Federico Figge SVD

Una vida para Dios y los hombres

Hoy quiero compartir dos acontecimientos caracterizados por la generosidad y la esperanza. El primer diálogo se desarrolla en Santa Rita, zona del Alto Uruguay. Las campanadas del reloj cu-cu, con su cadencia solemne, nos trasladan a un tiempo lejano. Nuestro protagonista acaba de cumplir 88 años.

Hurgando en el álbum de los recuerdos nos comenta el P. Federico Figge: “Desde niño sentí deseos de ayudar, hacer algo por los demás, pero la temprana muerte de mi madre y de una hermana, me obligaron a cambiar los planes. Seguí estudiando y a la vez trabajaba como aprendiz en una fábrica, en Alemania. Recién a los 38 años pude concretar mi sueño: ser consagrado sacerdote”.

– ¿Y por qué a la Argentina? -le preguntamos-.

“Siempre quise dedicar la vida en bien de los demás y me enviaron a estas tierras, donde los Misioneros Verbitas habían desembarcado en 1889 para atender a colonos inmigrantes. Mi primer puesto, después de ocho meses de aprendizaje del idioma, fue en Macachín (La Pampa), allá por 1940. En 1953 me destinaron a Oberá (Misiones), hasta que en 1966 los Verbitas entregaron la parroquia al clero diocesano”.

“Siempre me gustó el campo, el monte con sus picadas y su gente sencilla y trabajadora. Además de la pastoral y formación de comunidades, me inquietaban los medios de comunicación, concretamente la buena prensa y el cine. Luego, durante más de 20 años, compartí de cerca el progreso material y espiritual de Aristóbulo del Valle. Y ahora el Señor me quiere aquí, en Santa Rita y sus colonias”.

– Padre Federico: ¿Cuál es su mensaje al cumplir 88 años de vida y 50 como sacerdote y misionero?

– “Mi gratitud a Dios que me ha elegido para esta misión: bendecir, animar, perdonar, consolar… Gracias también a tantas amistades que florecieron por esa presencia sacerdotal; y quiero compartir con ustedes la felicidad de sentirme tan joven, al cumplir 88 años y poder en nombre de Cristo seguir ejerciendo el sacerdocio”.

Nos despedimos. Lo ayudé a ubicar una valija en su VW “Escarabajo” blanco. Ágilmente, el P. Federico se acomodó al volante: “Tengo una celebración eucarística en Colonia Aurora” -me dijo-. Minutos más tarde, desde la altura de Santa Rita, se divisaba el serpentear de un punto blanco, hasta que desapareció tras una cortina de tierra roja.

Falleció en Alemania, el 1º de octubre de 1998, a los 97 años de edad.

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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