Historia de la SVD en Misiones

50_svdare

Irradiación apostólica de los Misioneros del Verbo Divino en Misiones

Ya en 1892, apenas nuestros primeros misioneros en Argentina habían comenzado su labor en la provincia de Entre Ríos, el entonces Administrador de la inmensa diócesis de Paraná, a cuya jurisdicción pertenecía también Misiones, propuso a la Congregación hacerse cargo de este último territorio. La idea de una misión entre los indígenas agradó al superior Verbita; pero, el escaso personal con que contaba lo hizo desistir por entonces de aceptar el ofrecimiento.

Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo, nombrado obispo de Paraná en 1898, retomó la idea del Administrador y ofreció, nuevamente, al P. Becher hacerse cargo de la atención de Misiones. Esta vez el Superior envió a un misionero -el P. Federico Vogt- a Posadas. Durante más de un año fue el único misionero en todo el territorio misionense de más de 30.000 Km2. Por esta circunstancia, el mismo tuvo que limitar su acción a la ciudad de Posadas y a las poblaciones vecinas. Sólo esporádicamente y por poco tiempo pudo incursionar en el resto del extenso territorio de su parroquia. Estas fugaces incursiones bastaron, sin embargo, para ilustrarlo sobre el lamentable panorama religioso y moral que presentaba la región.

A partir de 1900, poco a poco, fueron llegando refuerzos. Convencidos de la verdad contenida en las palabras de San Pablo, “la fe nace de la predicación”, los misioneros no desaprovechaban oportunidad alguna para proclamar el Evangelio a chicos y grandes. De esa manera, lentamente, fue cambiando el panorama religioso de Misiones, a la vez que iba aumentando su población con gruesos contingentes de inmigrantes y crecía el número de misioneros Verbitas que, con el correr de los años, ser fueron esparciendo a lo largo y ancho de todo el territorio misionense.

La decisión de aceptar el Territorio de Misiones como una “misión”, fue fruto de mucha oración y reflexión. La aceptación final fue aprobada por los consejeros y el P. Arnoldo. El P. Becher en una carta le decía al Fundador Janssen: “El obispo de Paraná -en esa época abarcaba las provincias de Entre Ríos, Corrientes, parte de Santa Fe y el Territorio de Misiones-, Rosendo de la Lastra y Gordillo, ofreció a la Congregación el Territorio de Misiones. Esta vendría a ser una actividad misional, propiamente tal”. De paso le pide que envíe más colaboradores, sacerdotes y hermanos. Y agrega: “Es necesario que el obispo tenga respuesta hasta octubre. De no llegar respuesta presumiré que hay conformidad al respecto”. El 14 de octubre vuelve a escribir recomendando mucho la aceptación de dicho territorio. Dice que todos están a favor de ello. Si no se acepta pronto el obispo se pondrá en contacto con otra Congregación”. El primer pedido data de 1892.

Con fecha 17 de agosto de 1898 el P. Arnoldo le responde: “En lo que concierne al distrido de Misiones, me sorprende de que Ud. ya me esté haciendo proposiciones sin haber estado allí y sin haberme redactado un informe. He oído que en ese lugar la población es muy escasa; por eso siento poco entusiasmo para empezar allí. Yo creo que deberían hacerlo los padres Jesuitas. Si lo hacemos nosotros y obtenemos resultados, es fácil que parezcamos unos intrusos que quieren cosechar donde otros han sembrado. Opino que debemos dejarle a la Compañía de Jesús el honor, no sólo de haber fundado esas Misiones, sino también de haberlas restaurado. Seguramente deben estar allí vivas aún las antiguas tradiciones de los Jesuitas, de modo que a ellos se les haría todo más fácil que a nosotros”.

Cartas iban y venían. En definitiva ninguna provincia jesuítica mostró interés para retomar el trabajo de las Reducciones. Finalmente el P. Arnoldo aceptó el Territorio de Misiones y también la dirección del Seminario de Paraná, desde 1898 hasta 1913.

El 5 de diciembre de 1898 llegó al Puerto de Posadas el P. Federico. Fue después del medio día. Aún le retumbaba en su cabeza la frase del obispo de Paraná: “Querido padre, va Ud., a un pueblo totalmente desamparado; que la bendición de Dios le acompañe”. Muy contento lo recibió el franciscano Fray Ludovico Bertacagni, quien el día 7, ya se embarcó rumbo a Corrientes. El día 6 de diciembre el P. Federico recibió los libros y la responsabilidad de una parroquia amplia de 30.000 km. cuadrados e igual número de habitantes. En medio de una pobreza llamativa, todo estaba por hacerse.

Cuando, en 1957, se creó la diócesis de Posadas, la Congregación contaba en Misiones con más de 60 religiosos entre sacerdotes y Hermanos. En cambio, había sólo dos sacerdotes del clero diocesano y unos pocos salesianos y basilianos. En ese contexto, se consideró lógico que el primer obispo diocesano fuera un Verbita: Mons. Jorge Kemerer.

____________________________________________________________

La Congregación del Verbo Divino en Misiones

Por Antonio Blöhsel SVD
marzo 2008

Año 1767. Reina en España Carlos III, quien con un Real Pragmática del 27 de febrero, expulsa a todos los jesuitas del Verreinato del Río de la Plata. Concluye así, de la noche a la mañana, una de las iniciativas más pretenciosas y osadas de la historia de la evangelización en América y en el mundo: las reducciones jesuíticas.

En Misiones quedaban como mudos testigos las grandiosas construcciones de las reducciones, entre otras, las de San Ignacio Miní, Loreto, Santa Ana, Santa María, etc., que con el pasar de los meses se fueron despoblando. Se iban retirando, con el corazón desgarrado, los artífices de la obra: los jesuitas, y, tras ellos, poco a poco volvían a su hábitat natural –el monte– los indios guaraníes, que se habían quedado sin guías y pastores. Sí, cual ovejas errantes, sin rumbo y objetivo, volvían a perderse en la densidad de la selva misionera para abrazar nuevamente sus costumbres ancestrales. Las aldeas indígenas volvían a cobrar vida junto al fogón que ilumina la oscuridad de la noche; rememoran tiempos pasados, tiempos que ya no volverán… Con cuánto realismo describe esta situación el P. Santiago Lichius en su inédito poema “Carlos, was hast Du gemacht” (Carlos, que hiciste”) (Archivo SVD, Roma, 27).

Un pesado y lúgubre silencio se iba apoderando de lo que fuera una bulliciosa ciudadela donde la vida política, social y religiosa marcaban el ritmo de vida de sus habitantes. Allí, abandonada, la fértil tierra fue invadiendo con su frondosa vegetación uno a uno todos los edificios hasta englutirlos en su verde masa. El silencio salvaje volvía a reinar como dueño solitario y absoluto en esta prometedora tierra misionera, sólo interrumpido por el trinar de los pájaros, por el crujir de los gajos secos al paso del yaguareté, indiscutido señor de estas tierras, y por el lejano sapucay del indio tras la exitosa caza de un mborebí.

Y, sin embargo, estas tierras, aparentemente sepultadas para siempre bajo el polvo del olvido, estaban muy presentes en la mente y en el corazón angustiado de un hombre, más bien de salud endeble y de pocas luces, pero sí, animado por una terca obsesión: la salvación de los paganos. Su nombre era, Arnoldo Janssen, sacerdote. Había nacido en Goch, Alemania, el 5 de noviembre de 1837. A la sazón tenía 37 años.

En un templado 8 de septiembre de 1875, en Steyl –Holanda– un viejo albergue abre sus puertas a un manojo de curiosos visitantes y a cuatro escépticos seguidores. Es la fundación de la Casa Misional donde se prepararían a los futuros misioneros, a aquellos que irían a tierras paganas “para salvar almas”. Arnoldo Janssen cree en el porvenir de su obra y como quien desafía a la misma Divina Providencia, a Ella confía su éxito. Esa ilimitada confianza en Dios, cual sea la confianza de un niño hacia su padre, no quedará defraudada. Pasan los meses, pasan los años. Pese a la vida austera y entretejida de sacrificios diarios, el número de aspirantes a la vida misionera, crece y crece. El renombre de su obra llega hasta los más recónditos confines de Europa, gracias a la revista misionera fundada por él mismo, “El Pequeño Mensajero del Sagrado Corazón”.

A fines de 1879 Arnoldo Janssen está en condiciones de enviar a China a dos de sus miembros: Juan Bautista Anzer y José Freinademetz. Veía en esa primicia la realización de su sueño. Se quería hacer presente, a través de sus miembros, en tierras paganas. Lo había logrado. Diez años más tarde, en 1889 desembarcaban en el Puerto de Buenos Aires otros dos misioneros que había recibido la formación misionera de manos del mismísimo P. Arnoldo Janssen. Eran los Padres Enrique Becher y Germán Löcken.

Pasaron largos años, largas décadas; 231 años desde aquella dramática expulsión de los Jesuitas de todo el territorio nacional. La primavera estaba en todo su esplendor y ya empezaba a apretar el calor. El 5 de noviembre de 1898, algo nuevo estaba por producirse. Desembarca en Posadas el P. Federico Vogt, Misionero del Verbo Divino. Enviado por el P. Arnoldo Janssen, se haría cargo del vasto Territorio de Misiones. Sólo, en la más extrema pobreza, pero munido de una voluntad férrea, se disponía a escribir a fuerza de grandes sacrificios, las primeras páginas de una nueva evangelización en esta agreste y generosa región americana.

Impregnado de entusiasmo y del espíritu de sacrificio que había bebido en los años de formación en la Casa Misional de Steyl, junto a su padre, guía y fundador, Arnoldo Janssen, no escatima esfuerzos para ir al encuentro de los descendientes de los guaraníes evangelizados por los jesuitas. A pie o a caballo, recorre incansable los senderos de los montes misioneros, como el pastor que va en busca de sus ovejas perdidas. Al mismo tiempo, en la medida de sus posibilidades, empieza la construcción de una pequeña capilla en lo que hoy es la ciudad de Posadas; años más tarde, allí mismo, surgirá orgullosa la Catedral de Posadas, sede del Obispado de Misiones.

Pero, desde siempre, la humanidad ha sido y sigue siendo simultáneamente nómada y sedentaria. Es así como a comienzos del siglo XX llegan a Misiones grupos de familias polacas y ucranianas, alemanas y suizas. Los primeros se asientan en la zona sureste de Misiones: Apóstoles, Azara, Cerro Corá, Concepción de la Sierra , Cerro Azul y los segundos en Puerto Rico, Montecarlo y Eldorado. Informado de esta situación, el P. Arnoldo Janssen insta al P. Federico Vogt a acompañar espiritualmente a estas nuevas poblaciones y para ello envía nuevos misioneros del Verbo Divino, entre los cuales se destacará el P. José Bayelein en la zona de Apóstoles, Azara, etc, y el P. Federico Vormann en el centro-norte de Misiones.

En honor a la verdad histórica, bien pronto la incansable actividad misionera se orientó decididamente hacia las comunidades de los inmigrantes europeos que iban surgiendo acullá a lo largo y a lo ancho de todo el Territorio de Misiones. Y, cabe preguntarnos: ¿Hay alguna ciudad o pueblo en el que no se pueda ver el paso de algún misionero del Verbo Divino? Surgen como hongos las hermosas iglesias parroquiales con sus capillas, diseminadas en toda la Provincia de Misiones, y un esfuerzo particular se hará en el ámbito educativo. Misiones se puebla de escuelas primarias y colegios secundarios, entre los cuales ocupa un lugar preponderante e indiscutido el Instituto San Roque González, que abriera sus puertas en el año 1937, siguiendo así la ya larga trayectoria del Colegio San Miguel fundado en 1909. Además, la Congregación del Verbo Divino se enorgullece de tener en el Profesorado Ruiz de Montoya, gracias a la iniciativa de Mons. Jorge Kemerer, Misionero del Verbo Divino, el primer Instituto Superior de Educación de Misiones.

Mientras con espíritu de incansable entrega los Misioneros del Verbo Divino sembraban la semilla de la Palabra en los corazones de los inmigrantes europeos y sus descendientes, y asentaban las bases de una formación integral sólida, los primeros destinatarios de la evangelización, los guaraníes, habían quedado marginados, abandonados a su propia suerte. Será menester esperar hasta los albores de los años 70, cuando surgirá con una visión futurista el P. José Marx, quien llamará la atención de la situación de abandono de los guaraníes, no sólo a nivel local, sino nacional e internacional. Se abocará por entero a su causa. Más aún, por iniciativa suya se rescatarán de las selvas las durmientes ruinas jesuíticas, que de ahí en más serán la admiración de los turistas provenientes de todo el mundo.

Si los Misioneros del Verbo Divino, Sacerdotes y Hermanos religiosos, han realizado una obra ciclópica en Misiones, no inferior ha sido aquélla de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Su Congregación, también fundada por Arnoldo Janssen, había visto la luz el 7 de diciembre de 1889, y el 16 de febrero de 1904 ya pisaban la tierra colorada de Misiones. Días después, el 21 de febrero de 1904 inauguraban su actividad misionera en Misiones, abriendo las puertas del entonces precario “Colegio Santa María”. Su presencia ha sido decisiva, por sobre todo, en la formación de las chicas y jóvenes, como asimismo su apostolado junto a los enfermos y moribundos.

Hoy han transcurrido 120 años desde aquel memorable 5 de diciembre de 1898, en el que el P. Federico Vogt diera comienzo a lo que hoy llamamos “La segunda Evangelización de Misiones”. Es imposible escribir la historia de Misiones al margen de la actividad misionera desarrollada a lo largo de más de un siglo por los Misioneros del Verbo Divino y las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Así como Ignacio de Loyola ha sabido imprimir en el alma de sus seguidores el espíritu heroico que los ha llevado a la fundación de las reducciones jesuíticas, cuyas ruinas hoy contemplamos con admiración, así Arnoldo Janssen ha trasvasado en el corazón de cada uno de sus miembros su absoluta confianza en la Divina Providencia , que en el devenir del tiempo ha cambiado la fisonomía de estas tierras.

Con justa razón, la Iglesia lo proclamó santo y ojalá que su obra siga produciendo aún muchos frutos y encuentre entusiastas seguidores que quieran brindarse a favor de la obra evangelizadora, tan urgente hoy como otrora. Al presente, los misioneros del Verbo Divino celebran con justificado orgullo el centenario del fallecimiento de su primer misionero en China, San José Freinademetz, fallecido en el ocaso del sábado 28 de febrero de 1908 y de San Arnoldo Janssen, que falleciera el 15 de enero de 1909. A ellos, sus seguidores, elevan su agradecida plegaria de gratitud y elevan sus ruegos para que esta magnífica y providencial obra, continúe desarrollándose en esta querida tierra misionera.

____________________________________________________________

1898-1998

Hace 100 Años

Por Lorenzo Bovier SVD

Antecedentes históricos

Con el compromiso de atender a emigrantes europeos, el 23 de octubre de 1889, desembarcaron en Buenos Aires los dos primeros Misioneros del Verbo Divino. Esta Congregación fue fundada por Arnoldo Janssen el 8 de setiembre de 1875 en Steyl, Holanda. Poco a poco se distribuyeron por varias regiones, socorriendo y orientando espiritualmente a inmigrantes, que buscaban nuevos horizontes en tierras americanas.

El 5 de diciembre de 1898 llegaba al puerto de Posadas el sacerdote Verbita Federico Vogt, quien inmediatamente se hizo cargo de la parroquia, atendida hasta ese momento por un franciscano.

Debemos tener en cuenta que en el año 1767, los jesuitas habían sido expulsados del Virreinato del Río de la Plata. Esto afectó profundamente la vida de los que habitaban esas tierras. La Compañía de Jesús había realizado una obra religioso-cultural, que no tiene paralelo en tierra americana, respecto a la elevación cultural y religiosa de los nativos. Durante años reinó el desconcierto con su lógica decadencia, motivada por la dispersión de las comunidades aborígenes.

Manos a la obra

El P. Federico, hombre emprendedor, reanimó la vida espiritual y a la vez viajó al interior, poco poblado aún. Su experiencia misionera está volcada en una carta que enviara al P. Arnodo Janssen, el 4 de octubre de 1900, en uno de cuyos párrafos se lee: “Uno de los males peores es la perversidad moral. Es como en todo el mundo la consecuencia de la pereza, el juego y la ociosidad, juegos y ociosidad son la única ocupación a la cual se dedica gran parte de la población… Inseparable con eso va el consumo de aguardiente…”

En otro relato pintaba esta imagen: “El aborigen tiene predisposición para la religión y sus prácticas, pero se contenta con poco. Ciertamente él no tiene la mayor parte de la culpa. Llama la atención cómo las ideas religiosas estén aún tan bien, arraigadas. Así se sabe generalmente, que el bautismo es indispensable para el hombre…” Hoy casi no podemos imaginara el sacrificio de los primeros sacerdotes y hermanos misioneros que llegaron abriendo picadas, junto a los primeros colonos, a quienes reconfortaban en la fe y animaron en distintos emprendimientos, colocando los cimientos de la actual realidad de esta provincia de Misiones.

El desarrollo de la obra misionera

El P. Federico Vogt y los Verbitas que llegaron poco después, se dedicaron con alma y vida a una intensa promoción humana y espiritual. Al poco tiempo arribaron también las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo- la segunda fundación de Arnoldo Janssen-, que ya en 1905 comenzaron con el Colegio Santa María, y se ocuparon de la asistencia en el hospital, que se encontraba donde hoy funciona el “Hogar Santa Teresita”. En el año 1903 el P. Federico comenzó con el Colegio parroquial San Miguel, cuya obra educativa continúa hoy en el Roque González. El trabajo misionero de los seguidores de Arnoldo crecía rápidamente. Pero otros ojos, también tenían intereses sobre este territorio y no veían bien la llegada, el esfuerzo y dedicación de los Verbitas. Esto queda claro por lo publicado en la revista “Lautaro”, que definía a Misiones como el lugar “donde la serpiente Vaticana, dentro de la república jesuítica, levanta su cabeza calva y muerde con sus dientes de veneno”.

Cuando en 1913 el P. Federico Vogt se despedía de Posadas, trasladado a Buenos Aires, el boletín local, titulado “El Pueblo”, escribía: “Tenemos que decir con toda franqueza que el padre Vogt es una personalidad respetable y un hombre bien culto. Todo el mundo sabe que somos contrarios a la iglesia y no estamos conformes de ninguna manera con su escuela y sus doctrinas, pero eso no nos impide darle al señor Vogt una alabanza justificada, al cual le deben la Iglesia y los feligreses mucho, por haber estado en esta ciudad. Para la despedida nuestros más sinceros saludos”.

La obra debe continuar

Colaboradores y continuadores del P, Federico fue el P. Pilk, que luego atendió a los habitantes de Concepción de la Sierra. El hermano Casimiro y el P. Ladislao Reinke se instalaron en Apóstoles, animando a los colonos polacos y ucranianos. El sacerdote Bayerlein-Marianski orientó a las familias polacas y ucranianas, fundadores de Azara, donde se comenzó con una escuela parroquial y casa de retiro que, a partir de 1932 se convirtió en el seminario menor “San José” y que desde 1960 continúa en Fátima.

Muchos jóvenes pasaron por esa casa, llegando al sacerdocio 45 de ellos y uno como hermano misionero. Con sacrificios enormes, imposibles de describir, los Misioneros del Verbo Divino se arraigaron en estas tierras, respaldados por una congregación misionera que poco a poco se desparramaba por el mundo. Al momento de surgir un nuevo asentamiento de colonos aparecía también el misionero Verbita para animar y orientar. Así pasó en Bonpland, Corpus, Oberá, San Javier, Alba Posse, Puerto Rico, Monte Carlo, Eldorado, Libertad, San Pedro, lguazú, Campo Grande, Aristóbulo, San Vicente, Jardín América, Santa Rita, Panambí, Andresito, San Antonio, Villa Cabello…

La nueva Diócesis de Misiones

Primeramente, los habitantes de estas tierras fueron atendidos espiritualmente desde el arzobispado de Paraná. Luego, desde Corrientes. En el año 1957 se creó la diócesis de Posadas que abarcaba todo el territorio de Misiones. Cuando Mons. Jorge Kemerer se hizo cargo de la nueva diócesis como primer obispo, aunque mucho quedaba por hacer, el edificio espiritual de Misiones se mostraba ya asentado sobre sólidos pilares. La historia de Misiones nunca podrá olvidar lo realizado por los Misioneros del Verbo Divino, cuando aquí todo estaba por hacer, faltando hasta lo indispensable. Pero la presencia Verbita significó esfuerzo, constancia y esperanzas que animaron a los primeros pobladores. Cuántas iniciativas guardan en silencio nombres Verbitas, que fueron los promotores de verdaderas obras sociales, que hoy, para muchos, han pasado al olvido.

Así son las obras de la Iglesia, porque la Iglesia evangelizando civiliza. Esto es una realidad palpable en Misiones.

Actualidad

Según los signos de los tiempos, y de acuerdo con las prioridades de la Iglesia, los Misioneros del Verbo Divino están presentes en la Nueva Evangelización, distribuidos en trabajos de áreas y pastoral de parroquias.

Más de 60 sacerdotes y un hermano desarrollan su tarea misionera en 27 parroquias y unas 200 capillas, además de capellanías en hospitales, suplencias y asistencia a enfermos. En cuanto a las áreas o dimensiones misioneras detallamos: Las de pastoral bíblica, catequística, educacional, vocacional, de formación e indígenas. Renovaciones espirituales y retiros, cursillos, animación misionera y de diversos movimientos diocesanos, justicia y paz, comunicaciones y buena prensa.

De estas tierras generosas salieron misioneros que se comprometieron con la evangelización de los cinco Continentes. Misiones ha respondido al clamor de Cristo “Vayan y enseñen a todos los pueblos”, dando hasta desde nuestra pobreza.

Hace 100 años

En estas horas especiales, florece en nuestro corazón una plegaria:Gracias, Señor, por todo lo que realizaste por la acción de los Misioneros del Verbo Divino, en esta Tierra Colorada.

Gracias también, a tantas personas que estuvieron a nuestro lado en estos 100 Años, acompañando nuestro caminar misionero.

.

CIEN AÑOS
Por Francisco Vogel, SVD

Misioneros del Verbo Divino, noble gente que vino de lejos cada cual por su propio camino se preparan a grandes festejos.

Son cien años de duras fatigas construyendo Capillas y Templos, como cien laboriosas hormigas que nos dan silenciosos ejemplos.

Federico se vino primero, fue en barco, zarpando del Plata, con mil ansias por ser Misionero dos valijas y un par de alpargatas.

Desde el Puerto se vino a pie, fue subiendo la vieja bajada, si lo supo la gente, no sé – en Diciembre fue dicha jornada –

Fue Posadas de entonces, la Villa que la gente llamó Capital, en el centro su linda Capilla que hoy la bella y gran Catedral.

Era un pueblo, mas bien una aldea recostada en altos barrancos, si le cuento tal vez no me crea: hubo plaza con mástil y bancos.

Mucha gente viajaba en carro, algún sulky pasaba también, sin veredas con calles de barro y allá lejos, las vías del tren.

Federico, el Cura extranjero testarudo como buen alemán, se propuso: el idioma primero y lo hizo con mucho afán.

Cada tanto se sienta en la Plaza a la sombra de espléndida copa, lo saluda la gente que pasa él, sufriendo el calor que sofoca.

En su patria vivía de papas, huevos fritos y mucho chucrut, en Posadas, por miedo a las ratas se esforzó por cuidar su salud.

Porque todos comían mandioca, lo invitaban las buenas vecinas; fue gustando también la pipoca en lugar de comer golosinas.

Por la tarde la gente salía; bajo un árbol armaba su mesa, con el mate y alguna sandía sin gaseosas y, menos cerveza.

Por la noche prendían farolas a gasoil o algún kerosén; la capilla quedaba a solas como el Cura en su casa también.

Por semanas, incluso por meses la Capilla estaba vacía; concurrían dos tres feligreses de mañana, al Avemaría.

Era Vogt, Misionero paciente que anunciaba el santo Evangelio; para ver y charlar con la gente no faltaba jamás a un sepelio.

Poco a poco nació la asamblea de cristianos de la vecindad; fue muy lenta y ardua tarea integrarlos en Comunidad.

Al llegar esos nórdicos gringos hubo cambios en todo Misiones; mas que nada se vio los Domingos, por las Misas, Bautismos y Unciones.

Alemanes y rubios polacos holandeses y varios ucranios nos tomaron por indios macacos o al menos por bichos extraños.

Pero pronto perdieron el susto porque vieron que éramos gente; hasta el mate tomaron con gusto descubriendo un mundo decente.

Hoy Misiones es pueblo cristiano fue sembrada con fértil semilla; hay respeto, confianza de hermanos – todavía se vive en familia –

Y la nueva Evangelización ya llegó a su primer centenario; se festeja y con mucha razón, recordando al gran visionario.

Fue Arnoldo el genial Fundador que a Misiones la tuvo por meta; para él, estos versos de amor porque Janssen es nuestro Profeta.

Quise irme al África negra -veintisiete mi joven edad- sin esposa, sin hijos ni suegra todo en manos mas, sin libertad.

Resignado por mil sueños rotos nuevo rumbo tomó mi barcaza; Misionero, cumplí con mis votos predicando a los de mi casa.

No fue ese mi ansiado destino más, lo mismo cumplí mi misión; tuve varios y duros caminos dando siempre a Dios la razón.

Hola joven, que lees mis versos
y en el alma tú sientes la voz
que te lleva por rumbos diversos,
no te alarmes, tal vez es de Dios…
que te envía divino mensaje
y te pide que seas cartero;
no te achiques, pensá con coraje,
¡Él te quiere quizás MISIONERO!

Etiquetas: .Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Comentarios cerrados.