Federico Rademacher SVD

Federico Rademacher SVD

La imagen de “hombre bueno” que irradiaba el padre Federico, se me grabó en forma indeleble durante las horas de clase en que tuve la suerte de tenerlo como profesor, confiesa el P. José Gallinger SVD.

Como si tuviese poco que hacer: Primer Vicario de la Parroquia Guadalupe (Bs. As.), Asesor Nacional de los Hombres de Acción Católica, Asesor Nacional de las Vanguardias de Obreros Católicos, Conferencista de alto vuelo y en tribunas callejeras. Predicador de Ejercicios Espirituales, etc. Hacía todas las semanas el entonces, casi penoso camino de la Capital Federal a “Villa Calzada”, para dictarnos clases a los estudiantes SVD de teología, allá por los comienzos de los años cuarenta.

¡Cuánta bondad la de esos ojos, muchas veces desbordante de lágrimas! ¡Cuánta sabiduría humana y sacerdotal la de ese “padre”! El programa de estudios hablaba de “Catequética” y “Acción Católica”. ¡En realidad, nos daba cátedra de vida sacerdotal! Eran dos horas al hilo, sin abrir el libro de texto, pero abriendo el riquísimo libro de la experiencia pastoral, toda ella fruto de su inmenso amor a la gente a cuya salvación había consagrado su vida de misionero verbita.

Su fe en los laicos era sincera. De ahí su compromiso con las Vanguardias Obreras y la Acción Católica, desde la primera hora de la creación de dichos movimientos. Nos decía: “El Cura tiene que ser como el Espíritu Santo, inspirar, pero no aparecer. Hay que saber transmitir ideas e iniciativas, pero dejar que las presenten y pongan por obra los laicos. Entonces ellos se comprometen, porque asumen la iniciativa como propia”.

Cuando en 1924 llegó a Guadalupe -luego de haber sido Vicario Foráneo en Posadas (Misiones) donde lo recuerda una importante calle de la ciudad y donde lo cedieron a Guadalupe-, con gran pesar aquí se lo recibió con hostilidad. No por él, sino por adhesión al anterior Párroco, padre Antonio Ernst SVD, quien ocupó el curato durante veintiséis años.

Cuando Dios llamó al P: Federico en forma repentina, el 4 de noviembre de 1950, también después de haber estado 26 años en la Parroquia Ntra. Sra. de Guadalupe, 16 de ellos como Párroco, en un sábado por la tarde, en medio de intenso trajín propio de tales días y con la inmediata preparación a una función queridísima al P. Federico, como lo era la oficialización de los aspirantes de la Acción Católica, fue enorme la expresión de pesar de una comunidad que había llegado a apreciar las honduras de su bondadoso corazón, su inteligencia viva y ordenada, su laboriosidad pastoral incansable.

Como en un haz, se destacaron sus grandes iniciativas pastorales y su trabajo inspirador inagotable y silencioso -¡como el Espíritu Santo!- y todas las obras apostólicas exigieron poderle testimoniar su cariño, desde la Basílica, su cátedra principal, sus queridos Círculo de Obreros y Vanguardias, sus escuelas parroquiales, el Hogar Arnoldo Janssen (hoy Parroquia Santa Lucía de Palermo), que pidieron el paso de su féretro en su último viaje a “Villa Calzada”, donde descansan sus restos mortales en el cementerio privado de la Congregación del Verbo Divino.

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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