Juan Lakotta SVD

Juan Lakotta SVD (1908-1990)

Juan Lakotta SVD (1908-1990)

Medio siglo de generosidad

Con un bagaje pletórico de ilusiones, llegaba a estas tierras en 1973, el joven sacerdote, misionero del Verbo Divino, Juan Lakotta, oriundo de Alta Silesia, Polonia. En Misiones encontró selva, picadas y pueblitos que comenzaban organizarse.

Primeramente durante tres años, actuó en el Paraguay, donde conoció al padre José Kreuser y al hermano Agatano. Ya en la Argentina atiende la parroquia de Candelaria. Pasa luego al Seminario de Corrientes donde reemplazaba al padre Santiago Lichius en el rectorado, quien debía cumplir una misión especial de visitador.

Después lo vemos en la parroquia de Concepción de las Sierras. “Todo era lento. Nos trasladábamos a caballo o en sulky, de un pueblito a otro. No había puentes y para cruzar arroyos buscábamos los vados”.

Entre sus recuerdos misioneros rescatamos el encuentro esporádico con el maestro y director de escuela, José Antonio C. Ramallo, que en medio de sabrosas peripecias, propias de una época de ubicación, se ayudaban unos a otros. Esto sucedía en la zona conocida como Sierra San Juan. De ahí a Apóstoles, colonia que se esforzaba en busca de progreso.

En Santo Pipó tuvo su sede en Cristo Rey, centro bastante poblado, donde la mayoría se dedicaba al cultivo e industrialización de la yerba mate. Aquí comenzó a usar para las recorridas, un coche Wippet modelo 29.

Luego Azara fue el nuevo destino en su vida misionera. “Me vienen a la memoria -comenta- los días después de Navidad, cuando se visitaba todos los hogares. Los nostálgicos villancicos cantados en polaco y la bendición de la casa conocidos como “kolendas”.

Luego los superiores le confiaron la atención de San Javier, con toda la comarca aledaña. “¡Qué difícil era llegar hasta Puerto Rosario!” nos dice. “Visitar el Cerro Monje durante la Semana Santa, ya era una tradición local”.

De San Javier pasó a Puerto Piray, donde atendió durante ocho años el colegio, las capillas hasta el kilómetro 22, camino a San Pedro, y el centro, cerca de la fábrica de celulosa.

Finalmente, estuvo en Alba Posse: “Aquí estoy: hago lo que puedo con las fuerzas que aún me quedan. Los 77 años pesan. Confío en que me dará el premio a mis esfuerzos y dedicación que puse a lo largo de los 50 años como sacerdote y misionero. A veces pienso en los miles de bautismos, catequesis, primeras comuniones, bendición de matrimonios, consultas, enfermos asistidos… Quizás pude hacer más, pero las circunstancias eran difíciles”.

“Sufrí muchas peripecias junto a los primeros colonos, en el despertar de estas tierras. A veces parecía que mi fe flaqueaba, pero mirando a la Virgen María encontraba fuerza para continuar con mi misión de apóstol. Agradezco a Dios que confió en mí y me alegro por todo lo que pude hacer en su nombre. Agradezco también a tantas personas que me ayudaron a lo largo de estos 50 años como religioso y misionero”. (Entrevista publicada en “El Territorio”, el 20 de agosto de 1986)

Sorpresivamente, Dios lo llamó el 17 de mayo de 1990.

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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