Cuaresma: una nueva etapa en el proceso de conversión

(ARS) En un par de días iniciaremos la Cuaresma. El Miércoles de Ceniza nos traerá el recuerdo de una antigua invitación profética, especialmente con la proclamación de Joel 2, 12-18, en tono de conversión penitencial.

Joel comienza con una llamada, en nombre de Dios, a la conversión: “Conviértanse a mí”. La conversión es siempre un proceso, un camino, un itinerario, con un punto de partida y una meta. En el texto del profeta la meta es clara: “a mí”. No se nos pide que nos convirtamos a una doctrina, a unas prácticas “religiosas” o a una moralidad o costumbres que hubieran caído en desuso. La conversión es directamente vinculada o relacionada con Dios. Lo que se pide es reorientar la vida hacia el Señor, su persona, su vida, su mensaje, sus actitudes, sus sentimientos… para llegar a un encuentro profundo y sincero con Él.

El Capítulo General del año 2006, nos invita a una “actitud de constante conversión”, en el número 23 nos dice: “Somos llamados constantemente a la conversión, a pasar en éxodo pascual hacia un nuevo modo de ver y de vivir. Estamos convencidos de que al abrirnos a la conversión seremos más capaces de aprovechar nuestros recursos espirituales y pasar así a ser más plenamente parte de la vida y misión de Dios. Esto puede suceder solamente si estamos dispuestos a pasar tiempo con Dios, con nuestros cohermanos y con nuestros compañeros de diálogo”.

Suplir la meta de un profundo y sincero encuentro con Dios, mediante la realización de prácticas convencionalmente “piadosas”, es considerado por el profeta un fraude y una hipocresía. Por lo mismo el subraya que la conversión a Dios tiene que ser “de todo corazón”. Y agrega: “rasguen los corazones, no las vestiduras”.

Aún así el profeta no rechaza, sino que apoya, el empleo de las prácticas litúrgicas habituales en Israel para estos casos: “con ayuno, con llanto y con luto”. Todo sirve y nada es suficiente para un objetivo tan importante como convertirse a Dios. ¿No te parece? ¿Hacemos todo lo suficiente al respecto?

Es importante que el camino a recorrer para encontrarnos con Dios, esté iluminado por su verdadero rostro: “porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y se arrepiente de las amenazas”. El profeta no parte de una “amenaza divina”, pues puede producir efectos contraproducentes, como el miedo y no el amor como auténtico fundamento de la conversión. Por eso el texto del profeta está solidamente apoyado en el verdadero cimiento de una experiencia positiva: el amor misericordioso de Dios.

El profeta da por hecho que también la amenaza existe, la posibilidad del castigo divino es real. Pero puede disiparse: “quizá se convierta y se arrepienta y nos deje todavía la bendición”. Con el término “quizá” este y otros textos parecidos no están dudando de la misericordia de Dios, sino que conforme, a sus formas de expresión, están salvando la absoluta libertad de Dios para obrar según sus propios criterios.

El camino de conversión es personal, sin duda, pero no individualista, tiene siempre una dimensión comunitaria. La Iglesia y nuestra Congregación no están formadas por la suma de muchas individualidades, sino por la comunión de muchas personas. Es impensable para Joel y para nosotros mismos, una conversión sincera que no tenga una doble dimensión personal y comunitaria.

Nuevamente retomando el desafío constante de “convertirnos en una fraternidad reunida en la vida y la misión del Verbo Divino”, nuestras Constituciones en el número 303, nos recuerdan: “El sincero amor fraterno, mucho más que el mero hecho de vivir y trabajar juntos, es el factor determinante de nuestra unidad. Nos esforzamos, por tanto, en crear una convivencia que permita a todos sentirse acogidos y como en casa. Mostraremos interés por la vida y el trabajo de cada uno de nuestros cohermanos y los apoyaremos y estimularemos de modo que desarrollen plenamente su vida y sus talentos. Compartimos con todos las alegrías, penas, esperanzas y problemas. La amabilidad y la bondad deben ser rasgos característicos de nuestra Congregación. Nos esforzamos por vivir plenamente el ideal evangélico de comunidad que predicamos a los demás”.

El profeta Joel llama, invita, convoca y provoca a “rasgar los corazones”, a abrirlos y a partirlos, a dejar que sean la puerta por dónde se cuele la gracia. Corazones –sin duda frágiles–, pero abiertos, sin miedos, parálisis o infartos. La Cuaresma que iniciaremos puede ser un kairós para chequear nuestro corazón y sintonizarlo con el de los cohermanos. La Cuaresma puede convertirse con renovada creatividad y ardor en que nuestros muchos rostros, se conviertan en un solo corazón más fraterno, solidario y cercano.

Nuestro santo fundador siempre deseaba que “viviera el Corazón de Jesús en los corazones de toda la humanidad”, que en esta Cuaresma, una nueva etapa en el proceso de conversión, nos comprometamos para que los sentimientos del Corazón de Jesús los reflejemos en nuestras relaciones comunitarias y misioneras.

Luis O. Liberti svd

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Una Respuesta a Cuaresma: una nueva etapa en el proceso de conversión

  1. Yosenia Castellanos dice:

    Buen dia, me parece muy interesante la temática abordada ya que es de suma importancia para el crecimiento personal y por ende espiritual. Cada persona debe de desarrollar su actitud frente a una verdadero cambio.

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