¿A qué estoy llamado?

Yo estoy aquí (4º Domingo de Pascua)

Por Darío Rubén Figueroa

En el cuarto Domingo de Pascua, se lleva a cabo la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y yo me pregunto ¿qué es vacación? Y para no extendernos, lo vamos a definir como un llamado, entonces ¿a qué estoy llamado? Esta pregunta nos la deberíamos hacer todos ¿a qué estoy llamado?

La liturgia de este día nos habla de Jesús como Buen Pastor, podríamos decir que esa es la vocación de Jesús, “el Cristo que es piedra angular que rechazaron los constructores” se convierte en una figura clave para la salvación de la humanidad, lo dice san Pedro y agrega “es por medio de él que la gente se sana”. Y san Juan en su carta nos dice “Él nos constituyó como hijos de Dios”. Podemos decir que la vocación de Jesús es que todos nos salvemos, por medio de la filiación Divina. Pero Él no quiso pasar por encima de nuestra libertad, es por eso que nos envía mensajeros para que podamos unirnos a Dios Uno y Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

A lo largo de la historia de la humanidad ha llamado y sigue llamando a hombres y mujeres para que anuncien que somos hijos amados de Dios. Sigue llamando pastores que lleven a las ovejas perdidas de nuevo con el Buen Pastor, y es ahí donde se desarrolla la vocación sacerdotal y religiosa.

Pero cuando hablamos de vocación ¿nos referimos exclusivamente a este estilo de vida? No. Como dije antes, la vocación es un llamado y Cristo nos llama a todos, Él quiere que todos seamos felices, y parafraseando a san José Freindademetz, “el mejor lugar en el mundo es ahí donde Dios me quiere” y nos llama a cumplir una misión. Es decir que todos tenemos una vocación ya sea sacerdote, religioso, religiosa, padre de familia, entre otros estilos de vida. Pero todo debemos hacerlo en nombre de Dios, si soy papá debo hacerlo lo mejor posible, ya que es el mismo Dios que me encomienda los hijos que tengo, y si soy religioso consagrado debo dar todo por aquel que me invita a dar mi vida. Nos dice san Arnoldo Janssen “la persona feliz es fuerte en su amor por los otros” y “la mejor forma de amar es agradecer”. Por lo tanto, la invitación de este día es hacer todo lo que hago por AMOR y con AMOR.

Recemos por todos los hijos de Dios que se encuentran en desolación, para que Él los guie e ilumine, también por los consagrados en este Año de la Vida Consagrada, para que siempre sean testimonio de Dios vivo y para que más jóvenes se animen a vivir el desafío de dar su vida en pos del Reino.

Y termino diciendo esto, “Jesús nos dice te quiero, nosotros debemos decir ¿a dónde? Que Dios Uno y Trino los bendiga y los acompañe siempre.

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