Hemos creído sin haber visto

Yo estoy aquí (2º Domingo de Pascua)

Por Jonás Vázquez

Después de la cruel y humillante muerte de Jesús, era un desafío muy grande seguir creyendo en el Mesías. Era muy difícil seguir siendo apóstol pues el Maestro había sido crucificado y todo parecía que había llegado a su final. Es cierto que Jesús había anunciado que después de tres días de su muerte resucitaría, pero ante la trágica muerte del maestro todos se olvidaron de lo dicho por Jesús.

En el evangelio de este segundo domingo de Pascua, encontramos una situación concreta. Jesús el maestro resucitado se les aparece a estos discípulos que estaban con mucho temor a los judíos. Si nos ponemos en el lugar de estos ellos nos pasaría lo mismo. Si fueron capaces de matar al maestro les sería mucho más sencillo matar a los discípulos, por eso el miedo, el estar encerrados y por supuesto, la incredulidad de Tomás ante la noticia de que Jesús estaba vivo, y se les había aparecido a los demás discípulos en su ausencia.

Tomás con su incredulidad nos representa a todos, pues cegados por el temor, la falta de confianza en las Palabras del Maestro, llegamos a situaciones como: si no toco las heridas con mis propias manos no creo, si no veo con mis propios ojos no creo, y esto es muy común en nuestros días. Muchos dicen yo soy agnóstico, yo soy bautizado pero no practico, yo soy de esta o aquella iglesia pero no participo. Otros en cambio, dicen: me pelee con el párroco o discutimos con este o aquel miembro de mi grupo parroquial y por eso estoy alejado.

Lastimosamente, como Tomás, nos quedamos en la superficie y no llegamos a lo profundo, a lo fundamental, a lo sustancial para nuestra vida, a lo importante.

Al término de un día cualquiera uno se pone a reflexionar un poquito y se da cuenta de que hizo cosas sin importancia, ni para sí mismo ni para los otros. Y entonces nos damos cuenta de que nos hemos quedado en la superficie y no hemos llegado a lo profundo.

Nuestra sociedad está plagada de superficialidades, de temor al compromiso, de temor a ensuciarse con la realidad dura de muchos hermanos y hermanas.

Muchas veces vivimos como si Jesús nos hubiese abandonado, y así nos olvidamos de sus palabras: “La paz sea con ustedes… reciban el Espíritu Santo”.

Y como no somos los discípulos que estuvieron con Jesús durante su vida terrenal y tampoco soy o somos Tomás quien tocó las heridas del Maestro, somos dichosos porque “hemos creído sin haber visto”.

Jesús nos invita a vencer nuestra incredulidad, nuestras dudas, nuestras flaquezas y así dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros.

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