Adolfo Ruhl SVD

+ 26.03.00 (1925-2000) / 25-44-46-52-53

El P. Adolfo nació en Salto, Valle María (Entre Ríos), el 1 de marzo de 1925 y fue el menor de 17 hermanos. En 1938 ingresó en la Congregación del Verbo Divino en el Colegio Apostólico San Javier, Rafael Calzada, donde hizo el noviciado y los estudios sacerdotales. Allí conoció a su compañero en la vida religiosa, el padre Adán Recofsky, con quien mantuvo una amistad que los acompañó toda su vida.

Sus primeros votos fueron el 1º de marzo de 1945, en Calzada, y el 11 de enero de 1953 fue ordenado sacerdote por el nuncio apostólico, monseñor José Fietta, junto con el padre Recofsky y otros siete seminaristas. Fue destinado a Filipinas, donde vivió 6 años trabajando sobre todo en los Seminarios Menores de Tagbilaran, Leyte y en el St. William’s College, Laoag.

Operado de un oído en Estados Unidos, regresó a Argentina en 1958. Primero fue coadjutor de la parroquia de Guadalupe, enseñando también en el colegio homónimo antes de ser nombrado párroco de Rafael Calzada en 1961, donde tendría su asiento permanente. Sin embargo, fue a partir de ese traslado que junto con el padre Adán Recofsky realizaron misiones por México y Centro América en 1966, donde conocieron el movimiento “Jornadas de Vida Cristiana”. Luego realizaron misiones en varias provincias de Argentina. En 1967, ambos iniciaron el Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana en la Argentina, dedicando luego el resto de su vida a propagar este apostolado por toda Argentina.

El 25 de marzo de 2000 fue operado de un aneurisma en la aorta, operación que no superó. Volvió a la casa del Padre en la madrugada del día siguiente.

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Una Respuesta a Adolfo Ruhl SVD

  1. Maria del Rosario Fernandez dice:

    Gracias padre Adolfo Ruhl por toda la entrega, las enseñanzas, los ejemplos de viva fe, siempre vivirá en nuestro corazón, y jamás olvidaremos toda la sabiduría recibida de usted. Hoy, a 17 años de su partida a la casa del Señor, estamos en pie para recordar cada una de sus palabras que marcaron nuestras vidas. Así queremos recordarlo hoy y siempre, con su sonrisa y semblanza de hombre de Dios, sencillo y valiente, un gran predicador de la Palabra de Dios. ¡Gracias por todo el legado que nos dejó!

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