Celebrando el Año de la Vida Consagrada como Misioneros del Verbo Divino

Tu vida consagrada en la SVD… Más vida y más consagrada

Logo del año de la Vida Consagrada

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Para quien escribe, hablar de la Vida Consagrada (VC) es algo así como pedirle a una madre que hable de su hijo predilecto. Hablo más como protagonista que como especialista. A los Misioneros del Verbo Divino, el Año de la VC puede servirnos para reencantarnos con nuestra vocación. La calidad de una vida misionera depende de la fidelidad a la propia vocación.

Se oye que la VC está en crisis, pero esa crisis no la sentimos en nosotros mismos. Nos preocupa el futuro de la SVD (Europa), pero estamos tranquilos con nuestro caminar actual. Sentados bajo la retama de la mediocridad recitando el libro de las Lamentaciones. Dejemos el desánimo para tiempos mejores. Jesús le dice al joven rico: Una cosa te falta: vende, da, sígueme. Y nosotros tranquilos rezando: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Instalados, conformes con lo que tenemos, seguridad, comodidad, poder, prestigio… Pero nos falta pasión, fiebre de santidad.

Crisis… de las personas. La fuerza que hemos puesto en cuidar nuestro estilo de vida externo no la hemos puesto en cuidar lo interior, lo espiritual, los valores, el sentido de la vida y de la historia que vamos haciendo. Crisis de identidad, de sentido, de significación, de misión. Un problema espiritual, de experiencia de Dios. Si cada cohermano es el mejor patrimonio de la  SVD, es tiempo de abonar esa tierra. Hemos vivido inquietos, preocupados, dispuestos a darlo todo en la misión. Necesitamos fortalecer la dimensión contemplativa, debilitada, hasta caer en la mediocridad.

Los verbitas damos una imagen de buenos trabajadores, gente de vida organizada y austera, con horarios y normas. Hacemos del seguimiento algo funcional, más que personal, más en la tarea que en la relación. Pegados a la modernidad, nos ha hecho más funcionarios de lo sagrado y menos testigos de Jesucristo. Por muchas Biblias distribuidas en los lugares de misión… el único evangelio que lee la mayoría de la gente es tu vida y la mía. Una vida consagrada, llamada a ser comentario del Evangelio, una carta de Dios para otros. El profesional de lo religioso convierte el Evangelio en un conjunto de acontecimientos bellos y pacíficos que va acumulando en la memoria, sin tocarle la vida. Con anemia espiritual…perdemos la alegría, la pasión por Jesús y su Reino. Nos queda el refugio en piedades. Pasamos a ser consumidores de cosas divinas. De ahí una VC light, en la oración, la vida comunitaria, la misión reducida a las obras.

La sociedad necesita menos nuestras obras. Lo que necesita no es que seamos una ONG de servicios gratuitos, sino una voz del Espíritu, un signo que cuestione y relativice los valores regidos por la ganancia, testigos que le comuniquen energía del Evangelio, el deseo de Dios: que todos tengamos vida en abundancia. En nuestras comunidades resulta más fácil ofrecer a la gente edificios que espacios de cordialidad y de escucha; más organizaciones y tareas que ocasiones de encuentro y de oración compartida. ¿Tenemos el vigor espiritual que necesitamos para enfrentar hoy los desafíos que nos plantea la sociedad?

Quizá nuestra vida misionera logra excelencia profesional y eficacia laboral. Pero no excelencia evangélica, para ser significativa. Buena salud ética, no tanto evangélica. Hacemos muchas cosas buenas. Pero ¿transmitimos mucho Evangelio en lo mucho que hacemos? Nuestro tiempo convierte en light todo lo que toca. De ahí una VC light convertida en club de solteros, en lucha por la supervivencia y no por la vivencia-super. Lo peor es sufrir un infarto de conformismo, de resignación en el modus vivendi. Necesitamos la audacia de los profetas, la ilusión de los niños, el sueño de los jóvenes, el trabajo de los principiantes. Pero estamos acomodados (no-profetas), tenemos mentalidad de adultos (no-niños o jóvenes), profesionalizados con tantas técnicas (no-principiantes).

Fundamentos de una vida religioso-misionera: la experiencia de Dios, la dimensión contemplativa de la vida, la experiencia de la fraternidad, la práctica de la pobreza evangélica, la misión en las fronteras. Son el sostén de nuestra identidad carismática y misión profética, que forman el tejido del seguimiento de Jesús. No será auténtica nuestra VC sin la experiencia carismática y sin el coraje profético en la misión. El aporte específico a la Iglesia local será el que corresponde a nuestra identidad carismática y misión profética. No somos consagrados para ser funcionarios de lo sagrado, sino testigos de Jesucristo. Cada verbita… un hombre de Dios. No porque  dé lecciones de espiritualidad, sino porque habla desde Dios, transmite experiencia de Dios. Cada comunidad… una escuela de espiritualidad, de vida animada por el Espíritu. ¿Somos expertos en vida de Dios, en Palabra encarnada, en los valores del Reino? Quizá estamos gastando el tiempo en cambiar los odres, y lo que hay que cambiar es el vino.

Sobre la VC, casi está todo dicho, pero no todo está hecho. ¿Qué estamos dispuestos a hacer? La vida solo cambia en dirección correcta con una profunda espiritualidad. No basta con tener claras las cosas. Se necesita fuerza y coraje. No es tiempo de responder al porqué, sino de buscar el cómo. ¿Cómo animarnos para llegar a reencantarnos con nuestra vocación? A menor disciplina, mayor dosis de mística comunitaria. La disciplina fue el sostén de la vida comunitaria y la misión. Se derrumbó la disciplina, y no siempre se reemplazó por la mística. Sentimos una fe frágil, no suficiente para sustentar renuncias, compromisos permanentes, misión, fronteras… Por eso, queremos y no podemos. Falta fuerza para vivir con calidad, pasión para trabajar con compasión y misericordia. Sin el reforzamiento de nuestra identidad carismática no seremos capaces de realizar una misión profética en la Iglesia y en la sociedad, a pesar de nuestras muchas tareas apostólicas.

Misioneros del Verbo Divino… hombres que viven para gozar de la experiencia de Dios y ser contagio entre quienes nos rodean. Como las ostras, con la tarea de cultivar en nuestro interior la búsqueda de Dios, hasta que se transforme en perla, para los demás.Es necesario recuperar la experiencia del enamoramiento: de ilusión, donación y entrega, de regalar a cambio de nada, de sentir que lo gratuito tiene sabor divino. Sin la pasión por Dios y por los seres humanos la vida se convierte en rutina. Enamorarse, vitamina necesaria para evitar la enfermedad del funcionario y la comunidad-hotel con tantas frustraciones.

P. Carlos del Valle SVD
Rector del Collegio San Pietro de Roma

Fuente: Arnoldus Nota, marzo 2015

 

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