Nuestra misión profética en el Año de la Vida Consagrada

Por Carlos del Valle svd

Las más bellas páginas de la historia de la SVD están minadas de espiritualidad y entrega, de humanidad y servicio. Hoy no nos centramos en una historia gloriosa para recordar, sino en una gran historia que construir. Cada sociedad recoge el fruto de la semilla que siembra. Si sembramos vientos, recogeremos tempestades. Una misión configurada por la costumbre, ¿no estará sembrando superficialidad, imagen, eficacia, éxito, protagonismo?

La vida misionera no busca cosechas ciertas sino siembras contantes. Lo hace, sin guiños hacia la derecha o la izquierda, mirando hacia arriba, pero desde abajo. En la siembra de la SVD el número no es garantía de nada ni tiene poder de salvación. Es la fidelidad la garantía de frutos abundantes. La mujer de la levadura recuerda que si en la misión sólo mezclamos más harina con la masa, ésta no sube; la masa subirá con fermento. Nuestra misión… la de Moisés: subiendo al monte para encontrarse con Dios y bajando del monte para encontrarse con la gente. Pasa la vida tejiendo relación entre Dios y su pueblo. Necesitamos el fermento de comunidades más evangélicas; serán más evangelizadoras. ¡Hay tantas formas de transmitir evangelio cuando se vive evangélicamente!

Convocados a ser profecía, dedo señalando a lo alto. Nuestra misión…ser hombres de Dios. No podemos vivir una misión profética sin identidad carismática. Somos más carismáticos que funcionarios, más testigos que agentes pastorales. No convertir los medios en fines y olvidar el horizonte. El vitral de una catedral no es el centro, es un medio para proyectar luz en el interior y crear una atmósfera luminosa que acerque al misterio. Somos luz, no vitrales. Ser párroco, profesor, director… es un medio. El fin es ser alguien tocado por el encuentro con el Señor. Cuando los medios se convierten en fines nos acomodamos, renunciamos a crecer, buscar… y escondemos el horizonte. ¡Pero cuidado! Buscar a Dios en el templo es tarea del funcionario; siempre es más fácil. Buscar a Dios fuera del templo es propio del testigo. Tu misión… Buscarlo más allá de lo sagrado, donde viven los que lo tienen todo en contra, haciéndote el encontradizo, como Jesús con la samaritana.

Una misión profética nos lleva a sentirnos menos doctores y más discípulos, menos jueces y más testigos, menos seguros y más buscadores, menos funcionarios de lo sagrado y más comprometidos, menos jerárquicos y más serviciales, menos padres y más hermanos. La misión necesita más pastores que líderes, más hombres de Dios que gestores. La vida, más que salvadores, necesita enamorados. La misión profética nos lleva a abandonar cátedras y seguridades para entrar en dinámica de búsqueda, discipulado, humildad. Es fácil cambiar el servicio por el prestigio. El protagonismo está reñido con la humildad. Una cierta humildad nos lleva a servir la mesa de los pobres (permanece el protagonismo), sin la humildad suficiente para sentarnos a la mesa con ellos (plano de igualdad).

Misión profética y rutina pastoral entran en conflicto. ¿Somos misioneros especializados o agentes pastorales? ¿Qué buscan nuestros jóvenes en la SVD: una misión profética o simple acción pastoral? ¿Les lleva la formación a vivir la aventura evangélica de la profecía? Las Provincias también pueden caer en una mediocridad organizada, cuando nos sentimos más cómodos en tareas pastorales de suplencia. Necesitamos un discernimiento continuo para identificar tareas y presencias más acordes con nuestra misión profética, sin confundirla con cualquier tarea pastoral.

La jerarquía puede instrumentalizar a la SVD para tareas pastorales de suplencia o conservación. También los cohermanos pueden sentirse más a gusto en tareas de suplencia que en otras de frontera, más acordes con la misión profética. Es más cómodo trabajar en plataformas pastorales ya creadas que inaugurar nuevas presencias misioneras. Para lo primero basta una cierta capacidad de gestión. Para lo segundo se requiere riesgo y creatividad. En una Provincia sólo se inaugura una presencia misionera nueva si hay cohermanos dispuestos a comenzar nuevas formas de misión, y arriesgarse ante lo desconocido. Es más fácil enrolarse en caminos hechos que abrirse a nuevos. Pero no basta con enrolarnos en tareas misioneras de frontera, sin una forma de vida coherente, que apoye la misión y le dé credibilidad.

La espiritualidad de Jesús está en el gozo de vivir para otros. El evangelio te lleva a vivir descentrado de ti mismo: tu bienestar, tus cuidados, ideas, proyectos, tu horario, tu internet. También hay verbitas que pasan la vida cuidándose; muestran que quien se cuida mucho, muere más sano. Pasa de la preocupación por ti mismo al don de ti mismo. La mamá centrada en la vida del hijo… Nuestra misión: vivir centrados en los débiles. Es lo que nos hace consagrados. Lo nuestro es dar la vida, ser voluntario a tiempo completo.

El gran carisma que da sentido a la misión: la donación de la propia vida al servicio de los débiles. Una misión profética nos lleva a salir de nosotros y vivir para los demás. Hay verbitas con una ilusión admirable por vivir en fidelidad a Jesucristo y a los pobres. No les importa tanto la comodidad, el orden, cosas, títulos, vacaciones… sino un ambiente de confianza y amistad, celo apostólico, entrega a la misión. Tienen experiencia de que los pobres sostienen y alimentan nuestra fe cada día. Acogen en el corazón la Nínive de su misión y descubren que tiene algo que cautiva y duele. Otros han caído en la tentación de Jonás… No aman su misión ni aman la ciudad donde Dios los manda. Su vida no les lleva más allá de una misión light, por unos años, y sin renunciar a sí mismos. Hoy debemos armonizar autonomía de la persona, discernimiento comunitario y exigencias de la misión. Cuando entran en conflicto la realización personal y la disponibilidad para la misión, se convierte en obeso el proyecto personal a costa de la anorexia del proyecto comunitario, y en este conflicto pierde siempre la calidad de vida misionera en la SVD.

El gusto y sabor evangélico se relaciona con la entrega generosa de la propia vida a los débiles. Podemos aprender a disfrutar la misión; redundará en entusiasmo, alegría, celo apostólico. Si Jesús nos sedujo y nos cambió la vida, eso irradiará entusiasmo comunicativo. La falta de satisfacción personal se manifiesta en tristeza profunda, rutina, amargura, monotonía. Con un solo antivirus: entrega y pasión por Jesús en los pobres.

Fuente: Arnoldus Nota, mayo 2015

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