Juan Lambrecht SVD

Juan Lambrecht SVD (1905-1990)

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo…”, como lo transcribe tiernamente el poeta. El 20 de octubre de 1990 Dios llamó a la patria definitiva a un veterano misionero del Verbo Divino, el P. Juan Lambrecht. Hacía un mes había cumplido 85 años.

Hombre valiente, incansable; persona identificada y consagrada a su misión. Se caracterizó por su fe y confianza en el Señor. El 20 de septiembre de 1981, jornada en que cumplía 50 años de sacerdocio, siendo párroco de Santo Pipó (Misiones), en la entrevista que mantuvimos con él nos manifestaba: “Si queremos ser felices pongámonos siempre en manos de Dios, prometiéndole cumplir día a día, con nuestro deber de estado, en la vocación que Él nos ha confiado en la vida”.

Saboreó lentamente un mate amargo, costumbre infaltable de su ritual diario, y agregó emocionado: “Así, cuando llegue el momento de rendir cuentas, podremos presentarnos confiados, como exclamaba el apóstol San Pablo: He creído y he sido fiel al Señor; sólo me resta esperar la recompensa que Él tiene preparada para los que lo aman”. (2 Tim 4,7-8)

Esta confidencia que rescatamos del archivo, fue una constante de su larga y fructífera vida misionera. Juan Lambrecht había nacido en Rusia y emigró con sus padres a la Argentina. Se radicaron en Santa Anita, provincia de Entre Ríos, formando una de las tantas colonias de alemanes del Volga. Los Misioneros Verbitas recién llegados al país, se preocuparon por su futuro y lo orientaron en todo sentido.

Y en medio de privaciones y esperanzas, se escuchó también la conocida invitación de Cristo: “Ven y sígueme”, y como respuesta florecieron muchas vocaciones apostólicas. Alguien que respondió entre los primeros fue el joven Juan, quien al cumplir 50 años de sacerdocio nos confiaba: “Si pienso cómo Dios me ha protegido y llevado adelante, a pesar de enfermedades y contratiempos muy graves; 21 años de epilepsia que luego superé gracias a un milagro de la Virgen María, y todo lo que significa la responsabilidad sacerdotal… Pero con la ayuda del Señor siempre salí a flote”.

Hombre dinámico, emprendedor, infatigable. Recién ordenado sacerdote le confiaron en el año 1932, la puesta en marcha del Seminario de San José, de Azara (Misiones), en un edificio construido por los colonos bajo la dirección del P. José Marianski svd. Inicio pobre, muchas veces le trajo a la memoria el humilde comienzo misional de Amoldo Janssen en Steyl, Holanda.

Además de su dedicación como rector y docente, muchos fines de semana y en los tiempos fuertes de cuaresma y adviento, asistía a los pobladores de Sierra San Juan, Santa María, Concepción, Itacaruaré, San Javier.

Rojas picadas que aún serpenteaban entre montes verdes y urticantes matorrales, cerros y vados con su típico frescor de aguas claras y cantarinas, lo vieron al P. Juan en sulky de camino a un poblado, en una mano las rienda y en la otra el rosario. Actuó también en el sur de Buenos Aires, en comunidades de inmigrantes como él, colonos alemanes del Volga: Coronel Suárez, Hinojo, Gascón, Colonia San Miguel Arcángel, regresando como director espiritual de Corrientes (los Verbitas atendieron el Seminario de Corrientes y capillas, desde 1940 hasta 1991). Hombre humilde, responsable y serio, actitudes que no impedían participar en partidas de truco, donde florecía todo el coraje y picardía del juego criollo.

Por donde pasó fue animador y guía de la “Legión de María”. Fundador de la escuela “La Inmaculada” de Villa Urquiza, al tiempo que hacía de párroco en ese barrio posadeño. Apóstol incansable del cine y la buena prensa. Fue galardonado por la revista “Esquiú” debido a la amplia divulgación que había hecho de la misma. A él se le debe la formación de catequistas en las diócesis del noreste argentino, por medio de cursos progresivos.

El tiempo ha pasado, quienes lo conocieron no lo podrán olvidar. Su última responsabilidad pastoral la cumplió en Santo Pipó hasta 1985. Debilitado, se retiró a la casa de descanso en Fátima (Posadas), donde pedía a Dios por todos y aconsejaba a cuantos lo visitaban.

Toda una vida dedicada al anuncio de la Buena Nueva: en seminarios, parroquias, catequesis, medios de comunicación social, asesor de distintos movimientos espirituales, un álbum de vida pletórica de coraje y bendiciones. Respuesta alegre a Dios y a los hombres, hermanos de camino. “Cuando un amigo se va”… pero el recuerdo de su testimonio nos anima.

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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