125 años en Argentina, creyendo, amando y anunciando al Verbo Divino

Misión verbita 2015 – Puerto Rico, Misiones (04/01 al 15/01/2015)

Capilla San Miguel, Puerto Rico - Misiones

Capilla San Miguel, Puerto Rico – Misiones

Ya son 125 años desde que la Congregación Verbita se encuentra en Argentina, y 117 en la tierra colorada. Y hoy, como en aquel tiempo, sigue siendo este territorio, entre fronteras, selva y ríos, el lugar donde diferentes culturas se encuentran y se abrazan.

Desde aquel entonces comenzaban su tarea evangelizadora los misioneros verbitas, quienes siguiendo el legado que dejó San Arnoldo Janssen -fundador de la Congregación-, trabajan desde las siguientes dimensiones: la Pastoral Bíblica, la Animación Misionera, el apostolado de Justicia y Paz e Integridad de la Creación y la Comunicación, impulsando la profundización de la experiencia del Verbo Divino bajo diferentes enfoques y destacando la universalidad en la diversidad, llegando a diferentes lugares y pasando un proceso de enculturación, para poder trabajar a la par con ese “otro”. “La presencia Verbita significó esfuerzo, constancia y esperanzas que animaron a los primeros pobladores de estas tierras” escribió el P. Lorenzo Bovier svd, cuando se cumplieron 100 años de la congregación.

Hoy, somos nosotros los laicos, quienes nos sumamos a esta misión bajo este carisma verbita que nos impulsa a salir al encuentro de los demás y compartir la fe, porque la religión se vive y se hace carne en tanto y en cuanto se mantienen vivas las costumbres, las prácticas y las creencias de la gente. Por eso la misión no tiene fin, sino que continúa a través de cada persona que comparte la alegría de la Palabra de Dios y construye el Reino desde su cotidianeidad, con sus familias, vecinos y amigos en el hoy. Nuestra fe y nuestro actuar son testimonio del misionero, y misionero es aquel que acepta el llamado, y como dice en Evangelii Gaudium, sale de su propia comodidad y se atreve a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

Así, el 5 de enero 2015, un grupo de 38 misioneros, tras un tiempo de formación y preparación, dejamos atrás nuestros hogares, familias, trabajos y estudios, y celebrando la obra de Arnoldo Janssen, bajo el lema: “125 años en Argentina, creyendo, amando y anunciando al Verbo Divino”, emprendimos la misión que tenía como destino la Ciudad de Puerto Rico en Misiones. Allí nos destinaron la Capilla San Miguel del Puerto, ubicada en el Barrio San Miguel. Esta capilla fue la primera de la ciudad, fundada en el año 1923, restaurada y mantenida en sus condiciones originales. El salón que acompaña a esta capilla se convertiría en nuestro alojamiento.

El grupo estaba compuesto por personas de diferentes edades, destacándose la mayoría de jóvenes, hombres y mujeres de diferentes lugares de la provincia: Apóstoles, Eldorado, El Soberbio, y Posadas (donde se encuentra la comunidad de base, desde la cual se organiza la misión: Inmaculado Corazón de María de Villa Cabello).

Todo grupo, para lograr su objetivo necesita de una coordinación que dirija y guie las diferentes actividades, acompañados del asesoramiento espiritual que en esta oportunidad, estuvo a cargo del P. John Britto SVD y el P. José Bique SVD, que es quien impulsó desde un principio esta actividad misionera.

Los días de Misión fueron once, y se llevaron a cabo de la siguiente manera: el primer día llegamos y nos ubicamos en el Salón Parroquial, por la mañana y por la tarde compartimos un pequeño retiro para ponernos “a tono” con la tarea que íbamos a llevar a cabo. Del segundo al noveno día, fueron los días designados a la tarea evangelizadora, salir en grupos, recorrer las calles, visitar casa por casa del barrio designado y volver para continuar por las tardes las jornadas con los niños y jóvenes de la comunidad, retomando fuerzas cada día con las misas. El último día compartimos una misa de cierre y allí recibimos la gran alegría del compromiso de parte de la comunidad de continuar con la Misión.

Las actividades que se destacaron por la masiva participación de la comunidad fueron: la misa por las familias, el fogón organizado por los jóvenes del Grupo Misionero que se llevó a cabo después de dicha misa, la misa por los enfermos donde se realizó imposición de manos por parte de los sacerdotes John y Marcelino y la misa del día miércoles, donde se bautizaron cuatro miembros de la comunidad.

Más allá del cumplimiento de las actividades planificadas, lo que no se puede planificar ni prever es la gente con la que nos encontraríamos, sus reacciones, sus expectativas, sus condiciones, sus historias…

Esta comunidad se destacó por ser mayoritariamente católica, familias extensas, es decir, compuestas por dos o más familias viviendo juntas o en casas una atrás de la otra. Muchos hombres que salen a trabajar y mujeres amas de casa. Otra característica que pudimos ver fue la presencia de muchos niños y jóvenes con diferentes discapacidades, y también fuerte presencia de ancianos.

La mayoría de las familias vivieron toda su vida allí, y al ingresar a los hogares, compartían su sorpresa de ver a católicos recorriendo las casas, para muchos de ellos fue la primera vez que recibían La Palabra de Dios por parte de gente de su propia religión. Esta situación hizo que hubiera mucha apertura en cada visita, buena predisposición, y no faltaron las familias que nos pidieron que llegáramos a la casa de sus parientes.

A medida que pasaban los días, avanzamos también en el recorrido de los barrios designados y en cada casa dejábamos la invitación para las misas y las jornadas de las tardes, así fueron sumándose día tras día y la capilla se llenó de colores, de voces, de su gente, LA IGLESIA REUNIDA, EN COMUNION.

Cabe destacar la alegría del misionero, de cada uno de nosotros, quienes compartiendo la tarea con los sacerdotes, animamos a nuestro hermano a bailar, cantar, participar activamente en la misa. A no dejar para mañana lo que hoy podemos hacer, visitar a quien nos necesita, al que está enfermo y no puede venir hasta la capilla, a aquel que alguna vez se sintió ofendido y espera un abrazo en signo de reconciliación.

Este es el mensaje de la misión, de este pequeño momento “de ruido” en la comunidad de San Miguel, los misioneros se van pero la misión continúa, porque somos católicos y estamos llamados a ser “Iglesia en salida”, iglesia misionera.

Seguiremos caminando y formándonos hasta tener nuestro nuevo destino, el camino es largo y aún queda mucho por recorrer.

Carolina Palucito

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