiencia personal de fe compartida en la liturgia y la misión comunitaria fue fundamental. Lo primero fue quizá distinguir la figura de Juan el Bautista y la de Jesús de Nazaret. Luego fue presentar a Jesús en escenas que tenían un claro eco veterotestamentario (Elías, Eliseo, Moisés, el Siervo de Yavé, el Justo Sufriente), hasta llegar a proclamar y adorar a Jesús como el Mesías Hijo de Dios. Esos momentos de reflexión creyente de la comunidad en torno a la identidad de Jesús puede verse plasmada en los evangelios sinópticos. La tradición joánica introducirá una cristología más refinada que identifica a Jesús con el Logos Divino, co-creador del universo, hecho carne y redentor de la humanidad (cristología descendente y ascendente). Vale aclarar aquí que la fe en Jesús, Mesías Hijo de Dios, estuvo ya presente desde la generación apostólica. Pablo es uno de los primeros en saludar a las comunidades con esta fórmula de fe. Marcos también inicia su evangelio con esta profesión de fe. Esto confirma la tesis de la coexistencia de la oralidad y la escritura en todo el proceso de reflexión cristológica de las comunidades cristianas. Es justamente la oralidad el mejor testimonio de la pluralidad eclesial en los albores del cristianismo. Dicha pluralidad se fue cristalizando en distintas tradiciones, no siempre teológicamente coincidentes, que permitieron la expresión del mismo misterio divino revelado en Jesucristo en una variedad riquísima de relatos.

Además de las conferencias propias de la Asamblea de la ABA, el profesor Guijarro mantuvo tres encuentros con una audiencia muy representativa de los sectores eclesiales de la arquidiócesis de Tucumán. Las conferencias abordaron tres temas que tienen relevancia en la actual reflexión sobre la nueva evangelización: 1) primera evangelización de la comunidad de Jerusalén; 2) el conflicto de Antioquía; y 3) el misionero Pablo junto a Priscila y Áquila.

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Una Respuesta a La Fe en Jesucristo y la Formación de los Evangelios

  1. J. Francisco Arriaga dice:

    Lei los tan interesantes articulos y se los mostre a mi querida esposa Guille. A Marcelo lo conocimos hace siglos en Pilsen – Chicago, en los finales de los ochentas. Fue muy grato leer acerca de su labor.

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